PAN: desastre merecido
Peña Nieto, un triunfo anunciado
(“Se votó contra el sexenio de la sangre”)
Por Francisco Aragón y Melchor Inzunza
Con un descenso menor de Peña, un lento incremento de AMLO y el rezago de Josefina en las preferencias electorales, las campañas terminaron como empezaron: con la tendencia a favor del candidato del PRI, en todas las encuestas.
Como si la mayoría de los ciudadanos hubiesen decidido, desde antes de empezar las campañas, votar por Enbrique Peña Nieto.
Pero aun cuando las encuestas acertaron en la tendencia general, casi todas se equivocaron en sus reiterados porcentajes. Y en esta elección, las empresas encuestadoras y los medios que las financiaron se jugaron como nunca antes su credibilidad y su prestigio, y casi ninguna salío bien parada. No midieron bien.
Últimas encuestas
Parametría (Junio 25): Peña 35.5, AMLO 23.3, Josefina 19.1. Un 12.2 por ciento de ventaja para el priista. GEA-ISA (27 de junio): Peña 46.9, AMLO 28.5, Josefina 22.4. 18.4 puntos de ventaja. Mitofsky (22 de junio): Peña 43.6, AMLO 28.3, Josefina 25. El candidato del PRI tendría un 15.3. Buendía&Laredo. El Universal (27 de junio): Peña 45 por ciento, AMLO 27.9, Josefina 24.4. 17.1 para el primero. Ulises Beltrán y Asocs. Excélsior (27 de junio): Peña 44. AMLO 28, Josefina 25. 14 puntos para el primero. Reforma (27 de junio): Peña 41 por ciento, AMLO 31, Josefina 24. 10 puntos arriba. Covarrubias y Asociados (26 de junio): Peña 38, AMLO 28, Josefina 25. 10 por ciento a favor del siempre puntero.
Y la de Ipsos-Bimsa (25 de junio): Peña 35 por ciento, AMLO 29 y Vázquez Mota 20. 6 puntos de diferencia para el priista.
De todas ellas, ésta fue la única de la lista que se acercó al resultado final.
En efecto, con 98.95 por ciento de actas capturadas, Peña obtiene el 38.15 por ciento (18 millones,700 mil votos en número cerrados), López Obrador 31.64 (15 millones 500 mil) y Josefina 25.40 (12 millones 400 mil). Es decir, 6.5 puntos porcentuales a favor de Peña, esto es, 3 millones 200 mil votos de diferencia.
De hecho, los mismos seis puntos de ventaja que Rubén Rocha Moya vaticinó una y otra vez.
Como sea, Peña ganó con un margen suficiente –el cual vuelve menos creíble cualquier impugnación de fraude–, a pesar del acoso del Yo soy 132, de las denuncias de corrupción, de la complicidad priista con narcotráfico, y las campañas antipeña de sus adversarios.
Embestida
El éxito del PRI es producto del profesionalismo político y carisma de su candidato, de su equipo y de la fortaleza del partido, en contraste con la debilidad y descrédito del PAN y del inconvincente discurso del candidato de las izquierdas. El PRI ya traía la raccha ganadora en los estados –salvo las tres entidades ganadas por la alianza PAN-PRD–, pero el factor fundamental se llama Enrique Peña Nieto.
Sus adversarios cometieron, entre otros, el error de subestimarlo y rebajarlo a mera invención televisiva, y el de atacarlo sin cesar como el nuevo “peligro para México”.
Pocas veces se ha visto una campaña de tal magnitud e intensidad como la emprendida contra un candidato.
Tampoco se había registrado un movimiento estudiantil que irrumpiera en un proceso electoral declarándose explícitamente contra un candidato, como lo hizo el movimiento “antipeña”, protagonizado por de la Ibero.
En este párrafo se resume la embestida: “Precandidato y candidato siempre puntero, no ha tenido sosiego; ha sido el enemigo a vencer y ha enfrentado el acoso feroz e implacable de sus adversarios. En su contra se ha constituido un frente amplio integrado por el gobierno panista, los partidos opositores, medios, conductores de radio y tv, parte del movimiento de los 132 y académicos del PRD, activistas en las redes y en varias universidades del país.” (J.M.V, Milenio diario, 24.06.2012)
A pesar de todo, las campañas trancurrieron sin mayores sobresaltos, sin enfrentamientos violentos de consideración, y en un clima de civildad política.
Inmune
Peña no cayó en las provocaciones y no vio en sus competidores enemigos a combatir, sino adversarios a derrotar en una elección democrática. Por eso nada fue capaz de llevar a Peña al despeñadero.
Tal como lo observó el diario estadunidense The New York Times:
La publicidad desplegada contra Peña “sería suficiente para enviar al fondo de las encuestas a cualquier candidato. No aquí (en México)”.
El corresponsal del diario, Randal C. Archibold, añadió:
“Pese a los bombardeos, Enrique Peña Nieto, el blanco de los ataques, es el favorito de los vaticinios para ganar la elección presidencial mexicana del 1 de julio con un margen confortable, según la mayoría de las encuestas, como si fuera invencible”.
El candidato del PRI fue, en efecto, “inmune a las descalificaciones”.
Josefina
Ante el imparable avance de Peña Nieto hacia la presidencia, sus adversarios reaccionaron con los reflejos condicionados por sus biografías.
La candidata panista, Josefina Vázquez Mota, terminó su campaña con la desdeñosa sentencia de que “las encuestas no votan, las almas sí”. Y con la vana ilusión de que la captura del supuesto hijo del Chapo Guzmán –“producto de meses de investigación”– sería su tabla de salvación, por lo que se apresuró gustosa a pedir un aplauso para la Marinay las fuerzas armadas, de las que dijo estar orgullosa, “no como el otro candidato que trae extranjeros para cuidar de los mexicanos.”
Pero su gusto fue flor de un día. Los familiares de Félix Beltrán León echaron abajo el teatrito, yla DEAprimero yla PGRdespués, tuvieron que admitir que el joven capturado no era Jesús Alfredo Guzmán.
De hecho, la candidata no hizo más que imitar las tácticas de la “guerra electoral” como llamó Felipe Calderón a su campaña del 2006, pero como segundas partes no son buenas, la imitación fue tan chafa que Josefina fue de desfiguro en desfiguro. Incluso, al igual que Calderón, creó su propio videojuego. La “Superjosefina” para niños y adolescentes: una muñequita que con látigo en mano libera al mundo de pejelagartos monstruosos y dinosaurios orejones. Sin mucho éxito tampoco.
Milagro
A Vázquez Mota no le quedó más que depositar su confianza en que “los milagros sí existen y Dios hace su parte en las votaciones”, dijo en el día de su cierre de campaña en Puebla. Mundano como es su Dios, ha de andar muy ocupado en contiendas electorales.
Para ayudar al milagro, el mismo día anunció, en Chiapas, que ya estaba a “un par de puntos” de Peña, y luego, en Veracruz, apeló al “voto oculto” de quienes “no han participado en las encuestas” para ganar la elección.
Pero nada pudo salvar al PAN de su merecido desastre electoral. El PRI, después de 70 años de hegemonía, perdió la presidencia en el 2000; al PAN le bastó 12 años para perder la confianza del electorado y el poder presidencial.
No le demos vuelta: el electorado castigó al partido en el poder presidencial. “Se votó contra el PAN y contra el sexenio de la sangre”, como dice Jesús Silva-Herzog Márquez.
AMLO
La reacción de Andrés Manuel López Obrador era aún más previsible. “Las encuestas están cuchareadas” y anticipó un fraude electoral.
Él confió en la “mayoría silenciosa”, en los jóvenes y en las ruidosas ‘redes sociales’ que se volcarán a las urnas para darle el triunfo que le negaban las encuestas… a menos que haya “un masoquismo colectivo”. (¿Fueron también cuchareadas las encuestas que favorecieron siempre y con mucho a Miguel Ángel Mancera, el candidato de las izquierdas a la jefatura del D.F.?)
La izquerda
Nadie espera que AMLO admita de inmediato su derrota y menos aún que felicite al ganador –actitud que lo consolidaría como el principal dirigente de las izquierdas–, pero si al menos elude las acusaciones de fraude mucho ganarán él y su partido. Si, en cambio, se desliza por la pendiente inclinada de un conflicto poselectoral, se convertirá en el principal obstáculo para el avance y transformación de una izquierda moderna y democrática.
La izquierda alcanzó logros notables en esta elección y se convirtió, como en el 2006, en la segunda fuerza política. Ganó las gubernatura ‘¿de Morelos y Tabasco, se llevó ‘carro completo’ en Guerrero –las 9 diputaciones federales y las 2 senadurías de mayoría–, y triunfó una vez más, ahora avasalladoramente, en la capital del país. Pero podría de nuevo perder lo ganado si se deja arrastrar por una impugnación sin porvenir de López Obrador.
Labastida
Tuvo razón el senador Francisco Labastida. Una breve charla con uno de los autores de este artículo:
–“Mire usted, dos sexenios panistas llevaron al hartazgo y deseo, como millones de mexicanos, que el PAN pierda la presidencia… aunque sea con Peña Nieto.”
El senador le revira:
–No subestime a Peña, su potencial como candidato no reside sólo en su buena imagen. Hay también tres rasgos distintivos de su personalidad: sabe escuchar, sabe rectificar y sabe decidir. Es lo que lo distingue y le da consistencia como estadista.
–¿No exagera?
–No. Vea cómo resolvió la sucesión en el Estado de México y frustró los malos augurios de los adversarios que presagiaban la división en las filas priistas, y el candidato del PRI, Eruviel Ávila, ganó con ventaja abrumadora. También supo escuchar, rectificar y decidir en el caso de la salida de Humberto Moreira de la dirigencia del PRI y en el caso de la renuncia a la alianza con el Panal y el liderazgo de la maestra Gordillo, lo cual tendrá un enorme significado para el futuro de la educación. En la campaña y en la elección verá usted los efectos del carisma de nuestro candidato”.
Leción de la elección
¿Qué sigue? ¿Qué le depara a México con el PRI? ¿Vuelta al autoritarismo? Los electores no votaron para eso, y no hay Peña que pueda intentarlo, ni país que pueda tolerararlo. La elección fue un castigo para el PAN, y es una lección que igual vale para el PRI. No debiera olvidarse esta frase de Albert Camus: “la democracia es un ejercicio de modestia”.