La libertad de expresión no es absoluta ni otorga derecho al insulto…
Por Héctor Melesio Cuén Ojeda
Hay quienes creen de manera equivocada, que la libertad de expresión establecida en nuestra Carta Magna y en los Tratados Internacionales es absoluta, lo cual no es así.
Bajo esa creencia, errónea completamente, y en un esquema de propósitos mezclados de intereses personales y de grupos políticos, e incluso de índole mercantilistas y de corte subjetivos, ciertos individuos, –que en lo personal y por convicción se les respeta como seres humanos–, consideran que la libertad de expresión es indispensablemente absoluta y, además, por lo observado en algunas ocasiones en ciertos medios de comunicación –no todos por cierto, sino sólo algunos–, piensan que tienen el derecho hasta de insultar e injuriar.
Empero, nuestra Ley Fundamental no establece en modo alguno ese derecho, es decir, al insulto o a la injuria en contra de terceras personas. Ello mucho menos a la luz del Estado Constitucional y Democrático de Derecho y, particularmente, del principio de igualdad y dignidad de todos los individuos; igualdad que por cierto, según hemos investigado, constituye uno de los pilares históricos en que se sustenta el Estado Moderno en el Mundo.
Por su parte, la dignidad de las personas –dicho sea de paso, y hay que tenerlo presente–, constituye el núcleo fundamental y la razón de ser de todas las instituciones públicas y sociales de dicho Estado Moderno. De esta dignidad, hay que decirlo para que quede bien claro, emerge la protección a la honra de que todas las personas, sin excepción alguna, somos titulares por disposición de las leyes.
Por ejemplo, el artículo 1800 del Código Civil para el Estado de Sinaloa en vigor, en el que se precisan los bienes jurídicos tutelados, como los sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor y reputación; cuya afectación que se considere a los mismos, constituye el daño moral.
Ante el eventual agravio de que este se dé, existe el pleno derecho de acudir ante las autoridades jurisdiccionales competentes. Ello derivado de una conducta insultante o injuriosa que, a juicio de las personas que les considere le afectan, dentro del citado Estado de Derecho, se tiene expedito el camino de acudir ante los órganos jurisdiccionales competentes, con el propósito de resarcir el daño infringido a los citados bienes jurídicos.
Para esto están los senderos institucionales dentro del referido Estado Constitucional y Democrático de Derecho. Sin que ello riña en modo alguno, la libertad de expresión, respecto de la que reiteramos, no es absoluta, con fundamento en lo dispuesto por los artículos 6° y 7° de nuestra Ley Suprema.
Tal libertad no es absoluta, entre otros, en los casos en que se ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros; genere dicho ataque algún delito, o perturbe el orden público, según lo estatuido en el párrafo primero del mencionado artículo 6° de nuestra Ley Fundamental. Lo cual se confirma dentro de lo contenido en el numeral 7° de la misma Carta Magna, al remitir a la primera disposición constitucional invocada.
Por ello afirmamos en el título de esta colaboración, que la libertad de expresión no es absoluta, ni tampoco otorga derecho al insulto; ello sustentados, además, en el principio de igualdad del Estado Constitucional y Democrático de Derecho, así como en el derecho humano a la dignidad de todas las personas, como lo afirmamos líneas arriba.
En razón de ello se colige, de que todas las instituciones públicas y sociales en el Estado Moderno en el Mundo, y por supuesto en México, tienen su raíz precisamente en la dignidad de las personas, sin distinción de ninguna índole; y bajo la misma, todos los seres humanos poseen el pleno derecho a ser respetados. En caso contrario, para eso están expeditos los tribunales para resarcir cualquier daño que se considere lesionado. Sin que ello signifique, en modo alguno, ser intolerantes, sino simplemente procurar la justicia por la vía institucional y civilizada cuando se considere lesionado algún derecho. Así de sencillo, porque ese es el Estado de Derecho al que todos aspiramos. Además, porque esa es nuestra convicción.
Gracias y que tengan un excelente fin de semana.