Jorge Luis Telles Salazar
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En camino al puerto de Mazatlán, para abordar un avión de Alaska Air Lines que nos llevará a la ciudad de Los Angeles – ¡epa! ¿Cómo volar en pleno viernes 13? – escribo estas líneas, precisamente hoy viernes, justo cuando está por arrancar, (en la casa campestre del comerciante en granos, Joel Valenzuela, en la ya conurbada comunidad de El Limón de los Ramos) uno más de los muchos ágapes del Partido Revolucionario Institucional, ahora para celebrar la victoria electoral del domingo primero de julio, aquí en Sinaloa.
Ignoramos los detalles porque a cada párrafo nos alejamos más de Culiacán y la señal del teléfono celular se vuelve difusa, cuando no se pierde por completo, en determinados tramos de la deteriorada maxipista Culiacán-Mazatlán; pero, hasta donde sabemos, el atractivo principal de esta comida –confeccionada con un menú en el que participan diferentes restaurantes de la capital – lo es la presencia de los ex gobernadores Juan S. Millán y Jesús Aguilar Padilla, adversarios principales, dicen, en la disputa por el control político no solo del Partido Revolucionario Institucional sino del estado en general. Hasta el momento de partir de Culiacán, nadie nos había confirmado, con precisión, la asistencia de tan respetables señores; pero bueno, cuando menos la versión circulaba con mucha insistencia.
De lo que si tenemos certeza es de que se trata de un evento altamente elitista, exclusivo para los integrantes de la junta de notables que maneja las cosas al interior del PRI; o sea, para sus dirigentes; para los candidatos ganadores; para tales y cuales cuadros directivos y también para los cercanos al poder, que son aquellos que aportan para las campañas y para el partido y que saben cobrar, bastante bien, los favores otorgados a través de beneficios económicos que llegan hasta niveles inimaginables. Esos son los que brindan y comen esta tarde en el rancho de JoVa. Más de alguno saldrá al punto borracho de ahí. Bendito viernes, al fin y al cabo. Aunque para muchos de ellos cualquier día de la semana es bueno. Privilegios del poder.
Y de lo que también tenemos certeza es de que más allá de ser una “comida de la unidad”, el efecto buscado y que se pretenderá maximizar en medios – con todo y la tacañería de la actual dirigencia en cuanto a su gasto en medios de comunicación – resultará contraproducente, puesto que no fue invitada (a lo mejor por no dar el grado) mucha de la gente que si se la partió durante las campañas; que trabajó en el campo; que tuvo que soportar las temperaturas propias de la entidad; que le invirtió tiempo y dinero y que aportó su mejor esfuerzo para la victoria de los candidatos del tricolor a los puestos de elección popular que estuvieron en juego el primero de julio próximo pasado.
Ellos, los verdaderos artífices del excelente resultado que logró el PRI en Sinaloa – y que tanto presumen los Villegas y los Burgos en la ciudad de México, en aras de recibir, tan siquiera, una sonrisa de Enrique Peña Nieto – no están invitados y algunos de ellos fueron advertidos categóricamente que era solo para la cúpula, para los líderes. Si, para aquellos que tienen su lugar de residencia en hoteles de lujo; que comen y beben diariamente en los mejores restaurantes de las principales ciudades del Estado; que van y vienen a la capital del país y a otros ciudades de México en la carísima clase Premier y que enchufaron a amigos y parientes en la estructura del partido en Sinaloa.
Para ellos ya habrá otra comida, acorde a su nivel, sin el glamour, ni la prestancia de la que seguramente se desarrolla en estos momentos en el rancho del señor Valenzuela, uno de los grandes beneficiados del poder político en la entidad, gracias a su afinidad con los dos últimos gobernadores del Partido Revolucionario Institucional.
Este es uno de los detalles del asunto. Por un lado, el elitismo y la exclusividad, a favor de quienes vieron pasar las cosas desde la comodidad de una oficina refrigerada y por el otro, la discriminación con los de a pie, que no es novedad alguna en este partido político.
El otro, la convergencia de Millán y Aguilar, los dos últimos ex gobernadores, causantes directos de la desunión del PRI y la histórica derrota de julio de 2010.
Juntos los dos, como uno solo. ¿Quién lo hubiese pensado meses atrás?
Del dominio público sus reuniones en secreto y sus encuentros de alto nivel, aún en los momentos más álgidos de la contienda política de hace dos años. Primero, la interna del PRI; después, la constitucional. Entrevistas y conciliábolos que perduraron aún después de los hechos de julio del 2010, que degeneraron en la expulsión masiva de todo lo que tuviera olor a PRI de la estructura del gobierno del Estado.
En público, en un evento masivo como este, sin embargo, es la primera ocasión en la que se les observa en franca convivencia, colgados, cada uno por su lado, de la victoria de Enrique Peña Nieto, de la cual esperan lograr los beneficiados consecuentes, una vez que el mexiquense, como se supone, logre superar la aduna del tribunal electoral del Poder Judicial de la Federación.
No cabe duda: todo pasa y esto ya pasó.
Cada uno por su lado o ahora unidos, pretenden hacer creer a Peña Nieto que a ellos les debe su indiscutible triunfo en Sinaloa, para comenzar a cobrar las facturas del caso, a favor de ellos, de los integrantes de sus corrientes políticas, de sus amigos o hasta de sus hijos, a algunos de los cuales ya le ven cara hasta de gobernador del Estado.
Y el resto, todos los demás, en un aplauso sonoro, espontáneo y en medio de los repetidos brindis porque, al fin ¡el PRI está otra vez unido en Sinaloa!
¿Qué importan los desagravios? ¿Qué importan los ataques personales? ¿Qué importa la desgracia de quienes fueron humillados con el despojo de sus trabajos en las esferas oficiales? ¡Que importa todo eso! ¡El PRI vuelve a ser una gran familia en el Estado!
Salud por eso pues ¡Salud!
Una sola pregunta: de una buena vez ¿Por qué no invitaron a Mario Lopez Valdez?