Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com
La alianza PAS – MORENA, sumada a la toma de protesta del Comité Directivo Estatal del partido Fuerza por México, encabezado por Juan Ernesto Millán Pietsch y con Rosa Elena Millán Bueno como su virtual candidata a la gubernatura de Sinaloa, demostraron que los diagnósticos de los geólogos sobre la sismicidad regional están equivocados: aquí sí ocurren terremotos de gran magnitud. Las réplicas del hecho sirven también para confirmar lo que nadie quiere aceptar: la clase política sinaloense está formada por sinaloenses. Tomo como ejemplo el caso de Rosa Elena Millán, por algunas particularidades que lo distinguen del resto y no porque sea una amiga a la que quiero y respeto, sino por lo contrario pues en situaciones como esta el orden de los factores sí altera el producto. A Rosa Elena es a la que más ha tundido el priismo y no me extraña, como tampoco me sorprende le recriminen su deserción bajo el argumento de todo lo que ese partido le dio, a la vez que no hay una sola mención a las aportaciones que ella pudiera haber hecho a ese instituto político, una omisión más que justificada pues hoy entiendo que, por lo menos durante la última década, Rosa Elena ya no le llevó al PRI nada que ahí les pudiera interesar.
No tenía mucho de iniciado el PAS y desde el PRI ya traían la cantaleta que todavía hoy mantienen: no le alcanza, no puede solo, es puro cuento, estamos jodidos por culpa de él… fue en una de las tertulias de El Miradero, mientras el invitado se expresaba en ese sentido sobre ese asunto, que mi agudeza visual (entrenada desde que vivía de ejecutar el “dos de bastos” en el transporte urbano) me permitió notarle a Rosa Elena un gesto tipo “no sé qué que qué sé yo”; ahí mismo tuve oportunidad de preguntarle en corto:
… “de seguro que sobre esa visión optimista algo hay que yo no sé, porque el PAS está haciendo lo mismo que hacíamos nosotros, y en algunos casos hasta un poco mejor; por otro lado no veo se haga nada para contrarrestarlo, porque cada vez más el partido está dejando de hacer política y se está dedicando únicamente a hacer campañas”…
Palabras más, palabras menos, ese era el espíritu de su respuesta y a la vez me puso en claro que Rosa Elena Millán sí había aprendido la lección del 2010, así como las del 2016 y 2018. Yo creo que ella no se fue del PRI: se largó, harta de hacer el papel de alarmista y agorera del desastre por andar previniendo sobre lo evidente. Estoy de acuerdo en que la ortodoxia política recomienda linchar a los desertores, pero nada puede estar por encima de las leyes de la naturaleza y una de ellas dice que a situaciones extraordinarias se les dan respuestas extraordinarias, no pan con lo mismo siempre, como pretenden. En el PRI se les “olvidó” lo que en su momento presumieron, uno de esos rasgos que sin duda y por mérito propio le dan un sitial en la historia universal de la política: Diez años después de la caída del comunismo y el derrumbe del bloque socialista, en buena parte de esos países ya habían recuperado el poder -por la vía electoral- los mismos antiguos partidos comunistas, que habían optado por someterse a profundas reformas para responder a la nueva realidad. Alrededor del año 2010, ya era más que evidente la derrota del PAN y su salida de la presidencia para cerrar un ciclo de 12 años, pero lo extraordinario es que ya resultaba visible el regreso del PRI al poder pero sin cambiarle una coma a sus principios, visiones, estatutos, etc. Más que una hazaña, un tremendo golpe de suerte.
Y como lo que fácil llega fácil se va… y como la suerte siempre toca dos veces… y como dos es media y tres es una…
Lo primero que piensa uno, es que el priismo como un todo nos debe una explicación, como corresponde a quienes defraudan una segunda oportunidad, pero conformémonos con que algún día se la den entre ellos; desde ya, que quede como lo que es: muy su bronca. Ya son los tiempos de la cosecha y sabremos si acertaron en usar la misma táctica de pesca que han usado desde hace tiempo: pararse abajo a cachar todos los strikes del contrincante. Además de su probada eficacia, se destaca por su productividad: no necesitas a nadie.
A nadie.
Changuerismo puro, diría Sergio Torres, que se abrió y se fue además de Juan Ernesto Millán, Rosa Elena y no recuerdo cuántos más; a ojos vistas, el PRI se está desangrando y pretenden vendernos la imagen de que cumple como donador voluntario cada mes.
Van a tener que inventar algo mejor.