PA´QUE SEPAN LO QUE SE SIENTE
Jorge Aragón Campos
No necesito hacerles notar que, ante el anuncio del recorte al presupuesto federal, la reacción generalizada ha sido de pánico y de histeria. El diluvio.
Al día siguiente de la conferencia de Videgaray, salí a la calle esperando encontrar a la población víctima de la mayor de las angustias (por cierto ¿de dónde habrá sacado el titular de Hacienda los pantaloncitos necesarios para salir a dar una mala noticia? ¿Acaso de la certeza de que su naturaleza como delfín alcanzó nada más hasta el primer año de este sexenio?), y grande ha sido mi sorpresa al encontrarme con que el mundo amaneció muy normalito.
Para los que ya somos de edad avanzada, es imposible no remitirnos al pasado no muy tan lejano, cuando los anuncios de recortes y apretones al cinturón se referían únicamente a la ciudadanía; cuando había problemas de dinero, el gobierno recurría de inmediato a los aumentos desmedidos y generalizados de impuestos, energéticos, servicios, etc. a la vez que congelaba salarios, todo en aras de corregir la penuria con “medidas dolorosas pero necesarias”. Dolorosas para gente como usted y como yo, porque en el gobierno no era más que otro banderazo de arranque para seguir administrando la abundancia… la de ellos, que parecía no tener fin.
Nunca pensé que fuera a decir esto: disfrute del mensaje de Videgaray. No deja de ser una agradable sorpresa, escuchar a un secretario de estado diciendo que ahora el que se va a joder es el gobierno y no el ciudadano de a pie: recortes a paraestatales y secretarías, y confirmación de que no habrá incremento en tarifas ni nuevos impuestos. ¡Por eso a la gente le valió el anuncio! Porque, al menos hasta el momento, no implica que nos vuelvan a sacar de nuestros bolsillos.
Pero tampoco nos entusiasmemos mucho, la libramos hoy no porque los tipos hayan adquirido repentinamente conciencia social, lo hacen así porque nos han llevado (o se han llevado a sí mismos) a una situación donde acabaron acorralándose, se quedaron sin margen de maniobra porque mataron a la gallina de los huevos de oro y, eso espero, ya no tienen habilidad para encontrar nuevas y más ingeniosas formas de fregarnos.
Pa´que sepan lo que hemos sentido los mexicanos comunes y corrientes (más corrientes que comunes, diría un amigo mío) durante los últimos treinta y tres años, que es ese el tiempo que tenemos en crisis económica. Soy de la opinión de que nos apuremos a disfrutar el momento, además de prepararnos para defendernos en el futuro cercano de estos bandidos, porque de que volverán… volverán. Sobre aviso no hay engaño.