La ausencia de un cerrador de primera línea ya se ha identificado como uno de los problemas torales de Tomateros de Culiacán. Por ahí se han escapado varios juegos que ya se cantaban como victorias y esta es, no le busque mucho, una de las causas por las cuales los guindas juegan por debajo de .500, prácticamente desde el arranque de la actual campaña de la Liga Mexicana del Pacífico y hasta la fecha.
El dominicano Ricardo Gómez y el veteranazo Oscar Villareal son los dos elementos que el manager Benjamín Gil utiliza en el papel de “stoppers”; pero, lejos de inyectar tranquilidad cuando el uno o el otro suben a la lomita, ya sea a preservar un triunfo o a mantener, por lo menos, un score empatado, lo que causan es el mal disimulado malestar del timonel de la nave, así como la rabieta, a todo lo que da, del aficionado en las tribunas. Gómez, cierto, tiene algunos juegos salvados por ahí y eso aparece en el registro oficial. Lo que la estadística no dice es que en cada salida tiene a todo mundo con el Jesús en la boca.
El problema es serio y hay que meterle mano de inmediato. Todavía queda tiempo como para pensar en cinco y hasta seis puntos en lo que resta de la primera mitad. Si no se corrige, lo más probable es que Tomateros de tumbos entre el octavo y el sexto sitio, allá abajo en la tabla de posiciones.
¿Y sabe usted que es lo más preocupante? Que no hay, dentro del roster, un pitcher que pueda desempeñar ese papel de manera satisfactoria. Tendrá que buscarse: en los Estados Unidos, en las ligas del Caribe o ya de perdida en los otros circuitos invernales de nuestro país.
¡Urge…!
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Y bien.
La limpia sobre Naranjeros de Hermosillo y el triunfo en el primero del “doble header” frente a los Yaquis de Obregón, provocó el retorno del optimismo al aficionado de casa, máxime que esas cuatro victorias al hilo le permitieron a los guindas ascender hasta el quinto sitio del standing, aunque en pelea feroz, contra Cañeros de los Mochis y Aguilas de Mexicali, justo a la mitad de la tabla de posiciones.
Sin embargo, cayeron, de sopetón, dos fracasos al hilo y el malestar volvió a los seguidores de Tomateros de Culiacán, contra quienes parece aplicar una especie de maldición, especialmente en las últimas entradas.
Y bueno, lo innegable es que Benjamín Gil sigue sin encontrarle, como se dice, la cuadratura al círculo.
En efecto, Gil corrige un problema; pero salta otro de inmediato que neutraliza los efectos positivos del anterior. A estas alturas, por ejemplo, ya Benjamín parece tener conformada una buena rotación de abridores, con Jorge Reyes, Arnold León, Rodrigo López, Salvador Valdez y Marco Camarena, así como una respetable línea ofensiva con Nick Buss, Rico Noel, Eric Farris, Cody Deker, Maxwell León, Jorge Vázquez, Sergio Omar Gastelum, Arturo Rodriguez y Joey Meneses; pero ahí está ahora, como falla grave, el pitcheo cerrador, además del relevo intermedio, que también presenta síntomas de marcada inestabilidad.
A juicio nuestro, para no ir muy lejos, Culiacán debió haber ganado sus dos últimos encuentros ante Yaquis de Obregón; pero afloraron tales debilidades y además, las llamadas cosas del beisbol, nos dieron la espalda definitivamente.
Y dolieron. Claro que dolieron. En el escenario óptimo, Tomateros ya estaría con un porcentaje de .500, cuando menos.
En esas dos derrotas, las cosas no salieron; pero ¿sabe qué? Se jugó mal al beisbol.
Y cuando esto pasa, el castigo del beisbol suele ser implacable.
Veamos:
En el segundo del doble juego del miércoles, por ejemplo, Culiacán llegó al séptimo inning, con ventaja de 2-1 y estuvo a dos outs del triunfo y los aficionados ya lo celebraban en las tribunas. El panorama, sin embargo, se oscureció con un bombo, de hot, de Agustín Murillo hacia el prado central, a lo que siguió el tremendo cuadrangular de Donald Lutz, sobre un flan de Ricardo Gómez: una pelotita sobre el centro del pentágono, a menos de 90 millas por hora, que Lutz asesinó en el sentido literal de la palabra.
Todavía Culiacán regresó y hasta pudo ganar; pero lo que se atravezó ahora fue una marfilada del ampáyer principal, al marcar como out, un seif indiscutible en una jugada de Maxwell León. Sucedió que, abajo en la pizarra, 3-2, Ismael Salas recibió la inicial por bolas malas al cierre del séptimo capítulo, cortesía de Jonathan Arias, el taponero de lujo de los Yaquis. Rico Noel, que es tremendo pelotero, lo adelantó con toque de sacrificio y Salas marcó la del empate a 3, luego de error del intermediarista Carlos Valencia a rola de León. Tras eso, Farris disparó hit al prado derecho y Max llegó, al plato en una limpia barrida, de cabeza, para eludir el bloqueo del receptor; pero, de manera increíble, el ampáyer marcó el out y la reacción de jugadores y público no se hizo esperar, máxime que la repetición por TV confirmó la artera puñalada del hombre de azul.
De todos modos, el choque se empató a 3; sin embargo, no sirvió de mucho porque, en el noveno rollo, un doblete de José Figueroa, sobre el pitcheo de Oscar Villareal, se trajo dos carreras, que a final de cuentas marcaron la diferencia en el pizarrón, a favor de los visitantes.
Y si aquí influyó el mal relevo, la poca efectividad en el bateo y hasta la marfilada del ampáyer, en el último de la serie, se jugó mal. De plano. Uno de los estelares de Culiacán quedó clasificado al nivel de jugador llanero. Así de simple.
Veamos:
En el cierre del noveno capítulo, 2-1 abajo en la pizarra, Tomateros colocó corredores en primera y segunda, con solo un out y el empate pareció inminente, con Cory Deker, en la caja de bateo. Sin embargo, el gringo, en cuenta llena, conectó un globito por rumbo de la segunda base, donde Carlos Valencia capturó sin problemas, para percatarse, de inmediato, que Maxwell León ya daba vuelta por la antesala, para completar el doble pley en la intermedia, ante el malestar generalizado de la fanaticada.
Maxwell se vio pésimo. Aún en bateo y corrido pudo haber regresado a la segunda, puesto que ser vio, desde el principio, que la palomita era controlable. Pudo haberse desconcentrado y pensar, suponemos, que había ya dos outs en el marcador. No encontramos otra explicación.
Total, una nueva derrota.
Y como dicen en el rancho: “Cuando no es Chana es Juana”; pero eso no consuela a nadie.
En fin.
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Para cerrar.
Al momento de aparecer esta columna en línea, ya están en desarrollo cuatro nuevas series en igual número de plazas de la Liga Mexicana del Pacífico: Tomateros de Culiacán en Mazatlán; Mayos de Navojoa en Los Mochis; Naranjeros de Hermosillo en Obregón y Charros de Jalisco en Mexicali.
Series propicias para un montón de movimientos en la tabla de posiciones: arriba, abajo y a la mitad.
Ya nos fuimos.
Dios los bendiga.
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