VOLVER A LAS ARMAS
Jorge Aragón Campos
Es a partir del gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988. Sí, hace treinta años exactos), que la orientación del Estado en México cambió de rumbo, del nacionalismo revolucionario hacia el neoliberalismo. Desde entonces, ha privado la idea de que mientras menos Estado y más mercado, mejor y de esto ya llevamos más de un cuarto de siglo, por lo que no nos debe extrañar el encontrarnos inmersos en plena temporada de cosecha de resultados.
Pues sí, décadas de capitalismo salvaje han desembocado en un mercado despiadado y un Estado fallido, donde la población se levanta cada día a enfrentar su circunstancia bajo la premisa del sálvese quién pueda. Los mexicanos ya no tenemos instituciones que velen por nosotros, al ir cediendo el gobierno potestades propias de su naturaleza profunda, es decir aquellas que le dan sentido y sustancia. ¿Quiere usted que sus hijos reciban educación bajo las condiciones mínimas necesarias? Pues éntrele con las cuotas, porque en caso contrario se deberá olvidar de aire acondicionado, techos impermeabilizados, energía eléctrica, pintura, etc. ¿Algún problema de salud? Prepárese para cubrir el costo de materiales de quirófano, medicamentos especializados… y eso solo en caso de que logre ser programado para ser atendido. La lista es larga, resulta ocioso extenderse con verdades que ya están bien socializadas por la vía de una experiencia cotidiana, sufrida por millones de mexicanos.
Eso sí, vale la pena resaltar que hemos llegado ya a la última frontera, la de la seguridad. Usted debe estar enterado: alcaldes del sur de Sinaloa, proponen armar a los ciudadanos para que puedan defenderse ellos mismos. Claro, todo mundo, salvo los directamente afectados, se manifestó en contra. Y es que es harto sencillo responder con ideales a problemas reales, de ahí suponer como un exceso la propuesta pues “es obligación del gobierno brindar seguridad, y se le debe reclamar por su incumplimiento”. Haberlo sabido antes.
En algo coinciden todos los teóricos del Estado: su piedra angular es el monopolio de la violencia. En la medida en que otros actores puedan imponer su ley por la fuerza, el carácter de fallido se va extendiendo. Eso es todo, así de simple y de terrible. No se trata de teorizar sobre quién, qué o cómo nos debe garantizar nuestra seguridad como ciudadanos que somos, porque tal cosa no existe. El punto es que usted y yo estamos solos, abandonados a nuestra suerte, y la pregunta que debemos hacernos es: ¿cuando sea necesario, hasta dónde estamos dispuestos a defendernos nosotros mismos? Lo otra opción sería comportarse como oveja rumbo al matadero. También se vale.