PALCO PREMIER

 

= Maxwell León, Maximino y los Tomateros de Culiacán

= Paquin Estrada: de lo alto de la gloria a lo profundo del infierno

= Plazo para aprovechar descuentos: el 31 de mayo

Jorge Luis Telles Salazar

 

Maxwell León, hijo de Maximino, es uno de los mejores peloteros que han llegado a Tomateros de Culiacán en los últimos años y uno de los que gozan de mayor reconocimiento por parte de la afición local. En sus inicios, incluso, Maxwell fue considerado como un firme prospecto de Grandes Ligas; sin embargo, las cosas no se dieron en su favor y terminó por tomar la decisión de hacer carrera en el beisbol nacional.

Paradójico: hijo de Maximino León, uno de los íconos de Naranjeros de Hermosillo, quizás su sueño original fue vestir el uniforme representativo de su ciudad natal y matar a palos al pitcheo de Tomateros cuantas veces se vieran las caras – en función de la enorme rivalidad deportiva entre ambos clubes -; pero fue la directiva de Culiacán la primera en observar su talento, para incluirlo, en su oportunidad, en su roster oficial. Y Maxwell, curiosamente, es guinda desde el momento mismo de su incursión en la Liga Mexicana del Pacífico.

Y guinda de corazón, no tenemos duda.

Casualmente, Maximino, su padre, inició su carrera hacia el estrellato, justamente con Tomateros. Max llegó a Culiacán para jugar la temporada 1969-1970, en calidad de préstamo y fue uno de los más valiosos en la conquista del campeonato de esa campaña que por coincidencia llevaba el nombre de don Juan Manuel Ley Fong. Los viejos aficionados – en aquella época demasiado jóvenes – aún le recuerdan su relevo en el segundo juego de la gran final contra Cañeros de los Mochis, una memorable noche de enero de 1970.

Maximino entró al partido, cuando el rancho ardía y los esmeraldas tenían la casa llena, sin out y con el juego todavía en el alambre, ante un lleno impresionante en un estadio que parecía un volcán en erupción. León dominó a los bateadores restantes con relativa facilidad y eso le permitió a Tomateros preservar un triunfo que los catapultó hacia la segunda corona de su historia. Concluida la campaña, la fanaticada pidió a gritos el regreso de Max; pero ya fue imposible: los Naranjeros se quedaron con él y ya no lo soltaron por nada del mundo. Lo retuvieron, incluso, hasta el final de su carrera e hicieron bien. Es uno de los grandes del club de la capital de Sonora.

A Maxwell, por su parte, ya le tocó disfrutar de una experiencia similar. Fue campeón con los guindas en la edición 2014-2015 y su aportación a ese anhelado título (tras once años de sequía) fue más que importante, tanto a la defensiva como a la defensiva y ni se diga a la hora de correr las bases, que es también una de sus cartas de presentación.

En suma: la calidad de León es indiscutible. Han sido las lesiones las que han mermado su rendimiento en el último año; concretamente en la temporada pasada, cuando el hijo de Maximino no escapó a la maldición que pareció caerle al equipo guinda, en su totalidad. Por eso, son alentadoras las informaciones que nos llegan de Campeche, en torno a su papel en lo que va del calendario regular. Está de regreso y con una actitud inmejorable. Seguramente lo veremos de nuevo, en plena forma, a partir de octubre próximo.

Ojalá.

= PAQUIN; DE LA GLORIA AL INFIERNO =

En contraste.

La mala racha en la que entró Paquín Estrada de unos años a la fecha – tanto en su carrera como en su vida personal y familiar – ya parece interminable.

En fecha reciente fue cesado como manager por los Olmecas de Tabasco, por los malos resultados de este plantel, de la división del Sur de la Liga Mexicana de Beisbol. Paquín ingresó así al poco envidiado club de quienes pierden su trabajo como tales en la presente campaña, junto a Mario Mendoza (Vaqueros de Unión Laguna), Che Reyes (Guerreros de Oaxaca) y Mark Weidemaier (Aguila de Veracruz).

Años de gatos negros, sin duda, para quien ha sido uno de los mejores cátchers ofensivos de la pelota mexicana; sin embargo, los últimos descalabros no son suficientes como para excluirlo de la clasificación como uno de los grandes managers del beisbol nacional.

Y de esto, los más autorizados a sostenerlo, son precisamente los seguidores del club de casa: Tomateros de Culiacán.

Aquí, Francisco Estrada vivió sus años gloriosos, sin duda alguna.

Lo recordamos todos: Paquín llevó al título a Tomateros en la temporada 82-83 (la de la mexicanización) y refrendó en la 84-85. Tras años de altas y bajas, volvió para la campaña 94-95 y alcanzó el subcampeonato, solo para ganar dos títulos consecutivos, en 95-96 y 96-97. En 1996, incluso, logró la corona de la Serie del Caribe en Santo Domingo, República Dominicana y el segundo lugar en 1997, en Hermosillo.

Estrada vino al “Angel Flores” para la final de 1998-1999, pero como manager de Aguilas de Mexicali y nos ganó aquí ese campeonato. Unica ocasión, por cierto, en la que los seguidores de Tomateros hemos visto coronarse a otro equipo que no sea el de casa. ¿Recuerdan – para ilustrar esto – aquel jonrón de Lalo Jiménez, como resultado una discutible decisión de Nelson Barrera, en ese entonces timonel de la nave guinda, a la hora de seleccionar el pitcher de relevo para ese momento?

En ese ir y venir, Paquín volvió a Tomateros. Todavía para triunfar en la campaña 2001-2002 y en la Serie del Caribe. Y también para gozar los mieles de la victoria en la 2003-2004, epilogada también con una gran actuación en la competencia de la cuenca caribeña.

Ahí, precisamente, comenzó la debacle de Paquín.

Para la temporada 2004-2005 (ilusionada con la Serie del Caribe que se desarrollaría en el puerto de Mazatlán), la directiva de Tomateros puso en sus manos uno de los mejores equipos de la historia; un verdadero trabuco, como se dice en el argot. Ese tremendo plantel, sin embargo, no logró avanzar más allá de la serie final, aunque, como bálsamo, los refuerzos tomados de Tomateros fueron brillantes protagonistas en Mazatlán-2005.

Paquín dejó de ser manager de Tomateros y de entonces a la fecha no ha visto la suya, ni en invierno, ni en verano. Sentimentalmente forma parte del club Culiacán y hasta tiene algunas tareas asignadas por ahí; pero su mala racha no ha terminado. Y tan no ha concluido que ahí está ese cese fulminante de los Olmecas de Tabasco.

Ya vendrán tiempos mejores. Finalmente “no hay mal que dure cien años, ni cabrón que los aguante”, decía mi abuela en las ya muy añejas tertulias dominicales.

En fin.

= FINAL DEL PLAZO A LA VUELTA DE LA ESQUINA =

Y bien.

Ubicados en el área comercial, déjeme recordarles que el 31 de mayo es la fecha tope para gozar del 25 por ciento de descuento, en butacas numeradas y palcos jardín, en el estadio de la Nación Guinda, para la próxima temporada de la Liga Mexicana del Pacífico. Los precios los puede consultar usted en las oficinas del club, localizadas dentro del mismo parque de pelota.

Del mismo modo, le reiteramos que hay otro plazo, este a fenecer el 30 de junio, para respetar palcos y butacas para los tenedores actuales. A la vez, puntualizarles que hay hasta seis meses para pagar con tarjetas de crédito participantes.

Si usted piensa comprar un espacio o renovar el que ya tiene, hágalo lo antes posible y aprovecha este tipo de facilidades.

Y por si ya lo olvidó, le recordamos que la campaña 2016-2017 es sumamente especial: culminará con la realización de la Serie del Caribe, aquí en Culiacán, que será simplemente sensacional.

Así las cosas, nos vamos ya.

Con nuestro deseo de siempre: que Dios los bendiga.