NUESTROS PARTIDOS (SEGUNDA)
Jorge Aragón Campos
No recuerdo el título de la película, pero aparece un tipo que se presenta ante una mujer con las siguientes palabras: mucho gusto señora, soy fulano de tal y soy político, o sea que cuando no estoy besando a un niño, le estoy robando su dulce. A la luz de los últimos acontecimientos (más o menos los de los últimos doce años), nuestra clase política ha hecho del cinismo su divisa y la descripción de nuestro personaje de película le sienta de maravilla.
Como decíamos en nuestra entrega anterior, estamos en un impasse de las ideologías, enfrentamos una escasez de propuestas atractivas y convincentes que nos expliquen el presente y nos ofrezcan una posibilidad de futuro; ante los desfiguros de nuestros políticos, los ciudadanos padecemos una sensación similar al acorralamiento, fruto de la certidumbre que nos dice: no hay de otra. Los problemas que padecemos nos agobian por dos razones: su magnitud y su persistencia. Los encargados de resolverlos, hace tiempo dejaron inclusive de administrarlos y optaron por ensimismarse, hicieron de los partidos la herramienta para obtener y conservar el poder, cuando ello es solo el medio y no el fin de esas organizaciones. Hoy, las únicas ideologías políticas vivas son la que dice “el que tiene más saliva traga más pinole” y la que aconseja madrugar cada día para desde temprano buscar a quién fregar.
Sin embargo soy optimista. Veo en México una sociedad civil más vigorosa y actuante, muy por encima de la clase política en temas como estar informado, espíritu crítico, comprensión de los nuevos tiempos, uso de las nuevas tecnologías, etc. las redes sociales son el ejemplo más común pero no el único. Si se fijan, los únicos campanazos ocurridos en Twitter o Facebook han sido para poner en su lugar excesos o errores de personajes públicos, esas redes son espacios ciudadanos fuera de todo control, porque son los ciudadanos quienes las conocen, las manejan y dominan, a diferencia de los poderes legales y fácticos que nomás no dan pie con bola: los medios de comunicación, por ejemplo, solo han podido ser reactivos frente a ellas, no hay ningún caso donde la iniciativa haya sido de ellos.
La poca comprensión de los nuevos tiempos y sus consecuencias más notorias, las herramientas tecnológicas que han producido, son el rasgo distintivo de nuestra clase política (de hecho, la poca comprensión de cualquier cosa que sea socialmente útil). Más de un cambio se ha producido gracias a esta situación y seguramente vienen otros. Sí, no ha sido suficiente la velocidad de esas transformaciones porque, me parece, la ventaja ciudadana nada más alcanza hasta, por así decirlo, el nivel de usuarios, creo que hacen falta liderazgos modernos, acordes a nuestra nueva realidad y que sepan moverse en ella con naturalidad: también los ciudadanos tenemos tarea pendiente, pero de que llevamos la ventaja, la llevamos.