La Ragazza

Con tutte le ragazze sono tremendo

Le lascio quando voglio e poi le ripendo

Rocky Roberts, Sono Tremendo, 1968

Víctor J. Pérez Montes

El movimiento de un lado a otro de los brazos del viejo Madroño, marcaba el ritmo de aquella calurosa tarde y casi inamovible, en el antiguo barrio de La Solitudine, a las afueras de aquella provinciana ciudad, que sin pensarlo, de manera lenta, pero firme, poco a poco devoraba los pocos reductos de la vida campirana de sus más antiguos habitantes.

Al final del antiguo camino vecinal, se encontraba la casucha de Antonello, uno de los más antiguos habitantes de la Solitudine. Era la típica casa de tejado terracota, ventanales de madera de encino, puertas de dos aguas, con un acabado totalmente rústico y con la chimenea humeante. El viejo horno de pan, casi derruido, no había sido usado desde la muerte de la esposa de nuestro viejo amigo.

El viejo granero, estaba cerrado desde hacía varios años. Quizá un poco más de quince años, ¡No lo sé!, lo que sí se sabe, es que desde la última visita de su único hijo, aquel almacén se había clausurado. No había más que hacer. Todo interés por producir, se había muerto junto a su esposa Constanzza. Definitivamente, aquello estaba clausurado.

Al frente de la puerta, permanece sentado sobre un banco de pino azul, nuestro longevo amigo Antonello. Con una mirada, que daba una sensación entre desesperanza y paciencia, pero sobre todo, una mirada de resignación. Los años habían llegado, y la condición de soledad no se hacía esperar.

En su mano, el viejo bordón que lo había acompañado, durante los últimos diez años, y como su sombra silenciosa, su fiel compañero Sergente, un sabueso viejo y semiciego, que llevaba un poco más de quince años viviendo en su propiedad, sin embargo, ladraba de vez en cuando, solo cuando escuchaba ruidos extraños por alguna ardilla o alguna zarigüeya, tratando de cazar alguna gallina que andaba alrededor de la propiedad.

Con mirada soñolienta y actitud casi inmutable, como si fuera una vieja estatua de jardín cívico, reflejaba el tiempo que pesaba y flagelaba, la humanidad de nuestro amigo. Los minutos y las horas parecían que de manera cruel, retrasaba la agonía en la existencia decrépita de Antonello. Aquella lentitud era cruel…muy cruel.

Sin embargo, a la distancia por el antiguo camino vecinal, se dejaba ver la sombra de una silueta, a los segundos de ser divisada, no sabía que era exactamente, pero, a medida que se acercaba aquella sombra difuminada -por el polvo y el calor- empezaba a tomar nitidez.

A medida que avanzaba y se acercaba a la casucha, la delicada y espigada figura femenina, hacía presencia en la vista de Antonello. El nombre de la joven era Mattia, la hija más joven de Luca, el molinero del pueblo. Ella salía todas las tardes a vender cagliata y formaggio, pero, esta tarde en especial, lucía diferente.

Súbitamente, y sin esperarlo, como un rayo de luz, como sí hubiera iluminado la mente, de forma inmediata nuestro amigo recordó a su esposa Constanzza. La recordó tan hermosa como en sus días de juventud. El deseo por estar con ella, y sentir el perfume natural de su cabello, empezó a penetrar profundamente en su mente.

¿Por qué aun la extrañaba tanto? Era la incógnita, que no tenía aun la respuesta. A los instantes, y como si se tratara de salir del trance existencial de ese momento, Mattia le pregunta:

-¿Compra cagliata?

Y como si fuera un reloj despertador, de inmediato respondía con inusitada vivez:

-¿Cuánto traes?

-¿Solo medio tanto?

En realidad la cagliata no era lo que interesaba. Lo que nuestro longevo amigo deseaba, era tener unos instantes de cercanía con Mattia, sus expresivos y bellos ojos y su espigada figura, daban ánimo a la aburrida existencia de Antonello.

Esos breves instantes daban una bocanada de aire fresco, a la solitaria existencia de nuestro antiguo provinciano de Teramo. Aquellos breves momentos de placer puro, avivaban ilusión muerta de nuestro protagonista.

De pronto, Sargente ladraba y Antonello abría los ojos, después de estar dormido, ¿Cuánto tiempo?, ¡Ni idea!, ¡Todo había sido un sueño! –uno de esos bellos sueños que por mucho tiempo no le habían hecho sentir de esa manera-, sin embargo, al estar recobrando la vista, a lo lejos,  aparecía misma sombra, y mientras se acercaba aún más, la figura tomaba forma. Para su sorpresa era Mattia. Ahora Antonello sabía lo que tenía que hacer y qué decir.

Una placentera sonrisa se dibujaba en el rostro de nuestro amigo. Volvía a sonreír y empezaban las ganas de vivir, como hace mucho tiempo…

ZONA POLITEiA: EL DÉFICIT DEMOCRÁTICO DE LA “REVOCACIÓN”.

12 de abril de 2022

César Velázquez Robles

Decía ayer que desde el punto de vista cualitativo, el ejercicio revocatorio no pasó la prueba del ácido de una buena práctica democrática, y que desde una perspectiva cuantitativa los resultados del conteo rápido no eran como para echar las campanas a vuelo, pues si bien fue apabullante el porcentaje de ciudadanos que votó por la ratificación del mandato de López Obrador –casi nueve de cada diez votantes—la tasa de abstencionismo se movió entre el 82 y el 83 por ciento, esto es, ocho de cada diez electores decidió no acudir a las mesas receptoras a emitir su voto. Con estos datos, impresionantes los primeros, decepcionantes los segundos, difícilmente se puede sostener la tesis de que estuvimos ante una demostración de fortaleza democrática. En ese sentido, podemos hablar de un fracaso de la consulta, aunque habría que hacer algunos matices. Aquí va uno que creo fundamental.

Los alrededor de 15 millones de votos que ratificaron la continuidad del mandato de López Obrador, aunque sean solo la mitad de los que obtuvo en la elección presidencial de 2018, constituyen en este momento su piso electoral, que claramente mostró una reducción en las elecciones intermedias de 2021, en las que coalición Juntos Hacemos Historia bajó a 17 millones, con lo que no pudo alcanzar el mínimo requerido en la cámara de diputados para impulsar por sí sola reformas constitucionales. Sin embargo, esa energía social que se expresó este domingo 10 de abril en las urnas, da cuenta precisa del estado de fuerza del obradorismo y es una excelente plataforma de lanzamiento para emprender la batalla en la perspectiva sucesoria de 2024. Consideremos, además, que la elección de 2018 fue una elección atípica –lo que se confirmó con los resultados de las intermedias tres años después–, por lo que difícilmente, ni aun en las peores condiciones políticas para la oposición, podría repetirse un triunfo aplastante como el de aquel entonces. Así, esos 15 millones del pasado domingo, constatan la capacidad competitiva del obradorismo y, por supuesto, su capacidad para retener el poder, claro, si no se activan las tendencias centrífugas que acompañarán la declinación del poder actual con las disputas y rupturas que parecen a estas alturas ya inevitables.

Este no es un supuesto producto del voluntarismo o el deseo. No hay un solo analista o comentarista que no lo considere en sus valoraciones. Es un dato real a considerar en la construcción de escenarios, y que la oposición –más bien, las oposiciones–, debe tomar en cuenta para medir sus posibilidades de competir con éxito en el 2024. Ah, aquí viene el pero: tiene que saber también cuál es su estado real de fuerza. En eso está en desventaja frente a morena. En las instituciones, en el parlamento, ha dado la batalla al poder y mal que bien ha podido frenar los excesos y arbitrariedades del poder, pero en la calle, en el espacio público abierto, no se ha calado.  Esta es una asignatura que tiene pendiente, y que debe empezar a atender para ir construyendo y tensando sus fuerzas en la perspectiva de los acontecimientos venideros. A este propósito, me parece que las oposiciones articuladas en la coalición legislativa no han sabido ni han podido responder con eficacia al poder, y están obligadas a trascender prácticas políticas anodinas y burocráticas como las que han caracterizado su quehacer en el pasado reciente.

La comodidad de las instituciones y la incomodidad de la calle

Vienen en estos días batallas cruciales. Las mismas tácticas marrulleras utilizados tanto tiempo por el PRI, serán aplicadas ahora por morena: llevar todo el proceso relacionado con la reforma eléctrica hasta el domingo para cansar a la oposición y dispersarla y así conseguir los votos que le den la mayoría calificada, es un viejo truco sacado del baúl del viejo régimen puesto en acto por el nuevo régimen. La oposición ya lo conoce, y acampará ahí para evitar un madruguete. Esta semana será, así, una guerra de posiciones.

Una vez conquistado lo que consideran un “triunfo histórico”, viene el siguiente paso en la escalada: la reforma electoral, que es una guerra abierta contra la autoridad electoral, y que busca eliminar, capturar o colonizar lo que hasta hoy ha sido uno de los pocos contrapesos que ha defendido los logros y avances democráticos de estos años difíciles y complejos de la transición democrática en nuestro país. Este será, junto al propósito de desaparecer la representación proporcional en los órganos de representación popular, el eje de las batallas políticas del porvenir. ¿Cuál será la actitud de los partidos de la oposición? ¿Se animarán finalmente a salir a la calle y defender sus propuestas y proyectos? Bueno, vamos a ver.