EL ANGOSTO MUNDO
Jorge Aragón Campos jaragonc@gmail.com
Las redes sociales, principalmente Facebook, se han convertido en la ventana por donde nos asomamos e interactuamos con el resto del mundo; ahora sí, literalmente: con el mundo.
La voz popular aconseja ser meticulosos a la hora de pedirle favores a Dios, no vaya a ser nos los conceda. Para no todos los que aspirábamos a romper el cascarón de este rancho grande, ha resultado una buena experiencia esta de la globalización del contacto humano a través de la internet.
Está semana a resultado prolija tratándose de videos escandalosos en Facebook: está la joven “poseída” aquí en nuestra ciudad, un pleito callejero entre dos muchachas adolescentes que acaba con la muerte de una de ellas (desconozco en qué lugar fue grabado), y un caso de bullyng peligrosamente excesivo, en el interior de un aula, donde una muchacha agrede a una compañera. Curiosamente todos los videos tienen como protagonistas a mujeres y por lo general muestran violencia extrema.
Más de una protesta he recibido por compartir y difundir esta clase materiales, la mayoría me acusan de morboso, otros me recuerdan cuando comparto videos simpáticos, alegres, etc. y me piden les de espacio sólo a ese tipo de mensajes.
El mundo y la condición humana son de claroscuros, somos una especie capaz de realizar los sueños más maravillosos, así como las más espantosas de las pesadillas (dice en su novela Carl Sagan), por lo mismo es importante embebernos de todo; mientras mayor consciencia tengamos de nuestras virtudes y nuestros defectos, más factible será sustituir a los segundos con las primeras, caso contrario, el concentrarnos sólo en lo que tenemos de bueno nos llevará al ensimismamiento y a la autocomplacencia.
Por lo general, los que claman por que los contenidos en las redes se mantengan dentro de nuestra zona de confort, sólo están buscando mantenerse en un autoengaño: ver el mundo como un lugar donde todo es rosa, convencidos como están de que los humanos no tenemos remedio. Se equivocan de cabo a rabo, al final de cuentas hay motivos sobrados para el optimismo: son muchos, muchísimos más los mensajes positivos, alegres, constructivos y gozosamente ociosos que circulan por la nube, claro que las atrocidades también existen, pero son las menos aunque se notan más, y esto en buena medida se debe a los gritos y protestas de los felizólogos, que insisten en no ser molestados ni con el pétalo de una flor. O sea que les da güeva pensar tantito. Bronca de ellos.