ZONA POLITEiA ¿Qué propone el Frente Cívico Nacional?

10 de enero de 2022

César Velázquez Robles

El llamamiento a construir el Frente Cívico Nacional, publicado el pasado fin de semana, expresa la inquietud y preocupación de un vasto, plural y diverso sector de la sociedad mexicana inconforme con el rumbo que está tomando el país bajo la conducción política de morena. Alerta sobre el riesgo de una involución autoritaria y convoca a construir una alternativa auténticamente democrática, producto de una reflexión y un debate responsable y maduro, que surja desde la base social, para abrir un nuevo curso a la nación, restableciendo las instituciones que el proceso de demolición de estos años ha desmantelado, y fortaleciendo aquéllas que hayan sobrevivido a sus embates.

No se trata, por supuesto, de una tarea fácil. Nuestra propia cultura política tiene mucho de sectarismo y dogmatismo. Sentar a la mesa a una multiplicidad de actores, acercar posiciones disímbolas y contradictorias, es un ejercicio de pedagogía política que requiere una enorme tolerancia y capacidad para reconocernos en nuestra diversidad. Aquí sí, en efecto, los participantes habrán de apelar al método de las aproximaciones sucesivas para fincar los consensos, acuerdos y convergencias estratégicas que conduzcan a una actuación unitaria, única posibilidad de hacer que prospere una alternativa de cambio. No hay más camino que el de la unidad, y si ésta no empieza a construirse desde ahora, sus esperanzas de triunfo en la competencia por el poder político quedarán frustradas. Puede construirse esa unidad y, sin embargo, no alcanzar sus objetivos, pero quedará ahí ese esfuerzo y esa experiencia acumulada para las luchas subsiguientes. En cambio, si esa unidad no se fragua desde ahora, el desaliento puede apoderarse de esa miríada de fuerzas que en el país están dispuestas a luchar por la democracia y las libertades plenas en nuestro país.

De ahí que la clave sea, como dice el llamamiento, la organización para dar la batalla cívica por el país, asumiendo que esa responsabilidad sobrepasa a los partidos e interpela a toda la sociedad. De esta acción colectiva impulsada desde la base social, no impuesta desde arriba ni instrumentalizada por grupos de interés, puede y debe surgir ese programa alternativo, horizontal y participativo, que recoja y exprese las demandas locales y nacionales en defensa de derechos lastimados y de resistencia frente al autoritarismo. De este amplio diálogo que debería alentarse en todo el país, podrían irse perfilando figuras provenientes de los propios partidos, de la sociedad civil o liderazgos emergentes que puedan encarnar y representar ese programa alternativo, mismos que competirían en un proceso de elecciones primarias. No serían así las humillantes tómbolas ni las encuestas “unidigitales” las que decidirían candidaturas, como ahora ocurre en un proceso brutal de degradación de la vida democrática partidista. Serían, como dice el llamamiento, producto de acuerdos muy amplios “para ir con una sola candidatura presidencial, resultante de elecciones primarias abiertas, a la disputa por una nación incluyente y democrática… Nada mejor que un abanderado elegido por los ciudadanos, enarbolando un proyecto elaborado pluralmente, para enfrentar al designado por una persona que aspira a ser el poder tras el trono.”

Este es un gran desafío al poder. En los esfuerzos de construcción de la unidad política, estructurada desde abajo, hay experiencias exitosas, las menos, y experiencias desastrosas, las más. Siempre habrá resistencias producto de una cultura sectaria, la presencia de propósitos de control, actitudes de agandalle, posiciones excluyentes. Entre las primeras está la emblemática Concertación de Partidos por la Democracia, en Chile, una poderosa alianza en la que participaron socialdemócratas, demócratas liberales, democratacristianos, socialistas, comunistas, y muchos otros grupos políticos y sociales, y que derrotaron a la dictadura de Pinochet, al tiempo que abrieron una larga etapa de estabilidad política y democrática. Entre las segundas está la tragedia de la oposición venezolana, escindida en una cantidad impresionante de corrientes políticas e ideológicas que fueron incapaces de alcanzar acuerdos y convergencias estratégicas para enfrentar el desastre del populismo chavista y luego la dictadura de Maduro, pese a la más profunda crisis en la historia del país.

En esos espejos debe empezar a verse este esfuerzo de constitución del Frente Cívico Nacional. Estas experiencias de otras latitudes y las experiencias unitarias propias desarrolladas a lo largo de años de nuestra azarosa transición, dejan lecciones que habrá que aprovechar para impedir que esta iniciativa vaya al fracaso. 

DOS A LA SEMANA: YA VOLVÍ.

Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com

Imaginemos un paraje desolado en lo más intrincado de lo más alto de la serranía sinaloense, se trata de un pequeño valle rodeado de las montañas más altas, es un sitio que hasta hoy no sabe lo que es recibir la pisada de un ser humano: nunca nadie ha estado ahí y es muy probable así se mantenga durante mucho tiempo más. Anoche, mientras se registraba una fuerte tormenta en ese lugar, un rayo cayó sobre un árbol cuya edad superaba los cinco siglos y le causó su total destrucción. El punto es que nadie vio el hecho, nadie se enteró de él y así se mantendrá durante los siglos venideros: nunca nadie, jamás, sabrá nada sobre ese árbol y sobre el rayo que acabó con él. Ahora viene la pregunta ¿Realmente ocurrió o no? Así la dejamos por el momento.

Dentro de 3 meses se cumplirán 2 años que aceptamos irnos a encerrar a nuestras casas durante 14 días, con la promesa de que el esfuerzo sería suficiente para resolver una crisis sanitaria global, provocada por una extensa y sospechosa cadena de negligencias entre funcionarios de diversos organismos públicos, cuya responsabilidad era evitar que eso sucediera.

Yo afirmo que estos 2 años transcurridos han sido de enorme utilidad, salvo por el hecho de que si nos remitimos al comportamiento social mayoritario, nunca hubo un solitario comensal degustando sopa en un merendero de China, así como todo lo que desencadenó ese inocente acto, universal y diario, de echarle comida al estómago vacío. Adonde quiero llegar, es a que toda la experiencia acumulada a partir de todo lo ocurrido durante estos dos años, no nos servirá de nada porque seguimos comportándonos como si nada hubiera pasado.

El relato del árbol en el párrafo inicial, es un viejo ejercicio práctico de bizantinismo muy usado durante la mítica época cuando la educación básica daba importancia a la filosofía, se usaba para que los estudiantes abordaran por primera vez las discrepancias entre una realidad, sostenida por un conjunto de leyes naturales indiscutibles, frente a una construcción artificiosa nuestra que pretende someterlas a una vaga noción superior de justicia a la que solemos referirnos como la verdad.

Ese árbol anónimo y en un descuido inexistente, seguirá apareciendo en este balance que pretendo hacer de lo ocurrido en el campo de la pandemia hasta hoy, pues a pesar del mal manejo estadístico, informativo, etc. sí hay algunos elementos que son reales y nos atañen en particular a los sinaloenses y frente a los cuales, para variar, aplicamos el mismo tratamiento que damos a los árboles abatidos por rayos en lugares que nadie conoce, como por ejemplo el sepulcral y generalizado silencio frente al hecho duro y grave de que, a nivel mundial, México es el país que presenta los peores resultados respecto al manejo de la pandemia, pero después de eso ya nadie recalca que en el peor país del mundo, de sus 32 entidades que lo componen la que ha tenido el peor desempeño es Sinaloa, pero después de eso… de los 18 municipios que lo componen Culiacán ha sido el peor de todos.

Pero nada de eso tiene importancia, porque nada de eso existe, porque nada de eso le importa a ningún sinaloense. Bueno, a mí me importa y resulta que ya volví.