LA NEGATIVA A DEBATIR
Jorge Aragón Campos
La negativa de Sergio Torres a participar en un debate organizado por el sector privado, viene a comprobar lo que muchos sabemos desde hace tiempo: nuestros empresarios insisten en que la política debe bailar al son que tocan ellos.
No vayan fregando.
Las vestiduras rasgadas no se han hecho esperar, y tampoco han faltado los que señalen el hecho como un error gravísimo, anticipando una monumental pérdida de votos y la inminente derrota del abanderado priista.
Bájenle.
Se les olvida a nuestros empresarios, que Torres tuvo desde el inicio de su campaña la cortesía de echarles un lazo, a lo cual respondieron de manera negativa, partiendo de la iniciativa de modificación de ley del IMSS, que el diputado con licencia presentara en la cámara baja, durante el lapso que estuvo en funciones como representante popular. De acuerdo en que no les haya gustado, pero ante la coyuntura electoral, como sector se tenía la obligación de responder con la misma cortesía, en cambio lo mandaron por un tubo y mostraron sus preferencias, a lo cual tienen todo el derecho, nomás no quieran ahora el trato que sólo merecen quienes son en verdad imparciales.
La negativa del candidato a la alcaldía no es, entonces, un rechazo a los debates, sino a la parcialidad de los organizadores, que pretenden erigirse como el paradigma democrático, lo cual les queda muy lejos desde las elecciones presidenciales del 2006, cuando con gran entusiasmo financiaron campañas negras contra el candidato de la izquierda. La respuesta que recibieron era de esperarse: cualquier estratega de medio pelo lo recomendaría, no porque se vaya adelante en las preferencias y resulte poco conveniente correr riesgos, sino por el sesgo mostrado por los organizadores. Si nuestros empresarios quieren tener una participación más activa en política, que bueno, pero mínimamente deberían aprender un poco más sobre la actividad.
El lobo reclamando que no se metan a su cueva.