Jorge Luis Telles Salazar
En su reunión del viernes próximo pasado, la Liga Mexicana del Pacífico analizó el caso Guasave; pero no llegó a ninguna conclusión definitiva.
A lo más que se aproximaron los presidentes de las siete franquicias restantes fue a discutir el asunto a profundidad y adoptar un acuerdo concluyente una vez que cada uno de ellos proponga una opción, para arribar así a una definición.
La postura de los dueños de los Algodoneros de Guasave, cuyo principal propietario es el industrial de la construcción, Jaime Castro es clara: para que los Algodoneros sigan en esa ciudad y en la Liga Mexicana del Pacífico deben recuperar una pérdida del orden de los 9 millones de pesos, sufrida a lo largo de la temporada concluida el 30 de enero próximo pasado.
El déficit de los Algodoneros es ancestral, derivado de las bajas entradas y de la poca capacidad del club para la comercialización de sus productos, que en la mayoría de los casos forman parte del ingreso principal, muy por encima de la recaudación en taquilla.
Guasave, para su sostenimiento en la LMP recibió, por años, el apoyo del gobierno del Estado y del ayuntamiento de aquella municipalidad, bajo el argumento de que se trata de un espectáculo familiar, de primer nivel, que llena el vacío que en cuanto a entretenimientos se padece en Guasave, así sean solo casi cuatro meses por calendario.
Ese respaldo, sin embargo, no se recibió la campaña anterior y el déficit promedio, que era de 5 millones por temporada, se disparó a 9, en quebranto del patrimonio económico-familiar de Jaime Castro, familia y asociados.
Castro, entonces, ya no está dispuesto a perder más dinero.
O le ayudan de algún modo o se va.
Así de fácil.
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Y bien.
A estas alturas, la cosa no es tan fácil como mudar de plaza y dejar a Guasave sin beisbol. Algodoneros ha permanecido en la Mexicana del Pacífico, desde el año de su debut, en 1971, cuando logró, por cierto el que es, hasta ahora, el único campeonato de su historia.
Y es que, por ahora, se ve harto complicado encontrar por ahí una plaza para alojar al equipo que todavía se llama Algodoneros de Guasave.
Veamos:
Se habla, por ejemplo, de Tijuana, de La Paz, de Ensenada y hasta de Guadalajara, alternativas que ya no son ni prácticas ni factibles.
Tijuana, por ejemplo, acaba de comprar un equipo de la Mexicana y ya tiene beisbol para todo el verano. Se rumora que es tanta la afición por el beisbol en aquella ciudad, que también quieren pelota invernal; pero del dicho al hecho existe un tramo considerable.
La Paz tiene un parque, en regulares condiciones; pero con una pobre capacidad y muy por debajo del nivel de la Mexicana del Pacífico.
Ensenada cuenta con un estadio moderno y funcional; pero demasiado chico.
Y Guadalajara, nos dicen, no tiene ninguno. Jalisco, en su época en la Mexicana de Verano, jugaba en el Tecnológico; pero el coso, hasta donde sabemos, está en ruinas. Y en una de esas, ya ni existe.
Lo anteriormente expuesto, prolonga el problema hasta los otros siete clubes. Ya no es exclusivo de Guasave.
Cierto, se puede desarrollar la próxima campaña con solo siete equipos; pero esto es impráctico y anti funcional. Cada uno de los siete tendría que descansar una serie por vuelta, cuando menos y crearía la necesidad de rediseñar el actual sistema de competencias, vigente desde hace muchos años atrás.
De ahí que los presidentes de las otras siete franquicias hayan tomado el acuerdo de analizar el asunto, antes de tomar una decisión definitiva.
Una solución que no se ve fácil.
Por un lado, cada club tiene sus propios problemas económicos, de tal modo que prácticamente se descarta que se repartan, de manera equitativa, las pérdidas de los Algodoneros durante la nueva temporada; pero antes habría que cubrir los pasivos pendientes, que suma una buena cantidad de millones de pesos.
Y por otro, los gobiernos tampoco parecen dispuestos a soportar esta carga. Para comenzar, no es ético ni legal que se canalice dinero del erario a una empresa privada y más allá de esto, su situación tampoco es boyante, que digamos.
Insistimos: no se ve fácil. Nada fácil.
Sin embargo, no adelantemos vísperas que de algún modo tendrá que resolverse el problema. Con Guasave o sin Guasave.
Digo.
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Por cierto.
Arrancó abril, la primavera avanza hacia el asueto de Semana Mayor y todavía no hay solución jurídica en torno al caso del estadio “Angel Flores” y los Tomateros de Culiacán.
Usted ya conoce el asunto.
Luego de amenazar con retirarse de la Liga, ante la demora en la construcción del nuevo parque, la directiva de Tomateros decidió, finalmente, continuar por una temporada más en el viejo coso, con todo y las dificultades que representará el tener, justo a un lado, una gran obra en proceso de edificación.
Ya no había otra, sin embargo. O era esto o de plano quitar a los Tomateros de la edición 2014-2015, de la Mexicana del Pacífico.
Hay que decirlo:
Una decisión tomada sobre la confianza de que, de un momento a otro, el juzgado federal dará palo a los promoventes del amparo contra la demolición del “Angel Flores”; pero ¿y qué tal si no es así? ¿Qué tal si el pleito se va de manera indefinida, como suele pasar con muchos asuntos de tipo legal?
Los recursos federales, que ya están situados en Sinaloa, regresarán a la ciudad de México y entonces sí, amigos: ¡adiós estadio…!
Pendientes pues.
=0=
A manera de colofón.
Por hoy aquí queda. De este tamaño.
Ya nos fuimos.
Dios los bendiga.