DOS A LA SEMANA

ADOPCIÓN Y TRAICIÓN I

Jorge Aragón Campos                                    jaragonc@gmail.com

Ustedes no están para saberlo ni yo para decirlo, pero el año entrante mi mujer y yo cumpliremos 30 años de casados; toda una vida; toda una vida experimentando el matrimonio como origen y destino, donde cada día es una nueva experiencia; treinta años de acuciosa perspectiva y aún me siento incapaz de dar una receta para evadirlo. Con este antecedente, entenderán que no es un tema donde me interese sumergirme, mucho menos cuando de antemano viene más enredado de lo normal, como ocurre con su versión igualitaria.

Desde siempre, eso de las preferencias sexuales me ha sido muy “sin embargo”: el sexo es herramienta para la reproducción, fuente de placer y tan, tan. Admito que desde el inicio de las uniones gay, no les puse gran atención -cosa que por cierto sigo haciendo-, así que me perdí el momento cuando el cambio de la palabra “uniones” por “matrimonio”, escaló a carácter de asunto nacional de suma gravedad; intrigado –pero sin menguar mi desgano-, me asomé al tema y de inmediato brincó lo que sigue apareciendo casi como la principal fuente de discrepancias, inclusive entre la propia comunidad gay: el derecho de las parejas homosexuales a adoptar niños. Tampoco me quedó claro por qué el término “matrimonio” es sustancial para ello, pero así la deje porque con eso tuve.

En México, el mundo de la adopción legal es una de las más profundas y oscuras catacumbas del sistema: es una ínsula donde la corrupción alcanza niveles de perversa exquisitez, para que cualquier persona pueda “hacerse” de la criatura de su preferencia. Para una pareja tradicional, de posición económica desahogada, con prestigio social y palancas no despreciables y además con buena actitud para untar las manos que sean necesarias, le resultará casi imposible lograr el éxito, ya no digamos para una pareja homosexual. Hay modo, ni duda cabe, pero el dinero no basta y de hecho no es lo más importante, se requiere de algo más ¿de qué? Hasta hoy nadie ha podido decírmelo con claridad.

Está bien cabrón (disculpen mi francés).

Nathalie de Williencourt es la fundadora de Homovox, una agrupación ciudadana que busca dar voz a los homosexuales que no se sienten representados por los grupos LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales); Nathalie es sólo una de las lesbianas que con diversos argumentos, se oponen al matrimonio gay y particularmente a la adopción, suele recurrir a la frase “defender el ‘derecho del niño’ antes que el ‘derecho al niño’”, la cual comparto dados los casos de adopción que he podido seguir de cerca, así como los que aún mantengo en observación.

En el reciente sainete legislativo, no escuche ninguna mención a la compleja problemática que aqueja a la adopción legal en México, mucho menos alguna propuesta para hacer lo que es lógico y obligado: resolver primero ese problema, en lugar de andar peleándose por ir a sumergirse en él. Me queda claro que no lo conocen porque no les importa, en particular a quienes se presentan como afectados, por no poder gozar del derecho a beneficiarse con las terribles condiciones en que se encuentra un sector muy minoritario de la niñez mexicana.

En la próxima entrega espero concluir.