¿CORREMOS A PEÑA NIETO?
Jorge Aragón Campos
Un grupo de notables, ha lanzado en la ciudad de México la iniciativa de exigir al INE, agregar a la boleta electoral la opción de revocarle el mandato a Enrique Peña Nieto; ante semejante idea, gente que, me consta, es firme crítica al desempeño presidencial, matiza su postura y como argumento arroja una pregunta: ¿es su renuncia la solución al problema?
Por si no lo recuerdan, en el 94 ocurrió algo semejante: ya estábamos hartos del PRI, pero el asesinato de Colosio provocó miedo entre muchos críticos y decidieron que más valía no hacer más olas, no fueran a empeorar las cosas. Así fue y así nos fue.
No entiendo por qué muchos se asustan hoy con la idea de cortar por lo sano, como si en verdad existiera el riesgo de que nuestra crisis empeore por la inestabilidad que provocaría una renuncia presidencial. El reciente nombramiento del ex comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral en el Estado de Michoacán, Alfredo Castillo (anteriormente titular de PROFECO) como titular ¡del deporte! nos habla de que a nuestro presidente, no podemos aplicarle la grosera metáfora de un elemento gangrenado al que debemos amputar, sino la de una metástasis maligna cuyo tratamiento puede costar la vida del paciente. Dicho en palabras más simples: esto ya es mucha locura.
Soy un convencido de que la renuncia de Peña Nieto no es la solución a nuestros graves problemas, igualmente estoy convencido de que si no empezamos por ahí el precio a pagar nos resultará mucho más alto, como en el 94.
Los motivadores recurren mucho a la expresión “si no eres parte de la solución, entonces eres parte del problema”, y creo que a Peña Nieto le queda muy bien. Yo no le temo a la turbulencia que sin duda provocaría su renuncia, a lo que en verdad le tengo miedo…mucho miedo, es a la crisis económica que nos estallará en cualquier momento después del 7 de junio, provocada principalmente por un gobierno de pedantes e incompetentes, cuya mayor gracia es evidenciar el poco cuidado que ponen a la hora de cometer sus transas.
Soy de los que afirman que en el momento actual, la renuncia presidencial no es la solución al problema, es nada más el principio de la solución. Entonces, la pregunta que hago es ¿vamos a empezar a resolver ya nuestros problemas? ¿O le seguimos haciendo al tío lolo?