ZONA POLITEiA, Morena: caminos de ruptura.

11 de enero de 2022

César Velázquez Robles

El senador Ricardo Monreal cada vez está más lejos de morena, de López Obrador y de la posibilidad de alcanzar la candidatura presidencial rumbo a la elección de 2024. Digamos que su inserción estructural en eso que se dio en llamar “4T” es disfuncional con el proyecto político de involución o restauración autoritaria. Lo es porque si algo no se acepta en las filas del lopezobradorismo es cualquier expresión de rebeldía o de autonomía e independencia política e intelectual, De ello ha dado el senador importantes muestras que han terminado por enajenarle el apoyo de los grupos duros del morenismo, cuyo sectarismo y dogmatismo los ha llevado a acusarle cuando menos de traidor a su causa. Además, no se necesita ser muy perspicaz para advertir que el senador no tiene buena prensa entre la militancia: el respaldo que arrojan las encuestas indica que está muy lejos de los niveles de aceptación que tiene la candidata in pectore del presidente, pero también del canciller, quien aparece en el segundo lugar.

Ayer me refería a las humillantes y agraviantes formas de selección de candidatos y dirigentes en morena, que son las tómbolas y las encuestas “unidigitales”. Constituyen éstas la desnaturalización de las más elementales formas de ejercicio de la vida democrática, la confiscación de derechos de la militancia a debatir proyectos y propuestas partidistas y la entronización de formas autoritarias de conducción que prohíben en los hechos la libre circulación y confrontación de las ideas. Y todos estos vicios y defectos de la vida partidista moderna, que por cierto no son privativos de morena, se acentúan ahí porque es la fuerza que gobierna. Desmontarlos es prácticamente imposible porque impera la cultura política de la línea, el verticalismo, la ausencia de debate. Esto lo sabe cualquiera que haya militado en una organización de izquierda. Todos los vicios, todos los defectos, todos los lastres políticos e ideológicos que se arrastran, en el poder adquieren su condensación más lastimosa.

A eso se ha opuesto abiertamente el senador. Aparece así como un demócrata porque sabe y entiende que hay en morena un espacio para este posicionamiento que, sin embargo, no es suficiente para calar hondo y generar grandes rendimientos políticos. Frente a esas formas fraudulentas de vida política partidista como las que ha impuesto López Obrador, reivindicar el debate interno, la discusión y la confrontación de ideas y proyectos, hace aparecer a Monreal como portador de un liderazgo moderno, de avanzada. Este desencuentro con el presidente y con los sectores duros del morenismo, poco proclives al diálogo y a la búsqueda de acuerdos, fue uno de los primeros anuncios de una ruptura que, a estas alturas, se ve como prácticamente inevitable.

El choque de Monreal por la detención de un colaborador en el Senado con el gobernador de Veracruz, uno de los más fieles seguidores de López Obrador, ha sido otro de los momentos tensos en esta escalada de confrontación en morena. Un lenguaje endurecido de las partes que impide toda posibilidad de conciliación, da cuenta del nivel que ha alcanzado la confrontación. En este conflicto el presidente ya decidió: respalda abiertamente al gobernador, un personaje sin muchas luces pero fiel y leal al presidente. Si todavía cabía alguna duda de que se podría atemperar el choque entre el senador y el presidente, se habrá en definitiva desvanecido.

Y el remache llegó este lunes. El domingo, el diario Reforma publicó una extensa e interesante entrevista con el senador, y entre las cosas que dijo una llamó la atención del presidente. Fue su referencia a la posibilidad de que los grupos radicales de morena se apoderen del proyecto y den al traste con los propósitos de transformación que orientan y dan sentido al proyecto político. ¿Qué fue lo que dijo Monreal en la entrevista? Lo siguiente: “Los que creen que siendo más radicales pueden obtener el cargo o la posición política que anhelan, allá ellos. Se equivocan porque no va a quedar país para nadie, el aniquilamiento solo deja destrucción”. Ante la insistencia de los reporteros, fijo su posición, por supuesto, contraria a lo planteado por Monreal. He aquí sus palabras: “Somos radicales nosotros, por la palabra ‘radical’, viene de ‘raíz’, y nosotros queremos arrancar de raíz al régimen corrupto de injusticias y de privilegios, claro que somos radicales”.

La ruptura está en marcha y parece irreversible. Tanto la posición del senador como la del presidente parecen irreductibles, pese al lenguaje cuidadoso con que Monreal se refiere a su relación  histórica con López Obrador. ¿Qué tanto puede lastimar a morena esta ruptura en marcha? ¿Puede poner en riesgo el eventual triunfo de morena en la elección presidencial de 2024? Es cierto que ese horizonte temporal todavía está lejano, pero quiero adelantar un escenario nada improbable.

Monreal sale de morena. Se incorpora a Movimiento ciudadano, que lo postula como candidato a la presidencia. A esta candidatura se adhiere una parte de la militancia de morena, grupos de la sociedad civil y los activos de los tres partidos que no lograron su registro en las elecciones intermedias del pasado junio: Fuerza por México, Redes Sociales Progresistas y Partido Encuentro Solidario, que anunciaron la constitución de un nuevo partido: Fuerza Progresista Solidaria. En principio, esta coalición de fuerzas, articulada alrededor de Movimiento Ciudadano puede no tener la fuerza necesaria para ganar la presidencia, pero si impedir la conformación de una gran fuerza alternativa como lo propone el llamamiento del Frente Cívico Nacional, o la coalición de fuerzas articuladas alrededor del Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática.  En otras palabras: una ruptura como la que en morena está en curso puede no poner en riesgo la posibilidad de reeditar su triunfo, sobre todo, si la oposición va dividida a esta contienda.

Como dice Carlos Calderón Viedas: quien no especula no alcanza el cielo.

ZONA POLITEiA ¿Qué propone el Frente Cívico Nacional?

10 de enero de 2022

César Velázquez Robles

El llamamiento a construir el Frente Cívico Nacional, publicado el pasado fin de semana, expresa la inquietud y preocupación de un vasto, plural y diverso sector de la sociedad mexicana inconforme con el rumbo que está tomando el país bajo la conducción política de morena. Alerta sobre el riesgo de una involución autoritaria y convoca a construir una alternativa auténticamente democrática, producto de una reflexión y un debate responsable y maduro, que surja desde la base social, para abrir un nuevo curso a la nación, restableciendo las instituciones que el proceso de demolición de estos años ha desmantelado, y fortaleciendo aquéllas que hayan sobrevivido a sus embates.

No se trata, por supuesto, de una tarea fácil. Nuestra propia cultura política tiene mucho de sectarismo y dogmatismo. Sentar a la mesa a una multiplicidad de actores, acercar posiciones disímbolas y contradictorias, es un ejercicio de pedagogía política que requiere una enorme tolerancia y capacidad para reconocernos en nuestra diversidad. Aquí sí, en efecto, los participantes habrán de apelar al método de las aproximaciones sucesivas para fincar los consensos, acuerdos y convergencias estratégicas que conduzcan a una actuación unitaria, única posibilidad de hacer que prospere una alternativa de cambio. No hay más camino que el de la unidad, y si ésta no empieza a construirse desde ahora, sus esperanzas de triunfo en la competencia por el poder político quedarán frustradas. Puede construirse esa unidad y, sin embargo, no alcanzar sus objetivos, pero quedará ahí ese esfuerzo y esa experiencia acumulada para las luchas subsiguientes. En cambio, si esa unidad no se fragua desde ahora, el desaliento puede apoderarse de esa miríada de fuerzas que en el país están dispuestas a luchar por la democracia y las libertades plenas en nuestro país.

De ahí que la clave sea, como dice el llamamiento, la organización para dar la batalla cívica por el país, asumiendo que esa responsabilidad sobrepasa a los partidos e interpela a toda la sociedad. De esta acción colectiva impulsada desde la base social, no impuesta desde arriba ni instrumentalizada por grupos de interés, puede y debe surgir ese programa alternativo, horizontal y participativo, que recoja y exprese las demandas locales y nacionales en defensa de derechos lastimados y de resistencia frente al autoritarismo. De este amplio diálogo que debería alentarse en todo el país, podrían irse perfilando figuras provenientes de los propios partidos, de la sociedad civil o liderazgos emergentes que puedan encarnar y representar ese programa alternativo, mismos que competirían en un proceso de elecciones primarias. No serían así las humillantes tómbolas ni las encuestas “unidigitales” las que decidirían candidaturas, como ahora ocurre en un proceso brutal de degradación de la vida democrática partidista. Serían, como dice el llamamiento, producto de acuerdos muy amplios “para ir con una sola candidatura presidencial, resultante de elecciones primarias abiertas, a la disputa por una nación incluyente y democrática… Nada mejor que un abanderado elegido por los ciudadanos, enarbolando un proyecto elaborado pluralmente, para enfrentar al designado por una persona que aspira a ser el poder tras el trono.”

Este es un gran desafío al poder. En los esfuerzos de construcción de la unidad política, estructurada desde abajo, hay experiencias exitosas, las menos, y experiencias desastrosas, las más. Siempre habrá resistencias producto de una cultura sectaria, la presencia de propósitos de control, actitudes de agandalle, posiciones excluyentes. Entre las primeras está la emblemática Concertación de Partidos por la Democracia, en Chile, una poderosa alianza en la que participaron socialdemócratas, demócratas liberales, democratacristianos, socialistas, comunistas, y muchos otros grupos políticos y sociales, y que derrotaron a la dictadura de Pinochet, al tiempo que abrieron una larga etapa de estabilidad política y democrática. Entre las segundas está la tragedia de la oposición venezolana, escindida en una cantidad impresionante de corrientes políticas e ideológicas que fueron incapaces de alcanzar acuerdos y convergencias estratégicas para enfrentar el desastre del populismo chavista y luego la dictadura de Maduro, pese a la más profunda crisis en la historia del país.

En esos espejos debe empezar a verse este esfuerzo de constitución del Frente Cívico Nacional. Estas experiencias de otras latitudes y las experiencias unitarias propias desarrolladas a lo largo de años de nuestra azarosa transición, dejan lecciones que habrá que aprovechar para impedir que esta iniciativa vaya al fracaso.