ANDO POR LA PLAZUELA:¿Quién engañó a Héctor Cuén?

Octavio Valdez

La figura de Héctor Melesio Cuén Ojeda me llamó la atención desde su periodo rectoral (2005-2009), en particular el hecho de que bajo su gestión la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) dejó de hacer las casi tradicionales marchas que de común hacían administraciones universitarias anteriores cada final de año para exigir-pedir el apoyo económico del gobierno estatal para pagar los aguinaldos. Muchos le cuelgan otros logros, hablo desde mi memoria de veinteañero.

Abono estos recuerdos con dos apuntes más, la imagen de mis maestros de la prepa Allende de la UAS, a finales de los noventa, entre los que se encontraba un futuro Rector, Jesús Madueña y otro insigne pedagogo (de cuyo nombre no quiero acordarme) gritándose mentadas de madre para después pasar a los golpes estando en nuestro salón de clases, en la intención que ambos tenían de presentarnos sus plataformas (buenos deseos improbables) para convencernos de votar por uno de los dos bandos que se disputaban la Dirección de la mencionada prepa, aquello terminó en un aquelarre de rancho entre gritos y sombrerazos.

El otro episodio fue en el rectorado de Gómer Monárrez (2001-2005), aunque no fui alumno de profesional de la UAS (dados los antecedentes se entenderá porqué), tuve amigos que lo fueron y con los que convivía a menudo, lo que me permitió observar el tipo de fiestas que se hacían por parte de las facultades y autoridades uaseñas, se rentaban palapas, contrataban bandas y se llenaban toneles con ingentes cantidades de cerveza, alguna vez le pregunté a algún amigo de dónde salía todo aquello “Tú no te preocupes la HarUAS paga” haciendo alusión a Harvard y pasándome un bote de cerveza. Nunca faltaba la bolita en la fiesta que ya entrada en tragos se ponía hablar de los rumores de las tranzas de las administraciones de las facultades y de que maestro o maestra se metía con cual alumna o alumno. Todo esto me generaba la impresión no articulada de que el tal Gómer (vota por Gómer… ¡Uh!¡Uh!¡Uh!), asumía la dirección de la institución más como una granja que como una universidad.

Entenderá bajo esta lectura porqué lo que consigno de Cuén me llamó la atención en su momento, se podía leer que por lo menos le había puesto decoro a la ordinaria mendicidad universitaria.

Después de salir como rector el maestro Héctor Cuén, como lo cortejaban los interesados, empezó a hacer pininos en la política local, hizo migas con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y consiguió que en unión con el extinto Partido Nueva Alianza (PANAL) lo postularan como presidente municipal de Culiacán para el periodo 2011-2013, contienda que ganó.

Aquí me obligo a hacer un alto porque el paso en su carrera política que dio después de esto fue crucial, en mi opinión, para su vida pública y desde aquel 2012 me extrañó su decisión. Es en este momento decide dejar la recién ganada alcaldía de Culiacán para competir por una Senaduría por las siglas del PANAL, en ese momento regenteado por la aún poderosa Elba Esther Gordillo. En esas fechas la movida me generó algunas preguntas: ¿Fue decisión propia? ¿Quién lo aconsejó? ¿Fue intencional?… En su momento lo adjudiqué a su noviciado en la política pública fuera de las aulas universitarias, le movieron el tapate dirían en jerga, como todo hombre que aspira al poder es ambicioso y hasta ese momento todo le había salido.

No me sorprendió cuando anunciaron que perdió ni tampoco que por acuerdo no volvería como presidente municipal, lo que sí fue inesperado fue el asesinato de su hermano Alfredo Cuén, el dos de julio de 2012 al día siguiente de las elecciones, quien pertenecía a su equipo de campaña, el por lo general anquilosado y laberíntico sistema judicial y de justicia estatal se volvió recto y operante, determinando que la esposa fue la que mandó matar al marido contratando a una célula delictiva de un capo de reciente renombre que operaba para el norte de Sinaloa, más allá de la saliva vertida para condenar el crimen y dar las condolencias el tema quedó en el olvido público (luego nos impresiona cómo estamos).

Cualquiera pensaría que vistos los resultados Cuén Ojeda valoraría la conveniencia de seguir en la política, pero el poder es seductor, enceguece y Héctor, como en la Ilíada, era sólo un hombre. Para no depender de los partidos políticos y sus intereses ajenos a los de él, fundó su propio partido, Partido Auténtico Sinaloense (PAS), a la vez que compactaba las dirigencias universitarias alrededor del proyecto al grado de llegar a ser indistinguible una estructura de la otra.

Tuvo algunos buenos momentos en el experimento del partido, le dio relevancia local y capacidad de negociación en los círculos de poder, pero desde la elección ganada para alcalde de Culiacán, no volvió a pasar la prueba del ácido en las votaciones directas perdiendo la gubernatura en 2016 y otra senaduría en 2018.

Por la forma en la que los partidos “grandes” (PAN, PRI, MORENA) cada uno en su momento negociaron con él era evidente que no lo aceptaban de pleno en los círculos reales de poder político, lo orillaban a negociar en tiempos límite y a dar volantazos de último momento dejándolo con márgenes de maniobra escasos. Se volvió un elemento utilitario para los jugadores nacionales posicionados en la región, cobró algunas, pero su exclusión de las esferas altas de decisión fue siempre evidente.

Incluso en el mayor logro del partido en el 2021 donde en coalición con Morena se adjudicó ocho diputaciones locales y seis presidencias municipales para el PAS, por lo menos nominalmente, se notó ese papel accesorio, recuerdo los vítores de sus seguidores e incluso una frase muy repetida “Vamos a Cogobernar”. Les duro más la asoleada buscando votos a los pasistas que su acercamiento con Morena, en un episodio de dimes y diretes más medido que casual con el gobernador electo descharcharon a su líder Héctor Cuén de su posición en el gabinete estatal.

Del sainete por el control de la Universidad Autónoma de Sinaloa obvio comentar porque para mí entra en el entendido de que es una institución que tiene lo que lleva de existir en el desorden y lo que se anda haciendo, en lo que termine, no lo va cambiar, de su trágica muerte en estos días se comenta banal, abusiva y excesivamente por lo que no me parece necesario.

Quise recorrer el personaje público de Héctor Melesio Cuén Ojeda, como esos personajes que en contra de su voluntad se vuelven comparsas de fuerzas más grandes con las que deciden interactuar y quedan atrapados en la inercia, sin salida. No es que no existan otros ¿Recuerda (seguro no) los ocho ilustres aspirantes a gobernador que tuvo el PRI en el 2018? Para que viniera a ganarles un desconocido que se apuntó 15 minutos antes de que se cerrará el proceso de inscripción, pero en el caso de Héctor Cuén existen las particularidades de su largo recorrido y su lamentable final.

Desdeño tanto la idolatría que unos (muy escondidos estos días) y el odio que otros tienen por él, sobre todo conociendo que esos ánimos nacen de la lista de nómina de donde dichos sujetos cobran su quincena.

Con los hombres de poder la memoria histórica se comporta un poco más benigna, a los demás (como los cientos que han muerto estos días) nos echa de inmediato al olvido, no sé si eso sea un consuelo.