AGENDA POLITICA

Jorge Luis Telles Salazar

 

Los beneficios legales consagrados en el artículo Séptimo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos… ¿son exclusivos para quienes de un modo u otro ejercemos el periodismo en este país?

La respuesta es  contundente: No.

Por supuesto que no.

La libertad de expresión no es un derecho monopólico de los periodistas. Lo es también para los 115 millones de personas que formamos parte de esta nación. Así de claro. No existe la menor duda de ello.

En apego a este derecho, los periodistas escribimos lo que nos viene en gana, aunque la publicación de nuestros trabajos siempre está en función directa – si sí o si no – de los intereses mercantilistas de las empresas para las que trabajamos. Si conviene, nuestros textos no solo pasarán sino hasta serán motivo del apapacho de los editores. Si no es así, seguramente terminarán en el cesto de la basura. Son ellos los dueños absolutos de la libertad de expresión en la república mexicana. (¿Miento?)

El artículo Séptimo es complejo. Parece redactado a modo para una controvertida interpretación: “Ninguna ley, ni autoridad puede establecer la previa censura, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta que no tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública. En ningún caso podrá secuestrarse a la imprenta como instrumento del delito”.

Es claro que cuando,  quien se expresa periodísticamente, de un modo u de otro, compagina sus criterios con la línea editorial del medio – manera elegante de definir los intereses económicos de la empresa -, sus trabajos quedarán inscritos en el supuesto señalado un par de párrafos arriba. Es decir: serán hasta motivo del apapacho de los intereses, sin importar que se omita lo que la constitución establece de manera textual: “el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública”.

O sea: se puede invadir este terreno, una y otra vez, con la complacencia de la empresa,  al fin y al cabo que corresponde plenamente a su “línea editorial”. Y si hay reacción de la parte afectada ¿Qué importa? Tendremos siempre la protección del artículo Séptimo constitucional y el respaldo de nuestros directivos, habitualmente vanidosos, prepotentes, creyentes de ser objeto de todas las atenciones y hasta enfermos de poder, como nuestros gobernantes. El  que está hoy. El que ya se fue. El que vendrá y todos los del pasado, con muy escasas excepciones.

Humanos al fin y al cabo, cometer estos errores es normal. Propios de la condición.

Lo que es incomprensible es mantener la idea de  que ese tan llevado y traído derecho de la libre expresión es propio de quienes hacemos periodismo; pero no de la sociedad en general. Quizás si lo entendamos y muy bien; pero así nos conviene y así nos manejamos, bajo esta línea.

Hay que admitir que aquel al que agraviamos con nuestros escritos, particularmente cuando obramos con dolo, cuando calumniamos o cuando invadimos las esferas de la vida privada, tiene el derecho a rebatirnos, a defenderse y hasta acudir a las instancias legales, cuando la situación así lo amerite. Es su derecho y también puede apegarse al artículo Séptimo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Todo aquel periodista que rebase tales límites, debe asumir las consecuencias de sus actos y no pedir el respaldo de sus compañeros de gremio, quienes podrían caer exactamente en la misma irregularidad. Los periodistas no somos ciudadanos de privilegio. Las leyes son para todos los mexicanos. Hasta la de imprenta, inclusive.

¿Estamos?

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Y bien.

Hace seis años, México estuvo a punto de caer en una crisis constitucional ante los obstáculos interpuestos por los senadores y diputados federales de Andrés Manuel López Obrador, para evitar la toma de posesión de Felipe Calderón como presidente del país, justo en el Palacio Legislativo, como lo establecía nuestra carta magna. Para la bancada de la izquierda, Calderón era un “espurio” y como tal no debería ejercer el poder.

En la actualidad se visualiza un escenario similar. Las huestes de AMLO no parecen dispuestas a reconocer la victoria de Enrique Peña Nieto, independientemente del veredicto del tribunal electoral del Poder Judicial de la Federación, que tendrá que hacerlo público el 06 de septiembre, a más tardar.

Ahora, sin embargo, la bancada del Movimiento Progresista tendrá que dividirse en varios bloques puesto que, gracias a la reforma política recientemente aprobada, el nuevo presidente de México no necesariamente tendrá que rendir su protesta en el marco de una sesión general del Congreso de la Unión, sino que también podrá hacerlo ante el presidente de la Suprema Corte de la Nación. Si, tendrán que repartirse territorio si mantienen la intención de obstruir la entronización del mexiquense.

¿Sería esta la causa por la que se apresuraron las reformas constitucionales en materia política, pendientes de tiempo atrás?

Podría pensarse así, en efecto.

Déjeme decirle, sin embargo, que dentro de los 17 congresos estatales que destrabaron finalmente estas reformas, hay varios en los que no ganó Enrique Peña Nieto, así que la especulación persiste.

Esos 17 estados, que ya dieron su voto – lo cual sirvió para la aprobación de las citadas reformas – fueron, por si le interesa: Aguascalientes, Baja California, Campeche, Chihuahua, Colima, Durango, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Querétaro, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán y Zacatecas.

Informados.

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En tanto.

Menudo problema le espera a Enrique Peña Nieto, cuando, una vez como presidente de la República, intente cumplir sus compromisos de campaña, a través del acomodo de algunos de sus allegados en las casi 60 dependencias del gobierno federal que operan en la entidad.

Es que, a estas alturas, ya no hay ninguna vacante. Así de fácil.

Alfredo Villegas Arreola, quien fungió como delegado general del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en Sinaloa – de hecho todavía se ostenta como tal – ya las repartió todas. Así es. Con la misma facilidad que distribuyó nombramientos durante la campaña, bajo la promesa de que “tú estás en el proyecto”, así nombró ya nuevos titulares en delegaciones y otras instancias federales que trabajan en Sinaloa. La tarea del  navolatense inició en la famosa “comida de la unidad” y continúo en diversos restaurantes de la ciudad, de los cuales es asiduo visitante. Todo con cargo al PRI, por supuesto, donde para eso sí sobra el dinero.

De paso, triste papel el del gobernador Mario López Valdez en lo que a creación de empleos en el Estado corresponde. MaLoVa no abrirá una sola plaza –al contrario sigue corriendo gente de Palacio de Gobierno (de la de abajo, naturalmente); pero ¿Qué tal Villegas? Solito y en cosa de minutos, ya generó más de 60, a favor del montón de desocupados asistentes a ese convivio, todos colgados de la victoria de Peña Nieto, a pesar de que no fueron capaces de llevar a las urnas ni a sus propios familiares, de tan bien que sus mismos parientes conocen a los políticos simuladores, falsos, labiosos y mentirosos, de los cuales no eran pocos los que comían y bebían, aquel famoso día, en el imperio construido por Joel Valenzuela, a base de sus extraordinarias relaciones con la gente del poder en Sinaloa. (Así se le dice ahora a  los contubernios).

Pues bien.

Peña Nieto ya nada tiene que repartir en Sinaloa. De esa tarea se encargó ya Alfredo Villegas Arreola, nuestro flamante diputado federal. Y si dejó algunas pocas, estas las tomó Jesús Burgos Pinto, para incondicionales y familiares.

Así se las gastan en la entidad. Vaya lío para el casi presidente electo.

En fin.

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Mientras.

Quien sí tuvo la atención de agradecerle a los representantes de los medios de comunicación – a los reporteros, a los de a pie, no a dueños o directores – su cobertura durante el pasado proceso electoral, fue Antonio Castañeda, el presidente del comité municipal del Partido Revolucionario Institucional en Culiacán.

En efecto, junto a la profesora Leticia Serrano, su secretaria general y algunos integrantes del comité, Tony convivió personalmente con sus invitados, de quienes ponderó su trabajo objetivo, imparcial, responsable y profesional.

Algo diferente, como de la noche al sol, a lo ocurrido exactamente una semana atrás, en la finca campestre de Joel Valenzuela, allá por rumbos del Limón de los Ramos.

Modestamente; pero la pasamos bien. La mera verdad.

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En otra sincronía.

La película “Colosio, el Asesinato”, estrenada en México tres semanas antes de las elecciones fue otro más de los obstáculos que Enrique Peña Nieto tuvo que superar para ganar el comicio presidencial y todavía con una ventaja de casi 7 puntos porcentuales y de 3. 3 millones de votos.

El filme ya tenía rato enlatado. Casualmente (¿) comenzó a exhibirse en los momentos más álgidos del proceso político, justo cuando Peña Nieto era objeto de un bombardeo inclemente de sus adversarios y de algunos críticos en tales y cuales medios de comunicación.

Dicen que en política nada es casual, ni accidental. El estreno de esta película, hecha realidad en coordinación con una cinematográfica de Estados Unidos, justo en las fechas citadas, llevó evidentemente el propósito de influir en el ánimo del electorado, particularmente entre aquellos que aún no tenían su voto definido.

Peña sorteó también esta aduana, de manera exitosa.

Y es que el argumento de la política plantea claramente la hipótesis de un complot en el asesinato de Luis Donaldo Colosio, orquestado directamente desde las oficinas centrales de Los Pinos. Durante la trama se contemplan varias tesis, para ubicar finalmente a Carlos Salinas de Gortari  como el autor del crimen, con su asesor número uno, como cómplice principal. La película comienza con un homicidio: el de Colosio. Termina con otro: el de Francisco Ruiz Massieu, casualmente el mejor interpretado en el filme.

De paso, la producción intenta exhibir una intensa red de corrupción en las altas esferas del Partido Revolucionario Institucional, así como en los más altos niveles del poder económico en nuestro país.

El PRI, que ya se fue, para jamás volver, promete Peña Nieto. (¡Ojalà!)

Para que no le cuenten, Véala personalmente. Todavía está en cartelera en las salas cinematográficas de la ciudad.

Y luego nos platica.

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A manera de colofón.

El número de opciones en la red , en las que usted puede leer Agenda Política, ha crecido de manera importante en las últimas semanas.

Anótelas: www.sinaloatv.com.mx (Jorge Aragón), www.reportenaranja.com (Víctor Flores), www.hectormunoz.com (Héctor Muñoz), www.eldiariodelosmochis.com (Alberto Camacho), www.radiouas.org (Willie Ibarra), www.ríoelota.com (Guillermo Aguilar), www.alinstantenoticias.com (Jorge Inzunza), www.criticapolitica.mx (Ernesto Alonso), www.contraversion.com.mx (Memo Contreras) y nuestro blog personal: jorgeluistelles.blogspot.com.

En cuanto a ediciones impresas: El Diario de los Mochis, ya en su etapa de promoción en el centro del Estado; Río Elota (Elota, Cosalá, San Ignacio y sur de Culiacán), En Directo (Rosario y Escuinapa) y Nueva Visión (Mazatlán).

Esta Agenda también está en radio: lunes y viernes, de las 17. 50 a las 18 horas en Contraseña, de Víctor Torres (8. 30 de AM) y martes y jueves, de 5. 30 a 6 de la tarde, en Radio Universidad Autónoma de Sinaloa.

Se agradece, por supuesto, la gentileza de su atención.

Y nos fuimos ya.

Dios los bendiga.