PALCO PREMIER

Jorge Luis Telles Salazar

 

Por si le sirve de consuelo: yo me siento igual que usted.

Quizás hasta un poquito peor, por mi cercanía, de años, con la gente operativa del club Tomateros de Culiacán e incluso, hasta con sus más altos directivos; entre ellos, el propio presidente, Juan Manuel Ley López.

La eliminación de Tomateros de Culiacán en semifinales, como ha sucedido desde 2007 hasta la fecha – excepto la campaña 2008-2009 en la que ni tan siquiera calificamos a la postemporada – ha causado una nueva y profunda desilusión entre los aficionados de casa, seguramente mayor porque ahora ni tan siquiera logramos pasar del quinto partido, víctimas, nuevamente, de la maldición que suele caer sobre el que suele ser el mejor equipo del calendario regular.

Y ésta decepción,  sin duda, es mayor porque, por la manera en que Tomateros jugó durante toda la temporada, todos dábamos como un hecho que, cuando menos, estaríamos en la serie final y hasta con el derecho de abrirla en casa, situación que no deja de ser una ventaja; relativa, si quiere usted; pero ventaja al fin.

Avanzar a la gran final representaría destrabar, por fin, el camino del equipo guinda, atorado en semifinales, en seis de las últimas nueve temporadas – incluida la actual – situación que ya representa la segunda sequía más larga en la historia de la franquicia, que no deja de ser sumamente brillante a pesar de los hechos recientes. El último título, usted lo recuerda, se ganó en 2004 y de ahí para adelante ni tan siquiera una final.

Solo semifinales.

Para ilustrar el dato, déjeme recordarle que en 2005, Venados de Mazatlán nos echó fuera en siete partidos; en 2007, fue otra vez Mazatlán, quien nos ganó en siete; en 2008, Yaquis de Obregón, en siete; en 2010, Naranjeros de Hermosillo, en cuatro; en 2011, Algodoneros de Guasave, en seis; en 2012, Algodoneros, en seis y ahora, en 2013, Yaquis de Obregón, en cinco. En 2006, para ampliarle la información, Mayos de Navojoa nos superó en cinco juegos, pero en repesca y en 2009 no estuvimos en los “pley offs”.

Está claro, ni tan siquiera dimos ante los Yaquis la batalla esperada. La estadística es obvia: fueron los peores Tomateros de los últimos tres años, circunscritos únicamente a lo que han sido las semifinales. Y algo más doloroso todavía: de ser los mejores en el rol oficial, hemos caído, en esta instancia, ante el equipo resultante del esquema conocido como mejor perdedor : Algodoneros en 2011 y 2012 y ahora Yaquis, que sucumbió en la repesca, precisamente, ante Guasave.

En estas últimas tres campañas, nos ha tocado contra el mejor perdedor, precisamente por las ubicación de Tomateros en el rol regular, equipo que, dejemos subrayarlo, no ha tenido, en este lapso, ningún contratiempo para solventar el obstáculo de la repesca y caminar a semifinales; pero ya en esta instancia, algo ha sucedido, que el equipo, en su conjunto, se viene abajo de manera estrepitosa, incluidos aquellos que fueron sus mejores elementos durante la temporada oficial.

En esta semifinal, contra los Yaquis, las cosas fueron peores todavía, en una mezcla en la que a la baja de juego se sumaron, lamentablemente, decisiones arbitrales garrafales; acuerdos de mando equivocados y la clásica negación del beisbol al equipo, de manera inversamente proporcional a los beneficios para el contrario. Eso que este deporte da y quita es una realidad inocultable. Y cuando quita, el asunto es terrible. Ni con un decreto de Obama.

¿Cómo explicarlo?

Tomateros arrasó durante todo el torneo y cuando este concluyó se ubicó seis juegos y medio arriba de Yaquis de Obregón, en la tabla de posiciones general. Yaquis finalizó empatado con Algodoneros de Guasave en el segundo lugar. Por lógica, con ese acomodo, Culiacán acaparó los 16 puntos de ambas vueltas y esto le proporcionó ventajas teóricas para las fases siguientes de la competencia. La superioridad guinda fue evidente y un justificado motivo de orgullo para los seguidores.

Ya en la repesca, Culiacán borró del mapa a un plantel tan duro como Naranjeros de Hermosillo y todos duplicamos la apuesta a favor de los Tomateros para disputar, ya de fregados, la gran final de la agonizante campaña de la Liga Mexicana del Pacífico. Saldríamos adelante en semifinales, sin importar quien viniera por delante. Pensamos.

Y nos tocaron los Yaquis de Obregón, bicampeones y en camino a lo que nadie ha logrado en la historia del circuito invernal: un tricampeonato.

Y la historia de los últimos años se repitió de manera inexorable.

Perder el primer partido en una serie de “pley offs”, cuando se inicia en casa, es un muy mal síntoma, así se gane el segundo, como sucedió. Externamos nuestros temores por la situación, cosa que nos refutaron ante el excelente nivel de juego de Tomateros, todavía en los dos primeros encuentros aquí e incluso el tercero, en el estadio “Tomás Oroz Gaytán” de Cajeme, la Vieja.

Por aceptado el bajo promedio de Tomateros en bateo, cosa compensada por su ofensiva de largo alcance. Por descontado, en el mismo tenor, lo sólido del pitcheo guinda, herramienta con la que Lino Rivera ganaría allá, por lo menos, el encuentro necesario para obligar el regreso de la serie al “Angel Flores”.

Y las cosas se dieron; pero en contra.

Andrés Iván Meza y Francisco Campos tuvieron la peor de todas sus salidas en años, de tal modo que la delantera tomada por Obregón en los primeros episodios resultó inalcanzable para la ofensiva de Culiacán. Y la cereza del agrio pastel vino con otra titubeante actuación de Alejandro Armenta, sumada al papel de los integrantes del “bull pen”, trepados en el avión guinda en caída libre hacia el ridículo. Del bateo, ni hablar. Con algunas exepciones, los grandes bateadores, en calidad de “abanicos”, tirándole a la pelota hasta cuando el pitcher adversario reviraba para primera.

Todo un desastre, salpicado por aberrantes decisiones de los señores de azul. ¿Qué no fueron deliberadas? A lo mejor no, efectivamente; pero lo aberrantes no se lo quita nadie.

De esto, la directiva guinda es la menos culpable.

Debemos estar de acuerdo en ello.

Con Juan Manuel Ley al frente de un consistente equipo técnico, administrativo y operativo, Tomateros de Culiacán volvió a armar un gran equipo, como lo refleja la permanencia de la mayoría de los extranjeros, del propio manager Lino Rivera y sus asistentes y como lo demuestran ¡caramba! los números en el rol regular. Como en los últimos tres años, todo estaba dispuesto para alcanzar, al fin, el décimo campeonato para la franquicia.

¿Culpables directos? A nuestro juicio no los hay; pero si algunas decisiones equivocadas, tomadas tanto durante la campaña, como al final y al arranque de los “pley offs”.

Hablar de esto, a toro pasado, es cómodo y hasta cobarde, porque las criticas deben hacerse en su momento y no cuando se hace frente a los resultados de los malos acuerdos; pero si se vale buscar las causas, aunque estas ya no tengan remedio. Quizás por ahora no; pero si para futuras temporadas.

Veamos:

A diferencia de hace un año, cuando los refuerzos fueron una nulidad, ahora si le funcionaron a Culiacán, tanto Sandy Madera como Karim García y ahí están los números que lo corroboran. Sin embargo, el excluir a Amauri Sanit de la rotación de abridores para darle trabajo como cerrador fue una gran torpeza. Si hacía falta un cerrador, había que buscarlo entre los refuerzos disponibles para el primer “pley off”, sin sacrificar a Sanit, bajo el argumento de las malas actuaciones de Hasan Pena en la parte final del calendario regular.

Sanit, usted lo sabe, no fue el pitcher campeón en efectividad porque le faltó una miserable entrada lanzada para cubrir el mínimo de innings requeridos por la Liga; pero usted, y yo, sabemos que él fue el verdadero monarca en el departamento. Y algo más, su marca en carreras limpias siempre estuvo apenas arriba de 1. 00 y si de repente se disparó por encima de 2. 00, fue por una mala salida, en la que inexplicablemente fue sostenido por el manager Lino Rivera, no obstante que esto afectaría sus números individuales.

Si Sanit hizo todo esto como abridor, ahí debió haber seguido. E iniciar, incluso, tanto el primer partido de la “repesca” como el de las semifinales.

Al cubano, em pero, le asignaron el cargo de cerrador y así le fue: en el primer encuentro, por ejemplo, abrió la novena entrada (con una carrera de ventaja) e inició con golpe para Carlos Valencia, jugador que anotó la del empate, para llevar el cotejo a entradas extras y perder en la número 12. En el tercero, un “wild” suyo propició lo que fue, a l final, la carrera de la diferencia para los Yaquis y del quinto, ya mejor ni hablamos.

Del mismo modo, sostener a Cory Aldridge como cuarto, tenía cierta justificación, por sus números durante el calendario regular; pero ¿por qué insistir en mantener a Ricardo Serrano en la caja de bateo, quien dejó, por cierto, cualquier cantidad de gente en las bases?¿Por qué John Lindsey, cuya contratación jamás terminamos de entenderla, menos cuando se dio en momentos en los que Tomateros ganaba y ganaba y era inoportuno cualquier movimiento, con cualquiera de los jugadores en el line up?

En fin.

Solo observaciones. A “toro pasado”, insistimos. Quizás por esto pierdan su valor; pero se vale, si de esculcar en los posibles yerros se trata.

=0=

A manera de colofón.

Esto ya terminó. Yaquis de Obregón es, sin duda, un gran equipo y hay que desearle la mejor de las suertes, más allá de lo que nos ha dolido la manera en que eliminaron a los Tomateros de Culiacán. Merecen la hazaña del tricampeonato y a lo mejor hasta el campeonato en la Serie del Caribe Hermosillo 2013.

Suerte para los Algodoneros de Guasave, equipo de Sinaloa, con dos finales consecutivas y en camino a una tercera. Son de Sinaloa, vecinos de Culiacán y le deseamos lo mejor.

Y a esperar, ahora, largos nueve meses, que se van pronto al fin y al cabo.

En octubre esto ya quedará olvidado y si es en un nuevo estadio, mejor. Octubre traerá, para los aficionados, nuevas ilusiones y esperanzas renovadas.

Ya nos fuimos.

Dios los bendiga.