Culiacán al no ciudadanizar sus obras se aleja de las políticas urbanas modernas

Arq. Jesús Fdo Aragón Campos

La carta fuerte de los gobiernos salientes tanto estatal como municipal es que proyectan a la ciudad de Culiacán hacia una modernidad (concepto muy personal de ellos), todo esto a partir de la infraestructura vial, hay que decir que solo estuvo concentrada exclusivamente a cruceros abarrotados por la demanda vehicular.

Habría que preguntar si el problema estaba en los cruceros o en la sobrepoblación de vehículos de la misma e ciudad, que ya lidera la mayor cantidad per cápita de vehículo por habitante  del país, estos pasos deprimidos demostraron que al prestar el flujo continuo de vehículos depositaron la congestión a las retículas viales contiguas, entrampando igualmente a los vehículos en ellas, el mensaje a los ciudadanos fue muy   claro, que solo con automóvil particular se beneficia de la política pública de movilidad urbana,  se olvidaron que vialidades, banquetas y plazas forman parte de un espacio público, es decir espacio de todos y que el vehículo no es el único demandante de este espacio, en el mismo paquete se olvida que la jerarquía preponderante es el peatón.

Imagen. IMPLAN Mochis.

 

 

Lo más inteligente de la política pública encaminada al pedestrismo es que esta infraestructura es la de menor costo y al mismo tiempo la de mayor beneficio social pues  es elemental para la estructura de la misma ciudad, no solo el caminar es la forma natural de desplazarnos, contemplar y pensar,  desde ahí se moldearon las retículas viales urbanas que preceden a la aparición del auto, siempre respetando la topografía natural, dando las formas rompientes y entretenidas que le daban  carácter y  encuentro espontaneo de las ciudades antiguas, el auto en cambio con su velocidad alargó las vialidades y las distancias, monótonas y sin quiebres porque ocasionan accidentes, la escala dejo al peatón con un paisaje que cansa antes de recorrerlo, esto se llama el síndrome de las piernas cansadas.

El doctor Jesús Manuel Fitch Osuna de la Universidad Autónoma de Nuevo León, curiosamente del mismo lugar de procedencia de quienes hicieron la ingeniería de flujos del par vial, con enfoques del problema totalmente distintos. Jesús Manuel nos explica que la misma valoración económica de la ciudad moderna es a través de sus conquistas urbano-ambientales, estas son obtenidas a partir de la accesibilidad, esta última es el catalizador para que funcione la jerarquía social, el ambiente y por lo tanto el valor inmobiliario, es decir que los lugares donde discapacitados y toda categoría de peatones pueden convivir en un espacio atractivo, este tendrá mayor valor, siempre y cuando evite estar cundido de vehículos, siempre que tengamos espacios públicos donde confluyan transeúntes como en las inmediaciones de la plazuela Obregón y el parque las Riberas tendremos espacios  consolidados en este sentido, esa es la beta a seguir,   es el fundamento de los especialistas para confirmar el aval de sus habitantes.

Recordar que El mayor punto de  inflexión se dio cuando  el alcalde Sergio Torres, ante actitudes propias y bajo la presión de los formatos del centralismo, impuso el proyecto del par vial sin lograr ni un solo aliado, Implanta una autopista difícil de consensar, todo el tiempo actuó como  mandatario progresista de la época en que todavía no maduraban  las instituciones, estas prácticas prevalecen hoy en día gracias a que no hemos pulido las estructura jurídico-política que rige la relación material de la ciudad,  dice el periodista José Reveles; “los mexicanos somos una sociedad enterada, pero no informada”, yo agregaría que no sabemos regirnos ni obligamos a regirnos (no somos hábiles en el uso institucional), nos reducimos a solo una sociedad quejosa, y en el otro lado de la balanza están los mandatarios con el entendido de que si ellos no impulsan verticalmente el desarrollo no se consuma, como resultado ya no se trata de un sobre enfoque de la moralidad,  sino el obedecimiento de la ley, esa es la  llave que acciona el mecanismo de respeto y avance, ya no hay entorno para las obra pública que no se convenia con la sociedad, sí las leyes son estrechas, más aun el espacio público y las calles, y lo peor fue que al imponer no consideró que  todos queremos la autopista urbana para llegar fácil y rápido a nuestra casa, pero nadie quiere la autopista próxima a su casa, pero el verdadero retraso para una modernidad es que  el presidente municipal rehusara a la infraestructura para una ciclovía en  dichos ejes por la irreflexión de que ocasionaría accidentes a los propios usuarios, que desprecio a la inteligencia de los diseñadores urbanos, pues el objetivo de la forma siempre será la utilidad. Finalmente solo asiento que la decisión unilateral de gobernantes jamás podrá remplazar a la razón de los habitantes y de quienes estudian esos espacios.