DOS A LA SEMANA: A MÍ PÉGAME! O MÁTAME! …PERO A LOS NIÑOS NO LES HAGAS NADA!

Jorge Eduardo Aragón Campos

Antes que nada, es menester devolverle la honra al joven Jesús Ernesto López Gutiérrez –chocoflán-, con respecto a un video que hace poco tiempo circuló en redes sociales, donde se le ve en el despacho presidencial fumando de lo que pudiera ser una pipa de ampolla, de las que se usan para consumir cristal; que yo sepa no existe una droga que engorde (salvo el pollo del piochas), pero en especial el cristal tiene fama de que sus consumidores se chupan; según yo, chupado… aunque sea tantito chupado… no se ve. Hágase constar, en descargo de él y para los fines que considere pertinentes.

Yéndonos a lo otro, no cabe duda que al presidente se le acabó la buena suerte, pues lo que en verdad ocurrió fue que se le cayó otro de sus candidatos secretos: Jesús Ernesto López Gutiérrez no tiene 15 años, está por cumplir los 16, o lo que es lo mismo tendrá 18 cumplidos dentro del periodo legal para registrarse como candidato en el 2024; el problema fue otra vez las filtraciones desde dentro del morenismo, concretamente se señala a Sheinbaum como responsable de una jugada de varias bandas para descarrilar a Ebrard, pero le salió mal; por si esto suena descabellado, sepa usted que el origen de la maniobra de Claudia se produjo de igual manera: uno de sus equipos de seguimiento, detectó que ya estaba hecha la nueva gran campaña federal para la promoción de la pobreza franciscana, con la imagen del chocoflán comiendo brócoli en lugar de pastel.

Por supuesto que es puro sarcasmo.

Salvo Adolfo Ruíz Cortínez (y quién sabe), todos los presidentes mexicanos han cometido el mismo error porque todos han padecido de lo mismo: pequeñez; pequeñez como hombres de Estado; pequeñez como hombres públicos; pequeñez como hombres a secas. Se engolosinaron con la facultad que el poder le concede a quien logra poseerlo: la capacidad para poner al mundo en movimiento con un simple gesto de la mano. Pero eso cualquiera, la verdadera gracia está en poder detenerlo. Y frente a eso se estrellaron todos. Si hay algún presidente que ha sido descomunal en lo referente a esa falla, sin duda es… Luis Echeverría Álvarez. No, no es López Obrador; no tiene gracia ni para eso.

Si nos ponemos rigurosos, debemos reconocer que aquí no ha habido ninguna novedad, sólo se trata de otra lastimosa expresión hecha por el sociópata con cargo presidencial (YSQ). Jesús Ernesto López Gutiérrez, es un adolescente y debe tener muchos de los problemas propios de esa etapa de la vida, pero creo que ahorita el principal es el padre que tiene. Si el presidente tuviera en algún lugar de su ronco pecho, rastros de empatía y unas pocas emanaciones de respeto por los demás, tal vez pudieran ser suficientes como para despertarle un poco de responsabilidad filial y cumplir con su tarea como padre, que en este caso reclama sentarse con su criatura y con un especialista en obesidad para hacer lo que se tenga que hacer, si se tratara de un verdadero problema de salud; esa parte es la sencilla y es privada y es cosa de ellos; la otra, la que no hizo y que lo evidenció con su reclamo de “Con los niños no…” es que habiendo convertido él mismo al espacio público en un verdadero terreno minado para el muchacho, en lugar de mantenerlo a prudente distancia fue y lo metió y ahora se horroriza porque le explotó en un pie. Habrá que reconocerle al menos su éxito en obtener un nuevo adjetivo denostativo: padre fodongo.

Deja un comentario