¡QUÉ TIENEN QUE VER EL AIFA Y 1491!

DOS A LA SEMANA

Jorge Eduardo Aragón Campos

Lo más trascendente del tema AIFA es que las posturas se reducen a favor de Santa Lucía o a favor de Texcoco; por si no bastara, la discusión ha derivado hasta convertirse en un referéndum sobre lo que entendemos como modernidad. Lo más increíble es que si vamos al fondo de las cosas, lo que en verdad refleja el AIFA es nuestra firme decisión de seguir anclados en el año 1491.

Sí: 1491.

En septiembre del año 1985, la CDMX fue asolada por  “el terremoto”, una categoría donde no hay segundos lugares: hasta esa fecha, cuando alguien decía “el terremoto”, se refería al que provocara la caída del Ángel de la Independencia, con una intensidad de 7.8 ER, el 28 de julio del año 1957, dejando un saldo aproximado de 700 muertos y 2500 heridos. El de 1985 fue de 8.1, sólo tres décimas, que a las primeras nos parecerán poca cosa, pero la escala de Richter es exponencial y ya en ese punto, tres décimas no son poca cosa, de ninguna manera. Sin embargo, lo primero que brinco fue que ni aun así se justificaba la magnitud de los daños y eso reclamaba una explicación. Lo que encontraron los especialistas fue una laberíntica trama donde confluían tiempo (varios siglos), usos y costumbres, corruptelas, negligencias, etc. es una lección que perdura hoy, casi 40 años después.

Perdura porque no se ha hecho nada que remedie nada. Ojo: el telurismo es un tema de sumo interés para todos los países, fue por ello que los estudios y todo lo demás no lo hicieron los mexicanos, sino potencias científicas globales. Eso es cuando te cae como anillo al dedo; cuando te caga un pájaro la expresión que se debe usar es otra.

Y entonces… soltaron la bomba!

En aquellas fechas, la población de todo el Valle de México apenas superaba los 10 millones, los especialistas nos alertaron para un abordaje urgente que revirtiera la tendencia al crecimiento de esa región pues, por sus características primeras y más básicas, sólo podría soportar como máximo 20 millones de habitantes. La CDMX tiene hoy 30 millones, un 50% más del máximo permitido. Imagine la siguiente escena: en el piso 40 del edificio, se abre el ascensor para que usted aborde pero luce muy concurrido aunque sí queda un espacio razonable, una suma rápida le dice que son doce personas las que ya están y en la pared del fondo se puede leer “cupo máximo 8 personas”; la pregunta es ¿Usted se sube o espera al siguiente? La pregunta es sólo retórica ¡Claro que se sube!

“¡Qué madre!¡Pos si yo trabajo y mi tiempo vale! ¡aparte… hay cuatro que se treparon antes que yo! ¡Además eso es prueba de questa madrestá bien sobrada! ¡Si no… sdecuando se hubiera barrido pabajo a la verga!” Doy por sentado que estamos entre culichis y culichas.

Desde entonces, quedó bien establecido que por las particularidades orográficas del valle, entre las primeras acciones estaba suspender el crecimiento de la infraestructura dedicada a carga y abasto, al ser de los principales estimulantes para el crecimiento de las urbes, es decir terminales de carga para ferrocarriles, transporte carretero y aeropuertos.

Le seguimos en la siguiente, porque todavía no sale a escena el año 1491. No se me olvidó.

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