PIRAMIDES ANTIGUAS EN SINALOA
Jorge Aragón Campos jaragonc@gmail.com
El dichoso INAH, tiene en Sinaloa una bien ganada fama de estorboso, de bueno para nada. Primero aclaremos: la institución tiene muy poco tiempo con una presencia real en Sinaloa, ello motivado por la justificación de que en la región norte de México, los vestigios precolombinos se distinguen por la ausencia de grandes construcciones, por lo tanto todos los recursos, durante toda nuestra historia reciente, se destinaron a rescatar los grandes obras de las grandes culturas del centro y sur del país.
Lástima que no sea cierto.
No tenía mucho de fundado el INAH (no habíamos nacido todavía ninguno de los que hoy aún estamos vivos), cuando un sinaloense apasionado de la historia regional, se tomó la molestia de recorrer Sinaloa haciendo un registro fotográfico en diapositivas, donde se podían ver importantes vestigios dejados por los habitantes originales de estas tierras, incluida la protopiramide de conchas en Escuinapa (algún nombre hay que darle). Las proyectó en México ante el director fundador del INAH, con la idea de entusiasmarlo para que vinieran de México arqueólogos e investigadores a realizar una tarea que, desde entonces y hasta la fecha, ha sido cumplida sólo por gringos. La respuesta del funcionario fue “pues sí, pero asumámoslo, la historia de México ya está escrita y no nos vamos a poner a reescribirla”. El sinaloense, con mala cara y peores ademanes, comenzó a levantar su equipo para retirarse; al notar su molestia, el funcionario trato de suavizar la situación con intentos de justificaciones y promesas, promesas y más promesas, a lo que nuestro paisano respondió: ya lo asumí como usted lo pidió, ahora por favor váyanse mucho a chingar a su madre.
La anécdota no tiene desperdicio, es real, los nombres se omiten para proteger a los protagonistas; ocurrió hace décadas pero es ilustrativa de los excesos del centralismo mexicano, es un buen ejemplo para reforzar la postura de quienes sostenemos que los cambios en México deben ser reales y no cosméticos, porque es ahí donde anida el núcleo de la corrupción: los tránsitos pidiendo mordida, el policía extorsionando al vendedor ambulante, el burócrata que pide para sus cocas a cambio de agilizar el trámite, etc. son sólo manifestaciones anecdóticas que ocultan la verdadera fuente de nuestra corrupción. Ésta tiene su sustento en el diseño institucional generado por nuestras dos cámaras (diputados y senadores), así como por las instancias más elevadas del estado mexicano, para lograr un amasijo legal donde todo mundo queda chueco y en la indefensión, por un lado, mientras por el otro, la más absoluta impunidad está legalmente garantizada para todos aquellos que se hacen de mulas Pedro (pero en serio) con los recursos del erario.
Los sinaloenses somos un pueblo ignorante de nosotros mismos, en parte es culpa de los chilangos, cierto, pero a estas alturas del partido no quedan más responsables principales que nosotros. Poseemos una historia tan rica y tan exuberante, con rastros todavía tan monumentales como las ruinas en Escuinapa, cuya base aproximada era de 80 por 80 metros, con 25 de altura, que provocan en nuestros vecinos el suficiente interés como para venir a hacer lo que le corresponde a nuestras instituciones. Y aquí llegamos a la segunda fuente importante que da origen a la corrupción: nuestra güeva. Todo esto que nos ha ocurrido, es porque no hemos tenido la suficiente voluntad para ponernos a hacer nuestra tarea, a la vez que les respondemos a los del centro: vayan y chinguen a su madre.
Pues no qué muy machitos.