DOS A LA SEMANA

TODOS SOMOS GRIEGOS

Jorge Aragón Campos

Nomás por no caer en el que es ahora tema obligado (la fuga del Dr. Guzmán Loera), mejor agarro el de los griegos.
Según un meme que circula en Internet, el actual presidente de Grecia, Alexis Tsipras, acabó doblando las manos frente a los acreedores, porque no aguanto le estuvieran hablando cada media hora los cobradores del call center de HSBC. El chiste es bueno, debemos reconocer, pero además es ilustrativo de una realidad que los economistas se empeñan en ocultar: la macroeconomía y la microeconomía son lo mismo.
En este momento, el historial crediticio de muchísimos mexicanos, cuenta por lo menos con una tarjeta de crédito cuyo saldo hace tiempo dejó de bajar, a pesar de las inyecciones mensuales de efectivo, y eso en el mejor de los casos porque en la mayoría el saldo crece mes con mes. Por supuesto, el deudor visita su banco buscando la manera de establecer un convenio, obteniendo como respuesta no una reestructura a largo plazo con tasa fija, para asegurarse ambos (deudor y acreedor) el finiquito del adeudo, sino un nuevo crédito para pagar el viejo. Pregunto ¿si a usted, cuando el amigo a quien le prestó, le confiesa sus dificultades para pagarle, se la pone más fácil o le presta más dinero?
El problema de Grecia es similar pero peor; todos los señalamientos en el sentido de un manejo dispendioso de los empréstitos tienen mucho de cierto, pero nadie menciona que el endeudamiento no ocurrió de la noche a la mañana, fue paulatino y hace años resultó evidente el mal uso de los recursos, los bancos lo sabían, Alemania lo sabía, la eurozona lo sabía, pero todos optaron por seguir prestando a gobiernos corruptos e ineficientes con la esperanza de que algún día, de alguna manera, el círculo vicioso se rompiera. Por supuesto, vale la pena mencionar que en el mercado de dinero (el de verdad) nada paga mejores intereses que una deuda soberana.
Son muchos los que se han empeñado en hacer ver a Grecia como una nación irresponsable, pero sus prestamistas son tanto o más culpables, al pasar por alto una vieja expresión de banqueros: si debes un millón de pesos tienes un grave problema, pero si debes mil millones el que tiene el problema es tu banco. Un banquero de verdad, sabe que a la hora de prestar la responsabilidad es más del que suelta que de quien recibe. Lo contrario es receta para el desastre.