ANDO POR LA PLAZUELA

Cuánto más debe seguir el castigo a Culiacán

Octavio Valdez

Este pasado 12 de octubre el ejército estuvo como elemento central de la inauguración de la Liga Mexicana del Pacífico, se cambiaron las botargas clásicas del pollo o el chango que hacen de mascotas como entretenimiento por otros monigotes que representaban militares uniformados con el clásico camuflaje guerrillero.

Si el discurso por parte de las autoridades de “Aquí no pasa nada” las últimas semanas de violencia en el área central de Sinaloa, que parece ya perverso, es insostenible, el otro de “no estamos militarizando”, que sostienen desde hace 7 años (más si suma los años de Cálderón), es ya una cínica impostura, si el principal deporte espectáculo de la región noroeste del país fue inaugurado con una abundante, obvia y descarada propagada militar no es militarizar, entonces lo de Videla en Argentina y lo de Pinochet en Chile era una democracia griega republicana.

Culiacán lo han convertido en un laboratorio de comportamiento social: una sociedad que ha recibido dosis de violencia periódica y progresiva desde aquel 17 de octubre de 2019, un encierro obligado con mensajes contradictorios entre la autoridad y la realidad, entre la simulación de normalidad y el anuncio del arribo cada vez más profuso de fuerzas militares, complementado por la psicosis alimentada a través de los medios digitales y redes sociales con todo tipo de material de asesinatos, descuartizados, explosiones, operaciones militares, amenazas radiales entre delincuentes, todo esto aderezado con el regalo de los reales sonidos nocturnos de helicópteros sobre volando la ciudad y balaceras mientras uno acostado en su cama trata de dormir. A lo anterior súmele el problema de manutención de las familias que se ha complicado ante la pauperización de la economía local.

Un tipo de población así de masiva y metódicamente maltratada tendría la tendencia a aceptar soluciones por más radicales que fueran y de quien vinieran o simplemente ni siquiera darse cuenta de lo que pasa a su alrededor por la condición de alienación sicótica a la que se ha inducido a sus individuos. Para mañana la vuelta a una supuesta normalidad estará establecida en parámetros que nos harán comunes elementos que antes eran bizarros o fuera de lugar, como el caso de la presencia y propaganda militar en un espectáculo deportivo, ya después quizá en la caja de cereales, anunciando el crujiente maíz tostado del gobierno.

Breves apuntes contextuales

¿Cuál es la dimensión del daño económico para el país de lo que está pasando en Sinaloa?
¿Representará este episodio algún quebranto para la hacienda pública federal?
En vista de los acontecimientos las respuestas son: Nada y No.

Es decir, la relevancia poblacional y económica de Sinaloa a nivel nacional no es nula, pero es lo suficiente pequeña como para seguir argumentando que no pasa nada y esperar los resultados de este laboratorio en el que se prueba la estrategia del reciente gobierno federal y los neófitos capos narcos y vaya a saber usted que otros experimentos. Lo que me parece innegable dado el ambivalente papel entre el comportamiento de las autoridades federales y su discurso es que en este episodio se está operando y definiendo lineamientos que después tendrán repercusión nacional. Mientras queda la incógnita de nuestro papel en esto como simples víctimas de la idiotez o conejillos de india.