Al Diablo con los Mitos

Dicen que un clavo saca otro clavo; nada más falso. El discurso oficial sobre el atipismo (positivo, claro) de AMLO, pasó de la burla al rechazo desde hace rato, evidenciando aún más, con ello, la absurda pretensión de seguir tapando el sol con el mismo dedo de siempre.

¿En verdad creen que apantallan a alguien con las dichosas encuestas de aceptación? Anda circulando un chiste de comunicadores: basta que un morenista piense en una mentira, para que antes de soltarla el mismo ya se la creyó entera. Le hago una pregunta a usted, lector ¿Después de verle la zanca al pollo, a poco más de un año de gobierno transcurrido, usted cree que si AMLO tuviera esa aceptación que le atribuyen las encuestas, no haría cada fin de semana una concentración monstruosa en el Zócalo?

Sus panegiristas, y hasta algunos supuestos críticos, no dejan de describirlo como un zagas carismático y maestro del ajedrez político, como un orador capaz de mantener en vilo a un pueblo, mediante una retórica distinta y refrescante.

¿En serio?

O sea que el tipo es simpático, más convincente que un vendedor de autos usados, congruente e imaginativo para ofrecer soluciones innovadoras a problemas viejos… y por lo menos 30 millones lo adoran. Pues se están durmiendo, porque con la mitad de eso ya estuvieran haciendo la mañanera en el estadio Azteca y cobrando la entrada; de ahí se paga el avión, las medicinas, el impuesto a las gasolinas, etc.

Yo me apunto para la reventa.

El tipo habla mal y se explica peor, dejando aflorar una mente retorcida, incapacitada para recurrir a una recta a la hora de recorrer la distancia entre dos puntos: es día que no ha pronunciado una sola línea memorable por su brillantez. Los únicos dos asuntos que mantuvo resueltos durante la campaña, ya resucitaron corregidos y aumentados: su boca. No la tiene fácil. Mientras menos tiene que decir, más habla. Sus dictados en contra de la realidad no reflejan a un tramposo, sino una patología: la del burócrata grillo, cuya mayor pesadilla es la de un problema bien resuelto. Ni siquiera fue capaz de meter orden en su propio partido. Su único mérito para llegar hasta donde está, fue el de no morirse mientras sus opositores le hicieron todo el trabajo.

No es más que un afortunado farsante más, como lo fueron Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña nieto…o como los que aún siguen siéndolo, como la Yakult Polevsky, Bartlett, Durazo, napito, Elba Esther… Estoy en todo mi derecho de expresar mi inconformidad, frente a la forma como AMLO se está comportando desde que llegó a la silla presidencial; estoy en todo mi derecho a llamarme engañado; estoy en todo mi derecho de señalarle su carácter de estafador, marrullero y corrupto, una y mil veces corrupto, además de intolerante, pues no le basta con jodernos igual que lo hicieron quienes le precedieron; estoy en todo mi derecho, a negarme en cumplir su exigencia de que le aplaudamos y agradezcamos cada barbaridad que a cada rato nos avienta. Viene por lo último que nos queda: nuestro derecho a quejarnos.

No vaya fregando.