PARECE A PROPOSITO
Jorge Aragón Campos jaragonc@gmail.com
Este martes tres de mayo, la avenida Obregón de nuevo fue bloqueada por habitantes de la colonia Chapultepec, quienes, según las crónicas periodísticas, fueron acompañados, apoyados o las dos cosas por militantes de MORENA.
Apenas cuarenta y ocho horas antes, en ese mismo lugar (avenida Obregón, frente a palacio municipal), el desfile del primero de mayo tuvo como elemento relevante la participación de un nutrido contingente universitario, lo cual no es novedad; desde hace años, la UAS es el reservorio de la mayor comunidad de trabajadores con alto nivel de politización, algo muy común hace décadas inclusive en sindicatos afiliados a la CTM; al menos aquí en Sinaloa desparecieron todos ellos e, insisto, el único grupo vigente está en la UAS (otra vez nuestra alma mater poniendo ejemplos).
Si es verdad que en política no existen las coincidencias, entonces a lo que estamos asistiendo es al inicio de una escalada que tiene como objetivo tronar el actual proceso electoral en nuestro estado, se le está metiendo presión a lo que no lo tenía, y eso lo están haciendo quienes ven como poco favorable el rumbo que hasta ahora ha mantenido dicho proceso.
La presencia de la UAS en el desfile obrero, se distinguió esta vez no por las dimensiones de su contingente, sino por su discurso, llamando a respetar a la institución, envuelta ahora en la vorágine electoral desatada por la guerra sucia la semana pasada. Por cierto, vale la pena mencionar la política institucional universitaria, que desde el inicio ha pintado su raya, por la vía del blindaje presupuestal y la decisión de cerrarla a todos los candidatos y todos los partidos; hay fuerzas, pues, que insisten en meterla al pleito, a lo cual las autoridades universitarias respondieron llamando a la serenidad y a la cordura de los actores en campaña. Malo que ya se vieron obligados a hacerlo.
Vuelvo al cierre de la Obregón.
¿En verdad es tan difícil arreglar el asunto de los camiones en la colonia Chapultepec? Porque el problema ahí no es el cambio al sentido de las vialidades, sino la reestructuración de las rutas de camiones, incapaces de pasar por el tamiz del más elemental sentido común ¿Tan de ese tamaño son los compromisos de los dos niveles de gobierno (municipal y estatal) con el pulpo? O de lo que se trata es de hacer crecer la irritación de la ciudadanía.
Capaz es verdad que en esto no hay coincidencias, por lo tanto se está haciendo a propósito; y no me digan que no saben qué propósito es. Ya una vez nos quemaron palacio. ¿Nos lo volverán a quemar?