EL EFECTO LÓPEZ OBRADOR
Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com
El pasado 29 de marzo, en su espacio en el diario El Financiero, Enrique Quintana publica -bajo el título “Ya solo faltan 66 meses”- una serie de observaciones que me parecen interesantes y por ello aquí se las comparto:
Ya alguna vez le comentamos que hay quienes piensan queeste gobierno es una ‘anomalía’. Suponen que será solo un paréntesis. Imaginan que lo realizado en los últimos sexenios estuvo bien hecho y que es un error tratar de componerlo. Algunos piensan queel domingo 1 de julio, el votante mexicano se trastornó y votó por López Obrador, casi sin quererlo. Como dijo aquel: “ya, supérenlo”. No fue solo AMLO. La gente se cansó de un sistema, de una visión, de una ideología. Y votó por el que rechazaba esa visión. Hacer la oposición a AMLO, reivindicando lo que antes se hizo, es poco menos que suicida. Y muchos, casi todos los críticos, es lo que están haciendo. Las cosas estaban mal. Y el sistema fue tan torpe que no pudo hacer un diagnóstico correcto que permitiera corregir los problemas. El problema que tenemos en México es quela falta de debate real en los últimos 15-20 años al menos, debilitó nuestra capacidad propositiva. Las visiones económicas y políticas dominantes se consideraron tan legítimas como la ley de la gravedad y si había alguien que las cuestionara, era puesto en la marginación. En buena medida, por esotenemos hoy una anemia ideológica, del gobierno y de las oposiciones. Hasta aquí lo publicado por Quintana, le recomiendo busque con san Google el artículo completo pues toca otros puntos que no reproduzco por falta de espacio, pero que no dejan de tener importancia. Más que correctas, me parecen oportunas sus observaciones pues no coincido en el diagnóstico de que el conflicto básico está en lo ideológico (el neoliberalismo), por el contrario yo afirmo que es de praxis (la corrupción).
Me van a decir que es muy discutible -todo lo es-, pero no me cabe la menor duda de que la piedra angular del discurso lopezobradorista -al menos hasta el día de la elección- fue que la causa de todos nuestros males era la corrupción, entendida esta como robar. Los términos no son sinónimos, por cierto, de ahí que ese discurso que hoy se enarbola desde el poder, busca atenuar ese énfasis original para repartirlo entre el neoliberalismo, los prianistas, los chayoteros, los fifís, España, etc. Con cada día que ha pasado desde el dos de julio para acá, el discurso de la 4T se ha dedicado a enriquecer un catálogo de villanos que tenía como distintivo principal el de ser muy breve y concretito: Peña Nieto, Videgaray, Ruiz Esparza, Rosario Robles, Osorio Chong, Aurelio Nuño, Jesús Murillo Káram. Borges afirmaba que no hay más perdón ni venganza que el olvido, lo cual parece ser cierto porque ¿no se han fijado ustedes como, poco a poco, nos vamos acordando cada vez menos de ellos?
Les tengo otra pregunta que me parece muy buena ¿no comienzan a tener una sensación de “ya vivido”? De entrada y muy en particular, me refiero a las encuestas.
Cada que se acerca una elección, las encuestas se vuelven trending topic y ahora ni siquiera hay elección. Son las mismas casas encuestadoras, la misma clase de resultados (ni quién se acuerde del 2012), el mismo engaño ¿Dónde quedó la tremenda mala fama que tenían como parte de la mafia del poder? Toda la clase política acepta y repite, para bien y para mal, que la aceptación de López Obrador rompe todos los niveles históricos, que inclusive creció y sigue creciendo aún después de las elecciones. Vale: se las doy por cierta. ¿Y? ¿Esto qué significa? ¿Qué en verdad López Obrador es uno de los cinco mejores presidentes del mundo y le van a dar el Águila Calidad y Prestigio? Puede ser, pero entre gitanos no nos vamos a leer la buenaventura, de lo que se trata es de crear una narrativa donde esa aceptación sea tomada como sinónimo de intención de voto hacia… MORENA. Se está buscando extender el efecto López Obrador hacia las elecciones de este año, porque no sólo ocupan ganarlas, requieren de un margen de diferencia, con respecto a la anterior, que inhiba la intención de comenzar con las proyecciones rumbo al 2021, donde se renovarán el Congreso federal, 13 gubernaturas con sus respectivos congresos estatales y cualquier cantidad de alcaldías; lo mejor es que, salvo gobernadores, el resto de los cargos serán susceptibles de reelección, o sea que la revocación de mandato no será nada más para López Obrador.
¡Pacátelas! Qué decepción para los que pensaron “éste maldito chayotero fifí va a acusar de reeleccionista a mi amado presidente”.
La aceptación del presidente (que ya no es lo mismo que de López Obrador, un dato fundamental para esta clase de ejercicios, pero que curiosamente nadie menciona) suele no tener relación con la intención de voto por su partido (Zedillo tenía una buena aceptación y perdió el Congreso; en el 2015 al PRI le fue mucho mejor que a Peña, cuya aceptación ya era muy mala). Al menos a mí, si alguna duda me quedaba desapareció cuando otra vez vi a Roy Campos explicando, tal y como lo ha hecho siempre, por qué no debe interpretarse el resultado de su encuesta de la forma en que él mismo la presentó. De nuevo se pone el huarache antes de espinarse, porque publica al gusto del cliente y sabe que más temprano que tarde aflorarán las contradicciones del sesgo.
Si no es que ya. Para muestra un botón. Y aquí en Sinaloa.
En los recientes procesos para renovación de síndicos, MORENA ganó el sur y echaron la casa por la ventana, particularmente en Mazatlán; después de eso les ha ido muy mal en el resto y ya no dijeron ni pío. ¿Qué pasó pues? Aventuro una hipótesis: el susto fue mayúsculo. Aquí en Sinaloa. Los puso a pensar que en el 2021, todo cargo ocupado por un morenista que no opte por presentarse para la reelección, va a ser un problema con todo y efecto López Obrador; luego viene la segunda parte ¿adivinen quién les ganó? Pues el PRI y el PAS.
Las conclusiones sáquenlas ustedes. Si quieren.