Al menos sorpresa ya no lo es. La andanada contra el presidente del CDE del PRI desconcertó a muchos, al menos a aquellos que consideran imposible provocar cambios en la capital del país, a través de periodicazos en la capital del Estado. Bajo esa óptica tienen razón, pero evidentemente el asunto no anda por ahí.
Para encontrar el sentido de lo que ocurrió (y de lo que ocurrirá), debemos remitirnos a la experiencia del 2010. La derrota del PRI en la contienda por la gubernatura, se construyó en un principio mediante el enrarecimiento mediático del ambiente; si la política es antes que nada percepción, en aquel entonces haber creado la sensación de que era factible una derrota del PRI no fue poca cosa. Hoy se busca construir un escenario similar.
Cualquier general sabe que cuando el enemigo expone un flanco, es la oportunidad para cambiar el curso de una batalla. El discurso del presidente nacional del PRI, durante su última visita a la entidad, fue eso: cambió la percepción que existía en torno a la relación Peña Nieto-MALOVA.
La clase política local, ha sabido interpretar bien esos mensajes y los está aprovechando para acrecentar su fuerza. Cuando el discurso aquel de “la fidelidad se premia”, quedó la convicción de que el nuevo gobierno federal venía a acorralar su similar estatal, pero lo que vino después ha generado dudas y en política con eso basta.
En este momento, existe ya una opinión generalizada de que si bien el gobernador no podrá imponer candidatos ni delegados, sí al menos tendrá derecho de veto. Si comparamos esto con la certeza que se tenía en diciembre de que ni siquiera comisarios rurales le dejarían poner, el gobierno estatal ha logrado un importante avance, y si tomamos en cuenta el tiempo que aún falta, no deja de ser factible una voltereta al marcador.
Es de suponer que la estrategia del 2010, ahora corregida y aumentada, continúe, lo cual permite anticipar episodios más virulentos al que acaba de ocurrir contra Jesús Burgos. El hecho duro y real, es que un bando ha logrado demostrar ya más fuerza de la que le concedían, mientras el otro se ha visto más débil de lo que se pensaba. Nada mal. Para que tomen nota aquellos que insisten en no darle mayor importancia a la comunicación política.