La sexagésima legislatura del Congreso del Estado celebrará este sábado, 30 de noviembre, su última sesión, la cual tiene como ingrediente especial la asistencia de los diputados electos, quienes, a su vez, entrarán en funciones un día después: el domingo primero de diciembre, fecha en la que se abrirá una nueva hoja en la historia del Poder Legislativo de Sinaloa. Se trata de la clásica reunión preparatoria, única en la que coinciden los representantes populares aún vigentes y los que ya están en el umbral de la cámara.
Pleno éste, programado para las 10 de la mañana, matizado por la nostalgia, sentimiento inevitable entre los que se van y el optimismo de los que se quedan; las disculpas por los agravios cometidos durante los últimos tres años, de quienes se despiden y las promesas de los que llegan en el sentido de que la civilidad política y la convivencia plural será el sello distintivo de los tres años que se avecinan. En suma: fecha para la despedida de los que cierran un ciclo en su trayectoria en el servicio público y los deseos de buena suerte, a su vez, para quienes apenas lo inician.
Día de transición, de una legislatura, la sexagésima, a otra, la sexagésima primera, que llega a ejercer la función que le corresponde, a lo largo de la segunda mitad del periodo gubernamental de Mario López Valdez, no precisamente en los mejores momentos de la vida económica, social y política de nuestra entidad.
Esta sexagésima legislatura se ha promocionado como la más productiva en la historia de Sinaloa, en función del elevado número de iniciativas hechas ley y promulgadas en consecuencia, lo que posiblemente sea cierto, como cierto es, también, que esta cámara será recordada por haber permitido un endeudamiento sin precedentes al Poder Ejecutivo, estimado, a estas alturas, en más de 7 mil millones de pesos, con posibilidades de aumentar al corto plazo. Difícil precisar si esto fue lo correcto o no; pero los números son fríos y ahí quedan para el juicio ciudadano.
La nueva cámara se queda también con esta estadística y con la necesidad de atacar, lo antes posible, las asignaturas pendientes, tales como la reglamentación de las candidaturas independientes, situación que llevará, necesariamente, a una reforma política de fondo, el análisis en torno a la creación de nuevos municipios (el de Eldorado, en primer término) y la discusión, de entrada, de la ley de ingresos y del presupuesto de egresos del gobierno del Estado para el ejercicio fiscal correspondiente al 2014.
El trabajo espera a los nuevos diputados, en un primer periodo intenso de sesiones que se prolongará hasta el 31 de marzo del año entrante. No habrá mucho tiempo para paladear las mieles de este poder, tan importante como el Ejecutivo.
Digo.
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Y bien.
Jesús Enrique Hernández Chávez será el protagonista principal de esta película que comienza a rodarse el primero de diciembre. Será su tercera participación como diputado local y la segunda como líder de la fracción priista y como titular de la comisión más importante del Congreso del Estado, solo con nombres diferentes. Si en la legislatura número 56 se llamó Puntos Constitucionales y Gobernación hoy en día es denominada como la Junta de Coordinación Política. No solo es el cambio de un nombre a otro. Las cosas, en verdad, han evolucionado de manera favorable.
Más atrás, en la noche del tiempo, la legislatura 53, de no gratos recuerdos para Hernández Chávez, gracias a la venganza del entonces gobernador Francisco Labastida Ochoa, quien se ensañó con él por desacatar su disposición en el sentido de desconocer la victoria del priista Raúl Cárdenas en la elección para presidente municipal de Mazatlán, para voltear el resultado a favor del panista Humberto Rice, consecuencia de las negociaciones entre Labastida y Diego Fernández de Cevallos, ordenada por el presidente Carlos Salinas de Gortari, en la inauguración de la nefasta época de las concertacesiones políticas en México. La sentencia de FL se extendió hasta el líder de la CTM, Juan S. Millán – por cosas del destino, presidente del CDE del PRI en esa etapa- y los cinco diputados del sector obrero. Y lo que es la vida: hoy, Labastida, Millán y Hernández viajan ¡felices! en el mismo barco.
Y bueno, seis años después, “Chuquiqui” regresó por sus fueros: a pesar de ser miembro del primer círculo del gobernador electo Juan Millán, Hernández fue desplazado por Gustavo Guerrero en sus intentos de ser postulado como el candidato del PRI a la presidencia municipal de Culiacán; pero, a cambio de ello, lo convirtieron en candidato a diputado plurinominal en el mismísimo primer sitio de la lista, con la promesa de coordinar la fracción mayoritaria en la quincuagésima sexta legislatura y de relevar a Guerrero en la alcaldía de la capital del Estado, tres años después. Millán le cumplió ambos ofrecimientos; pero en 2004 tuvo que recordarle que el compromiso no incluía la candidatura gubernamental. Para entonces, Juan ya tenía en la mira a uno de sus dos hijos políticos consentidos: Jesús Aguilar. El otro era Abraham Velázquez Iribe.
Al termino de la legislatura 56 y con la candidatura a la presidencia municipal de Culiacán en el bolsillo, Hernández le entregó buenas cuentas a Millán Lizárraga. Sacó a flote todos los acuerdos y todas las iniciativas y en los tres años logró la aprobación de la cuenta pública del Estado, con el voto de las dos terceras partes de los ciudadanos diputados. Eran los tiempos en que, con el mayoriteo se daba por terminada cualquier discusión.
En esta circunstancia es de suponerse que Jesús Enrique tiene la experiencia y la capacidad suficiente para salir adelante en esta nueva responsabilidad. Y de hecho si cuenta con estas virtudes; pero ahora las condiciones han evolucionado y aunque la estrategia del mayoriteo no está descartada, tendrá que recurrir a tácticas modernas como el diálogo, la negociación, la conciliación y la concertación, en aras de la gobernabilidad y la civilidad política de nuestra entidad.
Salvo su mejor opinión, amigo lector.
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¿Algo más?
Bueno, con 22 diputados en su fracción – incluido él mismo – Hernández Chávez tendrá, en apariencia, un respaldo suficientemente sólido como para el cumplimiento de su misión; pero no debe pasarse por alto que al interior de la bancada transitarán tres corrientes plenamente identificadas.
Una de ellas, la institucional, la que se sujetará a las disposiciones del Comité Ejecutivo Nacional del partido, con Hernández Chávez como exponente principal, aunque, si mucho me apura, aquí habría por lo menos dos subgrupos más.
Otra, la malovista, con Gomer Monarrez Lara, Víctor Manuel Díaz Simental y Oscar Félix Ochoa. Su jefe supremo no está en Madero. Se ubica en el tercer piso de Palacio de Gobierno.
Y una más, la conocida como el ala radical, representada por Jesús Burgos Pinto, Ramón Barajas y Sandra Lara. Son los mismos que jamás aceptaron el regreso de los malovistas al tricolor, aunque, por ahora, marcharán por un sendero similar, al menos en lo sustancial.
Coordinar tales expresiones será la tarea medular del “Chuquiqui”. En eso radica el nombre precisamente: coordinador.
Además de los nombres ya citados, el PRI tendrá otras cartas fuertes en el Congreso del Estado. Citemos, por ejemplo, a Oscar Valdez, Manuel Osuna, Fernando Pucheta, Lorena Pérez, Roque Chávez y Marco Irizar, entre otros.
Y en la misma arena, el PAN, con Francisco Solano Urías, Adolfo Rojo Montoya, Yudit del Rincón y Guadalupe Carrizoza.
El PAS, con Héctor Melesio Cuen Ojeda, Robespierre Lizárraga y María Sánchez.
El PRD, con Imelda Castro y Ramón Lucas Lizárraga.
El PANAL, con Sylvia Miriam Chávez.
Movimiento Ciudadano, con Mario Imaz.
Y el PT, con Leobardo Alcantara, el aerolito que cayó en Sinaloa hace poco menos de un año y que ya es diputado local.
Digamos que, además de nombres, se aprecia talento, capacidad, cordura y espíritu conciliador entre los 40 diputados integrantes de la legislatura número 61. Hay, en efecto, muchas expectativas. No nos decepcionen.
¿Estamos?
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A manera de colofón.
Quedan pendientes, en efecto, muchos temas en el tintero; pero es difícil abordarlos todos, cuando se está fuera de casa; del Estado y del país, incluso.
Volvemos luego.
Dios los bendiga.