DOS A LA SEMANA: LUIS ENRIQUE RAMÍREZ.

Jorge Eduardo Aragón Campos

Ni modo, yo no puedo decir que fui amigo de Luis Enrique Ramírez; conocidos, sí; colegas, también; hasta donde sé y recuerdo, nos veíamos bien y jamás nos mostramos los dientes; pasa que siempre “militamos” en clicas distintas cuyas orbitas nunca se entrecruzaron, un fenómeno que deja de ser raro conforme las ciudades van creciendo. A donde quiero llegar es a que no conozco a su familia, por lo que de antemano pido una disculpa si este artículo contiene expresiones que no sean de su agrado.

Un mundo feliz, es una novela publicada en 1932 por el escritor británico Aldous Huxley, en la cual nos muestra un mundo donde la guerra y la pobreza han sido superadas, reinando el bienestar y la paz, siendo todos permanentemente felices a pesar de haber eliminado ciertos rasgos que hoy para nosotros son esenciales, como la familia, la religión, la diversidad, la ciencia, etc. Es una ecología de permanente satisfacción personal, lograda a través del conductismo pavloviano, la manipulación genética, etc. se trata de una distopía donde cada ser humano es prácticamente un robot, programado para cumplir una sola tarea durante toda su vida (cambiar una llanta, por ejemplo), y desprovisto de cualquier tipo de emoción compleja pues el orgasmo es el único placer que puede experimentar. Entre otras cosas, allí no existe la inconformidad porque no existe la mentira: nadie tiene nada que ocultar porque nadie tiene nada que decir.

George Orwell publica, 16 años después en su novela 1984, otra distopía ubicada en el extremo contrario al de Un mundo feliz: aquí, la humanidad es esclavizada mediante la privación del placer, de la empatía, etc. El ansia derivada de semejante vida de frustraciones, es canalizada mediante la manipulación informativa y aprovechada para sostener las dictaduras que dominan todo el planeta.

Lo que estos dos autores nos señalan, es que las distopías no son otra cosa que las utopías sobre dosificadas. Otro producto al que habrá que ponerle la etiqueta de “Evite el exceso”. Lo de invertir las recetas por equivocación o por lo que sea, mejor ni mencionarlo…

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/raymundo-riva-palacio/narcoperiodistas-ii/

Las demandas por justicia en el asesinato de Luis Enrique no se han hecho esperar, este escrito no está hecho para sumarme a ellas, sino por el contrario: para deslindarme. No puedo demandar para nadie lo que no estoy dispuesto a aceptar para mí. Para lo que son hoy Culiacán, Sinaloa y prácticamente todo México, el asesinato del periodista no tiene nada de extraordinario, puede ocurrirle a cualquiera pero en este caso la víctima está en situación de desventaja precisamente por ser periodista: no es porque lo hayan asesinado que cundieron la “indignación” y las “exigencias por justicia”. Que aquí en Sinaloa nos conste, desde el asesinato de Roberto Martínez Montenegro en 1978, a la justicia se llega por medio de una investigación, que nutre una conferencia de prensa donde se ventilan las intimidades de la víctima.

44 años después, el reciente caso de Debhani Escobar en Nuevo León, me basta para afirmar que ese problema no se atendió y se extendió a todo el país. Al mundo no. El 28 de febrero de 1986, Olof Palme, primer ministro de Suecia, fue asesinado a tiros por la espalda cuando salía de un cine en el centro de Estocolmo, en compañía únicamente de su esposa: no llevaba guardaespaldas, esa noche no había ningún tipo de protección policial a su alrededor. Tres años después, los medios de comunicación suecos dan a conocer al pueblo de Suecia información que todos desconocían: se trató de un asesino solitario; fue detenido la misma noche en el teatro de los hechos; había sido sometido a juicio y se le acababa de declarar culpable; el juez lo condenó a cumplir condena. Por último, el nombre del asesino es fulano de tal. Aquí en cambio, a Debhani Escobar ya le sacaron que era aprendiz de piruja cara que atendía narcojunior´s; eso para empezar, porque si el caso se prolonga, qué tardan en revelar que su desayuno era un licuado hecho con una pieza de bebé y dos cucharadas de chocomil. Hace 22 años, Justo a la mitad entre Martínez y Escobar, la desaparición y muerte sospechosa de Paulette Gebara Farah, extraviada de su recámara el 22 de marzo de 2010, presenta el mismo patrón: a su mamá la balconearon con sus supuestas infidelidades.

Soy periodista al igual que Luis Enrique Ramírez, la diferencia está en que él sí expresó en algún momento temores de ser asesinado por lo que publicaba, mientras que yo no. También padezco el temor de ser asesinado, pero me viene del hecho de ser mexicano y vivir en México. No tengo el privilegio de ser raso en el ejército ucraniano. Es inevitable la tentación de hacer mención especial a la conducta del actual gobierno, con sus expresiones hipócritas hacia el gremio de los chayoteros, donde sólo tienen nombre propio los que ya murieron, pero ni es novedad ni es lo más grave, sino los 15 millones de adeptos a esas propuestas; porque ni son ideas, ni son palabras al viento: son propuestas y están siendo aceptadas y adoptadas por la sociedad mexicana no desde hace tres años. Concluyendo: en el asesinato de Luis Enrique Ramírez, yo sólo pido que todos los que en este momento sufren por esa pérdida, cursen su dolor en santa paz hasta que encuentren pronta resignación. En lo que a mí se refiere, para ninguna familia es fácil enfrentar la muerte de uno de sus miembros, mucho menos cuando la causa es asesinato; si llegase a ocurrir conmigo y a usted lo enternecen mis deudos… ayúdeles con mis deudas y déjese de reclamos por justicia y pendejadas de esas: si les amanece la noticia de que aparecí en lo profundo de un barranco, estrenando veinte puñaladas y seis balazos, no se extrañen, que así acostumbró bajarme a escupir y los cortes y plomazos son porque a mí así me gusta suicidarme ¿Qué esperaban? ¡Soy melodramático y teatral! Me debo a mi público. Ya no me pertenezco.

https://www.youtube.com/watch?v=GL65gHQsvgI

Sobre los dos autores y sus novelas, si usted aún no encuentra relación con el resto o inclusive en caso contrario, le comparto dos hechos que todos conocemos: la premisa de las prisiones es el aislamiento de los indeseables por inconvenientes, es decir apartar a los elementos nocivos del resto bueno de la sociedad, para que todos podamos vivir tranquilos en un ambiente de orden y tranquilidad. Aquí desde hace mucho se hace al revés: la parte sana de la sociedad es la que por voluntad propia se pone tras las rejas… sin que hasta la fecha se obtengan resultados. También, en empresas y oficinas de los 3 niveles de gobierno, cada vez son más comunes los sistemas de circuito cerrado de video, una práctica que crece bajo el argumento de ser una herramienta para obtener mejor seguridad para los edificios, personal que labora en ellos, etc. Sin embargo, de la misma manera que crece su uso, también crecen los casos donde se usan lisa y llanamente para espiar a los empleados para reprimirlos en lo laboral, así como cualquier cantidad de otros abusos.

Si hiciéramos una encuesta, creo que nadie se atrevería a afirmar que vive en una utopía, a la vez que nadie aceptaría estarlo haciendo en una distopía ¿Dónde viven entonces?