TRES A LA SEMANA: SEGURIDAD FRENTE A CULTURA ¿CUÁL ESTÁ PEOR?
TERCERA DE CULTURA Y MILITARIZACIÓN, VIDAS PARALELAS
Jorge Eduardo Aragón Campos
Quien se beneficia de un crimen se vuelve cómplice, así no haya participado ni metido las manos; eso y no otra cosa es lo que les pasó a los de cultura municipal frente al desaguisado provocado por expresiones culturales sinceras, reales y explicables, relacionadas con el narco, durante un evento pedorro (eso también hay que decirlo; así) cuya única relación con lo que se supone deben ser las fiestas de aniversario de la capital, fue la aportación de “una corta” para compartir el mérito de los que hicieron la chamba. Esta es la parte buena.
Nadie tiene cara como para plantar cara, esa es la verdad con respecto a este asunto. Si los de cultura municipal hubieran tenido cierta noción de integridad y de oportunidad política (además de hombría), se habrían puesto de parte del artista en defensa de su derecho como creador, de su libertad de expresión y del conjunto de garantías individuales que a él, a usted y a mí, nos facultan para cantarle bonito a quien nos dé nuestra rechingada gana (perdón por mi francés). Esa era la oportunidad para echar luz sobre el elefante en la sala: con este ya son por lo menos tres sexenios de asfixia presupuestal paulatina a la cultura, hasta llegar al punto de prácticamente cero donde estamos hoy. Lo que se está haciendo en cultura (no nada más ahí) es taparle el ojo al macho, lo cual tampoco es pecado pero sí tiene su ciencia. Bronca de ellos.
La bronca que sí es nuestra, es esa costumbrita de cambiar oro por espejuelos; lo que hubo fue un acto de censura con el pretexto de que se hacía “apología de la violencia” ¡Órale! ¿Y con la letra de cuál canción de Juan Gabriel vamos a sustituir la del Himno Nacional? Aunque pensándola con calma…
Mexicanos al grito de
¡Vamos al Noa Noa! ¡Noa Noa!
¡Y retiemble en sus centros!
“Una guirnalda de buganvilias…”
¿Con toda honestidad, en verdad alguien se traga ese cuento de que toda esta situación es porque les aplaudimos a los que andan en el desmadre? ¿Neta? ¡No mamen! Recapitulemos un poco ¿De qué se trata todo esto? Se trata de que con el beneplácito de quienes integran el propio sector, al arte se le echó a cuestas parte de las funciones que corresponden a los cuerpos de seguridad, todo en aras de lograr mayor presupuesto, porque para la federación, exceptuando el salinato, desde 1982 para acá la cultura ha sido el equivalente a una verruga a la altura del cuello de la camisa; siendo muy francos, así ocurre también a nivel estatal, municipal… familiar… personal. Aunque debo reconocerlo, cada día crece el número de quienes le conceden la suficiente importancia como para acordarse de ella cada que tienen algún reclamo contra expresiones artísticas que les molestan. No hay nada que la censura no pueda empeorar; no hay nada que la censura pueda mejorar. No existe una apología de la violencia como la que proclama la autoridad, lo que sí existe es una impunidad bárbara y monstruosa y una atmósfera de absoluto desamparo ciudadano, cuya explicación sólo puede ser una: el gobierno –y solamente el gobierno- no hace su trabajo y punto. Todas esas ridiculeces de la “actitud social” o de “la irresponsabilidad colectiva”, no son más que coartadas para escurrir el bulto con el cumplimiento de la más elemental de sus obligaciones y encima sacan raja, como lo acaba de hacer el gobernador de Sonora al imponer una ley mordaza, que le servirá para defenderse de quienes, por decir lo menos, ni son sus enemigos ni son sus cómplices.
Dijera un ya finado amigo mío: respuestas perversas a problemas reales.