RESONANDO

 

ELIXIR DE AMOR: AL PUBLICO SINALOENSE…PAN Y CIRCO!

Por Ana María Ferral Garfias

Actualmente, montar una ópera requiere del apoyo y subsidio de las instituciones culturales, por los altos costos que representa el montaje y todos los elementos que intervienen en una producción operística. Por ello, es un acierto aplaudible que la SAS (Sociedad Artística Sinaloense) siga apostando en cada proyecto operístico por realizar, una puesta de calidad, brindando al público un acceso a un mundo fascinante como es la ópera.

 

Elíxir de Amor, de Gaetano Donizetti, ópera buffa, en dos actos, desarrollada en un pueblo italiano, a principios del siglo XIX, estrenada en Milán en 1832, abre la temporada de Primavera 2017 de la SAS-ISIC.

Cabe destacar que dentro del amplio repertorio del autor (alrededor de 75 óperas), Elíxir de Amor es de las más representadas a nivel mundial, por su ligereza y por su continuo fluido de hermosas melodías.

 

El elenco, estuvo conformado por un grupo de jóvenes cantantes talentosos que fueron invitados para esta producción. Muy destacable la esplendida interpretación de Daniel Loyola en  el papel de Dulcamara, también la de Juan Carlos Heredia como Belcore, y Angélica Mata como Giannetta. En el caso de los personajes protagónicos, Adina y Nemorino, interpretados por Ana Capetillo y Mario Rojas, me pareció que su participación no tuvo mayor relevancia dentro del montaje. No lograron mostrar empatía ni presencia escénica. Tuvieron un desempeño casi escolar.

Las representaciones se llevaron a cabo en Culiacán los días 28 y 29 de Marzo, en el teatro Pablo de Villavicencio; en el Teatro Ingenio de Los Mochis, el 31 de Marzo.

 

La esplendida participación y trabajo del coro en todo momento, estuvo bajo la dirección del talentoso Alejandro Miyaki.

La propuesta escenográfica a cargo de Erika Gómez, sobresalió gracias a la detallada factura de Eduardo Toledo, quien estuvo a cargo de la realización.

En cuanto al vestuario, también a cargo de Erika Gómez, no existió una unidad estilística y descuidó la confección y los detalles.

Cabe destacar la iluminación de Henry Torres, quien resolvió muy acertadamente la ambientación en cada  uno de los cuadros escénicos.

 

Entrando más a detalles, en referencia a la primera función a la cual asistí, me permito hacer algunas reflexiones que bajo mi óptica, me aportaron mucho más desaciertos que aciertos.

 

Me parece que no es nada recomendable, mezclar los idiomas en una ópera sin que resulte inverosímil e incoherente; o se hace toda en el idioma original apegado a la partitura del autor, donde puedes jugar sin afectar la intención del contexto, o la transcribes toda, con las intenciones locales de la región en cuestión por completo, lo que implica un trabajo titánico para darle el enfoque certero.

 

En éste Elíxir, hubo poco rigor pues se permitieron jugar arbitrariamente con el  idioma italiano, lenguaje en el que está escrita la ópera, agregando excesivos juegos de lenguaje en español de pésimo gusto, que rayaron en lo vulgar.

Lo que pudo parecer un montaje que arriesgase, en una propuesta provocadora ágil y divertida, terminó siendo un ocurrente planteamiento lleno de morcillas, ademanes y carantoñas, que lejos de involucrarnos en la historia aludió y ofendió  mi inteligencia y la de, seguramente, otros asistentes.

Estuvieron fuera de lugar los juegos de palabras, ejemplificados con los personajes de Belcore y Dulcamara, donde el primero hizo gran alusión a su buen físico, (texto que no incluye la partitura original) y el segundo, en su haber, mencionando a los monos bichi de Mazatlán, cuando la historia y el contexto del Elíxir de Donizetti, ni la representación de éste montaje, tuvieron que ver con el contexto actual de la ciudad vecina.

 

Con respecto a la  dirección de escena a cargo de José Medina, quien no tuvo el cuidado de trabajar a fondo con los solistas que dieron vida a  Adina y Nemorino, para contarnos una historia de amor, nunca logró que los personajes comunicarán al menos un interés amoroso, así como tampoco logró desarrollar un montaje ingenioso y divertido; estuvo muy limitado y pobre su trazo escénico en el espacio; el coro y solistas muy estáticos casi todo el tiempo; no hubo una propuesta innovadora, además de una total ausencia de alguna propuesta coreográfica; en su lugar, se permitió a los solistas bailaran hasta de “Quebradita”.

 

 

La acertada dirección musical con la OSSLA, estuvo a cargo del emblemático director Enrique Patrón de Rueda, a quien hay que reconocerle su gran trayectoria en el ámbito musical, particularmente en el operístico, donde ha dirigido a innumerable cantidad de artistas de talla mundial desde hace más de 3 décadas, dándole el título de mejor director de ópera en el país. Pero en esta ocasión, en mi opinión, no aportó nada nuevo, ingenioso, fresco ni valioso en su dirección vocal. Todo lo contrario: puro chacoteo, fuera de contexto y de mal gusto. Lo más triste es que se permita (y le permitan) alterar a este nivel, el contexto de una partitura tan ligera y divertida, para darle un vuelco vulgar y corriente.

Lo más relevante que se le ha visto últimamente a Patrón de Rueda aquí en Sinaloa, fue su destacada participación en la producción de la ópera Romeo y Julieta de Gounoud, producida por la SAS en el 2016, Pero últimamente le ha dedicado muchas presentaciones “Homenajes a Juan Gabriel” con solistas de su coro de Mazatlán… es un ingreso seguro! sin apostar al mayor esfuerzo por ofrecer más, instalándose en la comodidad absoluta.

Él ha sabido ser todo un profesional, lo ha demostrado en infinidad de conciertos, en distintas partes del mundo, pero es lamentable que en su estado natal, Sinaloa, su casa, se tome estas licencias permisivas que lejos de aportar conocimiento y experiencia, ofrece todo lo contrario.

 

Pero… que importa? Al público sinaloense… Pan y Circo! En lo que a cultura se refiere. Aquí todo se acepta y a todo le aplauden.