GABRIEL GARCIA RABANO
Jorge Aragón Campos
A mí me parece que el movimiento literario conocido como el boom latinoamericano, vivió su momento más alto en los setentas. De entre sus exponentes, sin duda Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa fueron dos de sus principales exponentes, y por lo mismo nunca dejaron de llamar la atención su fricciones, al punto de que, supuestamente, llegaron a las manos.
En aquel entonces, las posiciones políticas de ambos eran opuestas, a Vargas Llosa se le consideraba de “derecha” por su indeclinable postura a favor de la democracia, mientras a que García Márquez se le ubicaba como “progresista”, es decir comunista: las izquierdas lo adoraban y a él le gustaba dejarse querer. Era legendaria su fraternal amistad con Fidel Castro, la cual sólo menguó cuando el dictador se negó a atender una súplica a favor de un reo político que sería ejecutado. Pese a ello, el gabo nunca abjuró.
Cuba y México fueron las segundas patrias de García Márquez, Cien Años de Soledad lo escribió aquí y no debe extrañarnos pues vivió 53 años en nuestro país. Según una entrevista al diario español ABC, Gabriel Eligio Torres García, sobrino del escritor, reveló que fue hace quince años cuando el gabo supo que padecía cáncer linfático, noticia que lo emplazó a poner en orden sus asuntos; “el tejió su propia mortaja literaria”, confiesa el sobrino.
Gabriel García Márquez, en pleno uso de sus facultades, decidió que sus archivos personales los resguardara la universidad de Texas (40 cajas de documentos conteniendo más de 2000 cartas, 10 de sus libros, entre ellos el manuscrito de Cien Años de Soledad, más de 40 álbumes de fotografías, borradores de En Agosto Nos Vemos y una copia mecanografiada de Crónica de Una Muerte Anunciada, entre muchas cosas más).
Según afirma su sobrino, el escritor desconfió de Colombia y de México para esa tarea, y por lo visto también de Cuba. Eso sí, los archivos no fueron entregados a los gringos como donación, pues medió el pago de 2.2 millones de dólares, los cuales fueron cubiertos en diciembre pasado, o sea que al escritor no le tocó ni un cinco.
Tal vez García Márquez lo hizo para dejarle un patrimonio a sus seres queridos, tal vez tuvo poderosas razones técnicas (la Universidad de Texas es una potencia mundial en la preservación de documentos), y ultimadamente el tipo, como cualquier otro, fue muy libre de hacer lo que le pegara su regalada gana, el asunto es qué diablos hago yo ahora con esta sensación de rotura interior que me deja el enterarme de la noticia.