ALGÚN DÍA DESTOS

Qué feo fin de semana. A la ola violenta se agregó el calor, que pegó un apretón peor que un arancel de Trump. Estuvo de gacho pa´rriba y en el peor momento; fue un acto de ingratitud y de oportunismo.

De plano no se puede confiar en él.

Quién iba a pensar que el paro nos lo haría el Sanlunes, cuando con el pie ya casi en el estribo nos tiró con una lluvia tierna y breve, que seguramente era el círculo más exterior de una tormenta de buen calado, que se desplazó desde la sierra y nos pudo alcanzar con las puntitas de sus dedos. El asunto es que en lugar de vaporizar y empeorar las cosas, la noche pasó de ser objeto de nuestro desprecio a zapatito de oro dónde te pondré, porque pegó una refrescada…

No tenía mucho de pasada la medianoche cuando ¡Bolas! Se deja venir otra vez el agua pero más en serio, aunque manteniendo ese mismo carácter comedido –y raro- con que se han presentado este año. Esta de ahorita nunca alcanzó la categoría de aguacero, pero siempre estuvo por encima de la mojapendejos y duró alrededor de dos horas.

¡Qué sabrosa noche!

Si se fijaron, toda la mañana hubo nublados y se disiparon antes del mediodía porque para esa hora, otra vez ya estaba a todo el repinche sol y así estuvo hasta que oscureció y el calor dejó de caernos de arriba para llegarnos por abajo, por reacción del suelo al desprenderse de la radiación acumulada. Ambos procesos son paulatinos y durante buen rato coinciden y hacen sumatoria, por eso es tan ardua esa parte del día, así que no es poca cosa descansar la noche en la cama y sin estar lidiando con un enemigo más.

Son esas vueltas que da la vida y nos hacen recuperar la fe en el qué dirán.

Volviendo al asunto de que lo raro es pariente de lo feo, lo que va de esta temporada de lluvias más bien parece temporada de equipatas, sin dejar de mencionar lo temprano que se presentaron (casi un mes) y no, no necesariamente significa que la temporada vaya a ser buena; de todo lo que existe en la biósfera pocas cosas superan la complejidad de los fenómenos climáticos, a eso se refiere “el efecto mariposa” y en nuestro caso ya son por lo menos dos rarezas, y en lo referente a nuestra región las lluvias tempranas no suelen ser buena señal: lluvias en abril, manda los bueyes a dormir.

Se solía decir.

Otro elemento discordante es la ausencia de rayos, no los he escuchado y aun aceptando que ya casi califico para tapia, sería un “casi no” y lo mismo ha pasado con los vientos. De todos los componentes del clima, sin duda la lluvia es la gran favorita: gana en todas las encuestas de preferencia, de top of mind y de intención de voto. Dijera el clásico: tiene un no sé qué que qué sé yo. Es el único fenómeno natural ante el cual no podemos ser indiferentes y a la vez es el ingrediente principal para un sueño perfecto. Todos sabemos que a todos nos pega profundo y hay una razón para eso ¡Claro que la hay! El problema está en que la ciencia, la física cuántica para ser más específico, de manera sistemática se niega a abordar el problema partiendo del enunciado del DR J. L. Borges que afirma:

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

A mí no me la pegan: ahí aycompló.