PUENTE NEGRO

¿A qué vienes, Pelusa?
Por Guillermo Bañuelos

 

¿Ya viste, Gordito? Tu llegada a Dorados desató un linchamiento mediático increíble, pero no te preocupes: así es esto.
¿A qué vienes a Culiacán, Pelusa?
Una masa amorfa te acusa (mos) con índice de fuego de ser adicto, de estar enfermo, de haber dicho que México no merece ser la sede del Mundial (¡por Dios!), de ser un mal ejemplo para la juventud local.
De todo y de nada te acusamos.
Pesa sobre tí que por el Dorados pasó también otra gran estrella del fut: el Pep, un chico bien portado, cuyos zapatos, aseguran, te quedarán grandes. ¿Podrás con eso?
Así como Pep no hubo otro, demuestra que Maradona fue único
¿Te contrataron para ser ejemplo de moral, de buen comportamiento? ¿De qué?
¿Servirá de algo que seas más correcto y te desdigas y anuncies ahora, con voz solemne y acento culichi, que México sí merece el mundial y que va que vuela para ser una potencia en esas cosas de la patada? ¿Lo harás?
Servirá que moderes tu lengua y, antes de usarla, preguntes qué debes opinar. Si no…
Servirá que hagas un juramento de abstención total, seas adicto, o no, a la coca, a la mota o al alcohol, qué más da: ¡ya te etiquetamos! ¿Servirá?
No hagas menos el juicio éste, pues recuerda que Vox Populi, Vox Dei.
Hay mortificación  en muchos. Mucha.

Según los juicios, pareces un enviado del Mal a una tierra en franca redención.
Con el paso de los días, con suerte, tal vez  recordemos que fuiste uno de los mejores del mundo y, un poco más serenos, hasta podríamos creer que eres una marca global que  dará  un plus a Dorados, como lo hizo en su momento el Pep.
Ahora ponte a trabajar.
Conoce a tu equipo.
Estudia a los rivales.
Exije a los dueños que paguen a los jugadores.
Conoce la ciudad.
Atáscate de aguachiles y de las mil delicias gastronómicas más chingonas del mundo.

Contempla sus espectaculares atardeceres y la belleza de sus mujeres.
Observa cómo esta ciudad de hombres dignos y campeones trabaja y alimenta a todo México.
Despierta a este equipo mediocre.
Inspíralo, muévelo.
Inspírate e inspira.
Demuestra que no eres un héroe muerto, sino un campeón.
Si no, ¿a qué vienes, Pelusa?