DOS A LA SEMANA

LA MARIHUANA OS HARA LIBRES

(O LO QUE ES LO MISMO: CADA QUIEN SABE MUY BIEN PARA QUIEN TRABAJA)

Jorge Aragón Campos

Parece mentira el éxito que vive hoy la marihuana, sobre todo si tomamos en cuenta que fue hace apenas veintiocho años que Caro Quintero encabezaba la operación de la Hacienda del Búfalo, donde se producía la hierba de manera intensiva, es decir, de la misma forma que en nuestros campos hortícolas: con grandes extensiones de tierra, muchísima mano de obra, maquinaria para la siembra, cosecha y empaque, además de una sofisticada logística propia de cualquier gran corporativo que se respete.

Aquellos eran hombres de empresa, que sí arriesgaban con tal de crear empleos.

Hace mucho no se ve algo así, de hecho tampoco antes se vio. No cabe duda que a Rafaelito lo hicieron y rompieron el molde. Es más, sospecho que la situación actual es polvo de aquellos lodos, como que el volumen de la operación hizo recapacitar a los gringos, al grado de concluir que andaban con la marca equivocada. Desde entonces para acá, la información validada por la ciencia comenzó a fluir y es hora que no para, además de que se empató con esas mamarrachadas del new age, que cree en el poder curativo de las piedras, la fuerza mística del vegetarianismo, el flujo de las energías y la infalibilidad de la neurolingüística.

Ora sí que puras mariguanadas.

El resultado final lo estamos viviendo hoy: la que fuera una temible droga capaz de llevarnos al peor de los infiernos, ahora resulta que le falta un grado para ser carne y su legalización en cada lugar del mundo, es ya nada más cuestión de cuándo y cómo, pero de que va, va.

¿Por qué?

Recuerdo hace casi 30 años a José Emilio Pacheco, exponiendo su sospecha (por cierto, la publicó en Proceso) sobre las razones para que, en aquella época, lo que era considerado como los tres nuevos jinetes del apocalipsis (azúcar, café y tabaco) resultaban ser, mira que coincidencia, los tres principales artículos de exportación de las naciones subdesarrolladas. Es frecuente que los países más avanzados abusen de los más pobres; el bullyng no es privativo de las salidas de las escuelas.

Algo similar ocurrió en la India cuando era colonia inglesa. ¿Vieron la película Gandhi? ¿Recuerdan como a los indios les prohibían producir su propia sal, pues dicho negocio estaba reservado para los ingleses? Lo que no señala la película, es que lo mismo ocurría con la marihuana o, lo que es lo mismo, el cáñamo.

Recapitulemos.

La marihuana, como su nombre botánico lo señala (cannabis índica), es originaria de la india y antes que droga es una fibra muy apta para la fabricación de sogas (cabos, en jerga marinera), las cuales son requeridas en cantidades industriales para los velámenes de los barcos. Los ingleses impusieron a los indios la prohibición para producir, procesar y vender cáñamo, de la misma forma que lo hicieron con el opio en china. La prohibición tuvo un origen netamente económico, nunca de salud o social.

¿Saben ustedes quién es en la actualidad el mayor productor de marihuana del mundo? Nada menos que el país donde ya casi todos los estados que lo integran han legalizado su consumo: Estados Unidos. National Geographic tiene un excelente documental sobre la producción de yerba en aquel país, al verlo es imposible no remitirse a la experiencia chihuahueña de Caro Quintero: lo están haciendo igualito, nomás que adaptados a las nuevas tecnologías. Los gringos han convertido ese cultivo a la agricultura cubierta, usando invernaderos con luz ultravioleta y temperatura y humedad controladas, aplicaron protocolos de mejoramiento genético y ahora tienen su propio banco de germoplasma, con una diversidad de semillas para variedades de plantas, que permiten la comercialización en establecimientos que son verdaderas boutiques verdes, donde los consumidores pueden decidir qué tipo de efecto desean experimentar: hay variedades afrodisiacas, para mejorar el apetito, para regular el sueño, para concentrarse mejor, etc.

Estados Unidos está abriendo una guerra comercial, nos está sacando de lo que será uno de los mayores negocios del siglo veintiuno, y nosotros todavía queremos ponernos a discutir sobre las ventajas y desventajas de la prohibición. Vicente Fox podrá ser todo lo que queramos, pero el tipo fue gerente de la Coca Cola, y como tal lo menos que aprendió fue a distinguir los negocios cinchos. Por eso le quiere entrar.

No me extraña, pues, que Estados Unidos haya sacado adelante la reaprehensión de Caro Quintero: no quiere darle chance a compartir la fórmula del éxito. Al cabo que nosotros seguimos papando moscas y, a como van las cosas, la venta de cannabis va a terminar como otro recurso comercial de jubilados, ninis, huérfanos y resto de fauna que ha vuelto de cualquier crucero con un mínimo de tráfico, espacio para la práctica del comercio informal. Además de guayabas, lichis, raquetas matamoscas y pelucas afro, la oferta abarcará “churros” de hierba, frascos con “colas” en alcohol y repostería alternativa. No suena mal.

Pero será otra ventana de oportunidad que dejaremos pasar. Y encima no llueve.