JUBILACION EN LA UAS

Ernesto Hernández Norzagaray y su jubilación

Ana Laura Arellanes Espinoza

Ya no sorprende mucho el “bombardeo loco”, persistente, de parte quien en su paso por la UAS tiene una marcada ausencia en las aulas, pues durante lo que debería haber sido su “ejercicio académico” se dedicó a presionar a rectores para adquirir toda clase de prebendas que lo mantuviera alejado de las escuelas, ya sea con años sabáticos, con comisiones o con becas en el extranjero que les facilitó acumular maestrías y doctorados para limpiarse el trasero.
El personaje que me refiero, con su tic tac universitario, es Ernesto Hernández Norzagaray, ex Consejero Estatal Electoral –durante los tiempos de Juan S. Millán y Jesús Aguilar Padilla-. Excelso miembro del “Grupo de los Exquisitos”, este señor, buscó acomodo, espacios, en revistas y diarios para de ahí, presionar a los rectores que no se sometían a sus caprichos. Fue y es crítico de las autoridades universitarias y ahora de toda clase –municipales, estatales y federales- que no responden favorablemente a sus demandas personales.
¿Qué le aportó a la Universidad Autónoma de Sinaloa? Nada ¿Qué papel jugó en el saqueo la de Universidad? No se cansó nunca de exigir recursos para sus “estudios” en el extranjero ¿Dónde estaba cuando la UAS necesitaba de sus mejores cuadros para alcanzar altos grados de excelencia académica y prestigiar el nombre de la universidad en Sinaloa y México? Precisamente gozando de años sabáticos o de becas en el extranjero, en España u otros países, con cargo al erario de la UAS.
Cuando Ernesto debería de estar impartiendo cátedra le sobraban pretextos para eludir su responsabilidad de académico. Su paso como miembro del Consejo Estatal Electoral, fue de sumisión a las directrices antidemocráticas de Millán y Aguilar. No hay pierde si se investigan el papel que desempeño en los dos sexenios del órgano estatal electoral. Ahí estaba él, Ernesto Hernández Norzagaray, cumpliendo con sus obligaciones “ciudadanas”, en el CEE, cuando debería de haber estado dando clases.
El que se dice ahora periodista, Ernesto, “El Exquisito”, se jubiló de la UAS, sin pena ni gloria. Con más desgracias que aportes universitarios. Goza de una pensión o sueldo íntegro mensual como jubilado o pensionado de 45 mil 895 pesos, cantidad a que se le suma a pensión que recibe del IMSS. Los 45 mil 895 pesos, por si finge taradez, se toman, para pagarle, del presupuesto de La UAS, dinero que debería destinarse a la educación, pero Ernesto hace como que no se da cuenta muy activo brindando asesoría antiUAS y a los candidatos empresariales. Su condición biológica lo ubica en el estatus de persona activa. Su estado mental lo instala, como lo denunció Richard Lizárraga Peiro, con una “adicción enfermiza” por el diputado Héctor Melesio Cuén Ojeda. Lo odia pero no puede vivir sin él.
La Universidad requiere capitalizarse y garantizar la estabilidad laboral, por lo que el rector Juan Eulogio Guerra Liera ha convocado a la unidad y ha puesto en la mesa de la discusión temas sobre el fideicomiso y la preservación de la jubilación dinámica. Sí, activos, más que jubilados, deben tomar “el acuerdo correspondiente sobre los planteamientos que se han presentado para garantizar la jubilación dinámica y para cambiar el marco normativo laboral”.
Es necesario conservar el fideicomiso siempre y cuando sigan haciéndose las aportaciones, con recursos de la Universidad y de los trabajadores, con el riesgo de que la jubilación no alcance al personal académico, intendencia y administrativo que ingrese a partir del 2016. Esa es una de las propuestas. No hay que cerrarse, salvo a que se le siga apostando solamente a seguir tomando recursos que el gobierno federal, vía la SHyCP y la SEP, otorga para la academia, la ciencia, la cultura, las artes o la investigación para pagar jubilaciones o pensiones mensuales. Sin embargo la UAS es un ente educativo, no es un Afore, no es el IMSS o el ISSSTE.
No creemos que a Ernesto Hernández Norzagaray le vayan a quitar su jubilación dinámica de 45 mil 895 mil pesos, salvo que él ya no los quiera tomar o recibir o donarlos a la UAS en compensación por lo que el alma mater le otorgó. En reciprocidad por los años sabáticos o de sus múltiples viajes y estadías en el extranjero.
En su “tic- tac universitario”, Ernesto Hernández, pese a que se la tira de investigador, acepta que no sabe cómo andan los estudios sobre la esperanza de vida y actuariales de los universitarios; lo cierto, acepta, es que en la UAS cualquiera se puede jubilar al cumplir 25 o 30 años en la nómina —no necesariamente trabajando en el aula o en las labores administrativas— y eso ha permitido, asegura, que haya jubilaciones tempranas, o sea que en el caso de éstas, les falta mucho para llegar a la esperanza de vida promedio de los mexicanos que es de 76 años.
No hay entonces sacrificio y entrega por y para la UAS. Muchos se van, con su pensión o jubilación, con salarios completos, a brindar servicio a otras instituciones educativas, incluso privadas, a asesorar a políticos millonarios, a atender despachos, y se olvidan de la universidad, a la que regresan nada más a cobrar su pensión, haciendo fila como si se tratara del IMSS o el ISSSTE o de alguna Afore.
Hay una propuesta interesante: en el caso del nuevo personal, tendrían que jubilarse con la nueva ley del IMSS de 1997, lo que significa que su futuro no es incierto, sino que al jubilarse gozarían de una pensión, la que les corresponde en apego a la ley, conforme a las aportaciones, sí, con un régimen de pensiones como cualquier mortal, como funciona en la UNAM, en la UAIM, UdeO y otras instituciones del país, sin embargo a juicio de Ernesto “en una institución como la UAS donde el relevo, al menos del personal académico, se está cubriendo con profesores de asignatura, es poco alentadora la oferta de ingreso”.
¿Qué es alentador para Ernesto? ¿Tomar recursos de la educación para pagar una sobrejubilación o sobreprestación? ¿No va a ser alentador trabajar entonces para la UAS porque se gozará al final del camino con una sola pensión, la del IMSS? ¿Es alentador no ser solidario, no aportar a centavo al fideicomiso para sostener la Jubilación Dinámica? , la que, a juicio de Ernesto, tiene un “boquete” que le hicieron 380 ex trabajadores no solidarios con la UAS y el Fideicomiso que demandaron para que les devolvieran sus aportaciones, “boquete” que podría –amenaza el jubilado Ernesto Hernández- hacerse más profundo si prospera la demanda que han emprendido abogados en el estado y los que se han llevado casos a los tribunales del DF, abogados y jubilados que mañosamente no han puesto en la mesa jurídica la discusión sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de tomar recursos para la educativos superior para fondear jubilaciones o pensiones. En realidad este debería ser el tema, la discusión seria.
Exacto. Las interrogantes van en el sentido si es moral, ético, jurídico, legal, usar los recursos presupuestados para educación en el paga de jubilaciones “dinámicas”. Si es ético y moral negar aportaciones a un Fideicomiso que al final de cuentas servirá para sostener la jubilación dinámica y no sangrar económicamente a la UAS que requiere cada vez de más recursos para su crecimiento.
Ernesto Hernández Norzagaray, con todo y sus “adicciones mentales” –una de tantas es por Cuén- tergiversa información, desvía la discusión toral, fundamental, siembra sospechas, a la transparencia le llama silencio, al desarrollo estancamiento, porque a su juicio, si no es el que lleva la voz cantante en el análisis o en la opinión “no se puede estar discutiendo en abstracto”, aunque reconoce que, con todo y sus ataques, que la propuesta del rector podría tener viabilidad para conservar el fideicomiso de la jubilación dinámica, siempre y cuando obvio, no le aporten los beneficiarios.
Dice, que “no obstante, la esperanza muere al último, y espero como todos los que hemos resistido a la tentación de demandar, termine por imponerse la cordura y se conserve la jubilación dinámica”. Todos coinciden en este punto, pero en la cordura tiene que ir impresa la solidaridad de jubilados y trabajadores en activo con la UAS y el fideicomiso.
Ernesto Hernández, como jubilado y ex Consejero Electoral Electoral, y mandadero del diputado Manuel Clouthier Carrillo está molesto porque en el escenario hay gente que opina distinto a él, a la que torpemente califica de “detractores” de la jubilación dinámica, pues dice que la cuestionan, sacando casos aislados de gente que se ha aprovechado de la UAS (Ernesto es un ejemplo preclaro del saqueo universitario), y que según él atizan sin consideración alguna lo que representará la disolución del fideicomiso para familias enteras y en particular, los que ya se encuentran en la tercera edad o son enfermos crónicos.
Es grotesco y muy mentiroso Ernesto en la tarea de distorsionar la verdad y los escenarios. Ni él se la cree. Lo traiciona su “adicción mental” por Cuén y el PAS. No existe hasta ahora ninguna voz que se haya expresado o atizado en pro de la disolución del fideicomiso, sino por el contrario, las hay que explican la necesidad de conservarlo para que perdure la jubilación dinámica. Que se de esa solidaridad de los trabajadores con el Fideicomiso, para poder sostenerlo y que fluyan los recursos para el pago de la sobreprestación o la doble jubilación, para los extrabajadores.
Tampoco hay quienes se oponen a darle atención a los jubilados de la tercera edad o enfermos crónicos o que se les niegue atención médica, responsabilidad que le compete al IMSS, que también les entrega las pensiones mensuales ¿De donde sacó Ernesto esta mafufada? Las fobias y el miedo de que le quiten su jubilación uaseña de 45 mil 895 pesos mensuales exhibe a Ernesto Hernández como un mentiroso.
Cuando nada más era el que opinaba le podía funcionar…Hoy no…En la UAS ya se sabe que su arma y alma de “escritor” es la falsedad…