
En el ámbito nacional han estado muy preocupados en esa ocurrencia llamada reforma judicial, elucubrada por el peor invento chilango, después de las tortas de tamal, el Peje. Y en Culiacán van tres días que demuestran que preocuparse por lo que se escriba en la ley en México es lo mismo que preocuparse por el crecimiento del pasto en las campiñas escocesas, un ejercicio ocioso para mentes extraviadas o delirantes legislativos.
Una de las actividades más nocivas para cualquier persona es estar pendiente de lo que hace el gobierno porque estas no guardan ninguna correlación con la realidad y se convierten en tiempo e intelecto vaciados en un agujero negro. El ejercicio oligofrénico (me permito el arcaísmo) de las instituciones públicas demuestran una disociación en grado esquizoide entre toda la estructura, tres días ha mandado la autoridad Ejecutiva a clases presenciales y tres días han sido que las escuelas, incluyendo las públicas, privadas y autónomas, determinan que no hay condiciones para realizarlas y operan en sentido contrario.
Y no para ahí, lo mismo hacen los servicios sanitarios municipales, los de la Comisión Federal de Electricidad y la burocracia en general, los cuales suspendieron la atención a la ciudadanía al considerar que sus trabajadores corrían riesgo. La cabeza dice una cosa y el cuerpo hace otra. Así tres veces seguidas, cual negación de Cristo, si se quiere poner bíblico.
Por el lado de los que fuimos recluidos por no haber condiciones para la libre circulación en nuestro territorio, hemos sido víctimas de un episodio orwelliano que sustituyó marcianos por una fauna local de punteros, alucines y sicarios, así también, la radio fue sustituida por teléfonos celulares, algunos hasta inteligentes, que recibían un número incontable de textos, vídeos, fotos y audios que entretejían una trama terrorífica por indescifrable e igual de escatológica.
Breve Entremés Dramático
Ciudad de Culiacán, tres días indeterminados de un septiembre que no existió al mismo tiempo ni en las mismas circunstancias para todos, hay y no hay luz. (eso sí, un chingo de calor).
Gobierno: (Un tipo postrado, cuerpo con probable distrofia muscular, sólo se mueven la boca y los ojos) (Cenital sobre él): Todo está bien, salgan. No se dejen llevar por las feis nius. ¡Salgan! (Cada que dice esto su cuerpo se agita hasta que su puño golpea su boca mientras habla)
Voz en off: ¡Cállate verga! ¡Órale a su casa, a chingar a su madre! ¡Pa´ dentro cabrón, que viene el fin del mundo!
Se escucha transmisión de radio de onda corta dando órdenes en claves numéricas, un rechinar de llantas, ráfagas de metralla (luces titilantes en la penumbra las acompañan), carcajadas, burlas y gritos.
Se repite secuencia tres veces aumentando la violencia de los diálogos. Al final de la tercera repetición se va a oscuro.
Vienen las fechas de las fiestas patrias y no sé si habrá celebraciones porque me entran agudas dudas de si habrá algo que celebrar, el territorio real al que han reducido en estos días lo que de México es mío va de el patio a la sala, pasando por el comedor, con breves intervalos al abarrote. No sé si la reforma judicial nos lleve al paraíso, según algunos, o al infierno, según otros, lo que sí sé es que por lo mientras entre el gobierno y sus asociados factuales ya encontraron la forma de robarse horas, días y tal vez un mes porque no sé quién, ni qué, en estas circunstancias celebre Septiembre.