Jorge Luis Telles Salazar
Dolorosa coincidencia:
Exactamente un año atrás – si: el 05 de enero de 2013 – los Naranjeros de Hermosillo se despidieron del viejo estadio, Héctor Espino, con la cuarta derrota en fila ante los Tomateros de Culiacán, en el redondeo de una barrida que los puso fuera de la pelea por el campeonato de la temporada número 55 de la Liga Mexicana del Pacífico.
Los verdugos de aquel entonces, los Tomateros de Culiacán, desempeñaron ahora el papel de víctimas: con su cuarto descalabro al hilo ante los Aguilas de Mexicali, dijeron adiós, de manera poco edificante, al estadio “Angel Flores” y al mismo tiempo quedaron eliminados de la contienda por el título de la actual edición del circuito invernal. Ahora, lamentablemente, mucho más temprano que en las últimas cuatro campañas en las que avanzó, incluso, hasta la instancia de semifinales.
¿Quién tendría, en aquel entonces, la suficiente capacidad de imaginación, como para anticipar que, apenas con un año de diferencia, el equipo de casa probaría la misma medicina, exactamente en condiciones similares?
La noche del domingo, como ocurrió en Hermosillo hace un año, cientos de aficionados se quedaron, aquí hasta el final del partido, para ser testigos directos de la historia. Lograron superar la frustración y la amargura de una nueva derrota, para saltar al campo de juego, recolectar puños de tierra y trozos de césped y tomarse la clásica fotografía, en lo que fue el último encuentro de la Liga Mexicana del Pacífico en el coso de la colonia Almada, en esta ciudad capital.
Menos de un mes después de ese desaguizado, en la ciudad de Hermosillo se inauguró el majestuoso estadio “Sonora”, con la realización de la Serie del Caribe-2013, cuyos representantes mexicanos fueron, por tercera ocasión consecutiva, los Yaquis de Obregón, con solo un par de refuerzos provenientes del team de la capital del estado vecino al norte del país. Fue hasta el arranque de esta temporada, en octubre pasado, cuando los Naranjeros tomaron posesión de su nueva y flamante casa, en medio de una fiesta grande de parte de los seguidores de la franquicia con mayor número de títulos en la historia del beisbol costeño.
Sin embargo, a diferencia de lo acontecido en Hermosillo, donde el “Héctor Espino” sigue en pie y es utilizado por ligas amateurs y para otro tipo de eventos, aquí el “Angel Flores” será demolido en cosa de días, puesto que el nuevo estadio será construido justamente donde se ubica el actual. Los trabajos, de hecho, iniciaron hace meses, en lo que es la zona del estacionamiento y los avances de la obra ya son visibles. El nuevo coso beisbolero, que será un portento de modernidad deberá quedar completamente listo para finales de septiembre para ser inaugurado oficialmente en el comienzo de la edición 57 de la Mexicana del Pacífico. Y es un hecho que será sede de la Serie del Caribe en 2017, ahora con una modalidad de sumo atractiva: la participación de Cuba en el torneo.
Las experiencias de Hermosillo y Culiacán son una etapa curiosa para los anales del poderoso circuito invernal; pero una mera coincidencia. Amarga y dolorosa, si quiere usted, pero coincidencia al fin.
Tanto aficionados como jugadores de Naranjeros de Hermosillo y Tomateros de Culiacán hubiesen deseado, sin duda, despedir de otro modo a los cosos beisboleros más legendarios de esta zona de nuestro país; pero las cosas, desgraciadamente, no salen como uno quisiera. O peor: resultan exactamente al revés como sucedió en las ciudades capitales de Sonora y Sinaloa.
Lo positivo de todo esto es que Hermosillo cuenta el que es, por ahora, el mejor estadio de beisbol de México y de toda la Confederación del Caribe y que Culiacán tendrá una aún superior en octubre del presente año.
Ya lo verá usted.
=0=
Por cierto.
Ya que de curiosidades hablamos, Adán Amezcua, el pelotero que por más tiempo ha defendido el uniforme de Tomateros de Culiacán – sin pertenecer jamás a ningún otro equipo en la Liga Mexicana del Pacífico – estuvo a punto de pasar a la historia, como el jugador que fue el último out en la historia del “Angel Flores”.
El destino, sin embargo, le tenía reservado al mazatleco algo mucho mejor:
Amezcua puso su nombre en esta historia como el último en conectar un hit en este parque: un cepillazo por toda la raya de tercera base, que fue ruidosamente celebrado por los pocos aficionados todavía presentes en el estadio.
Luego, si vino el último out: un ponche de Oscar Villareal a Luis Mauricio Suárez, jugador que apenas este año debutó con Tomateros de Culiacán.
Minutos después, las legendarias candilejas del “Angel Flores” se apagaron para siempre y esa misma noche también se cerraron las puertas del viejo inmueble, que será degradado a condición de cascajo en los próximos días, para dar paso a lo que será el nuevo parque de pelota en la capital de Sinaloa.
Finalizó así un romántico capítulo en la historia del beisbol de Culiacán y otro más, con mayor intensidad, comenzará a escribirse a la brevedad.
Suyos los comentarios, amigo lector.
=0=
A manera de colofón:
En las últimas cuatro temporadas – sin contar la que todavía está vigente – Tomateros de Culiacán logró avanzar hasta la opción de semifinales. En la 2009-2010, cierto, como mejor perdedor; pero, con categoría y autoridad en las tres siguientes, en las cuales, incluso, fue el mejor equipo del calendario regular. O sea: si nuestra liga se jugase a rol corrido, como hasta la temporada 1967-1968, sencillamente el campeón.
Bajo esta circunstancia, en estas últimas tres, el equipo guinda llegó a los “pleyoffs” con etiqueta de gran favorito, la que ratificó plenamente al término de la primera ronda, la que superó con lujo de facilidad: en 10-11 y 11-12, sobre los Mayos de Navojoa; en 12-13, a costillas de los Naranjeros de Hermosillo, en lo que fue la historia contada líneas arriba.
Y he aquí el dato: por ser precisamente el mejor equipo del rol oficial, Tomateros se enfrentó, en las semifinales, al “mejor perdedor” y con todo y eso, no logró avanzar a la gran final: cayó en dos ocasiones ante Algodoneros de Guasave y hace un año ante los Yaquis de Obregón.
Ahora, ni eso. En la misma “repesca” y sin ganar un solo partido.
Situaciones como esta, por supuesto, se registran muchas veces en todas las ligas del mundo; pero la verdad de las cosas es que esperábamos algo mejor de Tomateros de Culiacán, con todo y la inconsistencia mostrada a lo largo de la temporada, reflejo lógico de un inconsistente y poco afinado estilo de dirigir del manager boricua Lino Rivera, cuyo ciclo con el equipo de casa parece cerrado y sin ningún resquicio para volver en el futuro.
Todo esto impone, naturalmente, la necesidad de un análisis completo y de fondo; pero lo haremos después, ya con la mente fría y sin el encabronamiento que traemos hoy, como la gran mayoría de los seguidores del plantel, cosa que nos llevaría, sin duda, a reflexiones ligeras, producto de este malestar que ya bajará en uno o dos días mes.
Aclarado el punto, nos vamos ya.
Dios los bendiga.
Y aunque se acabó el beisbol para Culiacán, este deporte sigue en otras latitudes y de sus acontecimientos estaremos al pendiente.