AHORA RESULTA
Jorge Aragón Campos
Cito, textual, la nota publicada por Linea Directa: “El presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Juan José Ríos Estavillo, señaló que no hubo ningún tipo de violación o agresión sexual en contra de la menor de 6 años en el colegio Las Torres como aseguró el padre de la presunta víctima, sin embargo, los dictámenes médicos continúan siendo analizados y en caso de determinarse que hubo algún tipo de agresión aseguró que los menores no fueron los responsables”.
Veamos: Estavillo dice que no hubo ni violación ni agresión sexual contra la niña, pero aclara que si finalmente sí la hubo (¿entonces sí o no?), no fueron los niños. Órale, todavía no sabe si el hecho ocurrió o no, pero de antemano ya sabe quién no lo hizo.
Pero todavía le sigue: “Explicó que tras la realización de los exámenes psicológicos practicados a los niños de 11 años de edad que fueron señalados de abusar sexualmente de la niña en uno de los baños de la institución educativa se encontró que esto es prácticamente imposible”.
Quitémosle el “prácticamente” y dejemos lo de fondo: “imposible”. No se necesita ser un especialista para saber que una violación sólo puede ser comprobada mediante la revisión y el análisis de los órganos sexuales de la víctima. ¿Cómo le hicieron para, con sólo exámenes sicológicos (¡a los supuestos victimarios! Que no a la víctima) determinar que es imposible que a la niña la hubieran agredido? Además no explica por qué esa imposibilidad, cuando hay literatura abundante sobre casos de violaciones, asesinatos y atrocidades mil por parte de niños incluso por debajo de los 11 años.
Sigamos escuchándolo: “Hacemos de nueva cuenta ese llamado, insisto, a no prejuzgar, a resguardar el interés de los menores, de todos los que presuntamente están involucrados, insisto que esta semana nosotros daremos a conocer un primer resultado de los avances que hemos llevado a cabo pero de manera tajante casi definitiva podemos señalar que no hubo ninguna violación y que no hubo ningún ataque sexual particularmente en lo que se señala la presunta responsabilidad de cuatro menores de edad” dijo.
¿Y el llamado a no prejuzgar no tiene pensado atenderlo él? Ahora sí que éste da consejos y no se queda con ellos: apenas va en un primer resultado de los avances… y ya afirma tajantemente que no hay ninguna responsabilidad de los menores, aunque lo peor viene después: “el hecho de que la menor aludida no se encuentre en la ciudad para coadyuvar con las investigaciones también complica más la posible resolución”.
¿Pero cuál complicación, hombre? Total, que acuse a su papá (al de la niña, no al suyo) de ser el agresor y caso resuelto: “Aquí el problema que hemos tenido es que nunca ha estado presente la menor de edad, la menor de edad señalada como víctima, el padre no ha querido tampoco propiamente que se genere un análisis de ahí entonces con la información que nosotros tenemos, lo que insisto como ustedes también lo señalan es que violación no hubo, nuestros médicos también ahorita están tratando de coadyuvar con estos peritajes para ver qué tipo de lesión pudo haber tenido la menor y si fue el caso ver quién pudo haber sido el causante o el auto causante de este hecho” expresó.
Sin duda, aquí los verdaderos responsables y culpables de todo son la niña y su pinche papá (ojo con la expresión: auto causante), que ya optó por irse de Sinaloa en lugar de esperarse a que Estavillo reciba el dictamen de sus médicos, que lo harán sin necesidad de revisar a la criatura. Faltaba más.
Ríos Estavillo agregó que “dictaron medidas cautelares a la Secretaría de Educación Pública y al propio colegio para que se resguarde la integridad y la dignidad de los menores tanto de los señalados como la de la posible víctima”. Eso sí está muy bien, porque la niña nada más es “posible víctima”, mientras que los niños ya son inocentes de toda inocencia y hay que cuidarlos mucho.
Ahora entiendo porque el padre ofendido mejor puso pies en polvorosa.
A OTRA COSA MARIPOSA:
Que la ausencia del exgobernador Juan Millán, en la comida de las lichis, sí fue por motivos de salud, aunque no por problemas de espalda como muchos supusimos (es de sobra conocida la perenne afección de Millán en esa parte de su anatomía); lo que en realidad padece el exgober es un mal sumamente contagioso, al grado de que se lo pegó a su cachorro, Juan Ernesto. Les deseamos pronto restablecimiento.