
Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com
No hay tanta materia como para que andemos tan enredados con este asunto de la pandemia: nuestra voluntad para empeorar sigue siendo firme. Que nos señalen de cuánto se les ocurra, menos de rajones.
Debo admitir que me llamó la atención la rapidez con que el tema está perdiendo espacios en los medios y en las redes, lo cual en estos momentos se presta para una primera interpretación: las campañas políticas lo desplazaron. Si fuera así, el fenómeno se presentaría sólo en los estados donde habrá elecciones pero su alcance es global; el último fin de semana de este mes de abril, la mayor noticia sobre la plaga fueron las incineraciones masivas en la India, el segundo país más poblado de la tierra con casi 1400 millones, donde la costumbre funeraria más común es la de incinerar a sus muertos y esparcir sus cenizas en el río Ganges. En su poema Las Causas, Borges menciona las innumerables arenas del Ganges, refiriéndose a la cantidad de almas que en él yacen hoy en paz. Todo sea por tener audiencia. Ahí está el problema. Donde hay elecciones no es que las campañas hayan ocupado un espacio vacío, es la ausencia de público lo que hace sentir su aparente éxito.
Lo que yo creo es que estamos ante el inicio de una nueva ola de miedo, provocada por las nuevas e inesperadas respuestas a las preguntas sobre los resultados que ya están arrojando las vacunas. El silencio que se hizo ante los primeros informes oficiales, hechos alrededor de semana santa, no ha desaparecido por lo menos en la magnitud y con la rapidez esperada, como resulta evidente en las plataformas más usadas donde todavía a fines de abril el número de participantes e interacciones siguen siendo bajos. La narrativa pandémica ha sido tan anárquica, absurda, sobre todo falsa, que después de un año ha generado un intrincado tapiz donde confluyen varias versiones (tantas como expectativas hay) que conducen a un destino final y venturoso. Es lo único que en verdad las hermana y cada una es un cabo que quedó suelto a la luz de las nuevas evidencias: la población no acaba de digerirlo, pero lo está haciendo y ya que logre atarlos… casi puedo apostar que no será del gusto de nadie.
En una tira de Mafalda, ella encuentra en la calle un papel arrugado donde una áspera caligrafía explica: cuando le vendemos algo a un cliente en realidad vendemos dos cosas, lo que el cliente piensa que compró y lo que en realidad le vendimos. En el siguiente dibujo es Manolito quien aparece con cara de preocupación, manos esculcándose los bolsillos y sus pensamientos en letra de molde ¡Mecacho! ¡Mis apuntes técnicos! A mí no me vengan con cuentos, lo que vendieron es que con la vacuna ya no te enfermarías y ya no contagiarías a nadie, por lo tanto en un plazo perentorio regresaríamos a la anhelada normalidad perdida. Eso y no otra cosa fue el ofrecimiento y esa es la expectativa que crearon desde el inicio: volver al paraíso perdido, ese que con cada día que pasa se vuelve más idílico, más perfecto, más inalcanzable y encima ahora resulta que… no existe. Comparemos lo que nos vendieron contra lo que les compramos:
| Lo que nos vendieron 2020 | Lo que les compramos (nos entregaron)2021 |
| Si te vacunas te inmunizas y ya no enfermarás. | No te inmunizas, aún vacunado puedes enfermar pero no te va a dar tan fuerte. |
| Si te vacunas te inmunizas y ya no contagiarás a nadie. | No te inmunizas y sí podrás contagiar a los demás. |
| Con la vacunación la inmunidad de rebaño será completa y no será necesario seguir con los cuidados. | Con la vacunación no habrá inmunidad de rebaño y será necesario seguir con los cuidados. |
Primero compramos la receta de las dos semanas de encierro, después la de los cubrebocas y el gel con alcohol, ninguna ha dado resultados comprobables en ninguna parte, la única que siempre resultó efectiva fue la estrategia de las pruebas rápidas pero no todos los países, entre ellos USA, han tenido para costeárselas. Total, somos tan buenos clientes que nos dieron pilón: las secuelas. Más o menos hasta octubre, con todo y todo el COVID ofrecía una disyuntiva como le gusta a la gente, sin términos medios: si te enfermas te mueres o no te mueres y punto. Ahora resulta que quién sabe. Hará cosa de seis meses, comenzaron a filtrarse casos sobre pacientes que habían sobrevivido al COVID y que como consecuencia de la infección, quedaran con graves deterioros que igual podían estar en uno o varios órganos como cerebro, corazón y pulmones principalmente; de esa narración paralela a la narrativa principal, hay dos términos que de una forma u otra se han ido imponiendo en el imaginario y ambos se refieren a lo mismo: trombo y coágulo. Tanto en quienes enferman como entre muchos de los casos que han tenido reacciones adversas a la vacuna, se menciona la aparición de una anomalía que eleva la función de la agregación plaquetaria, con la cual estamos harto familiarizados todos los que por prescripción médica tomamos a diario aspirina protec. Se trata de que la sangre se cuaja (por decirlo en sinaloense) adentro de las venas y los cuajarones comienzan a dar el maleconazo por nuestro sistema circulatorio, cuando entran a un órgano lo hacen por una gran arteria que como es de alimentación, conforme sigue adelante se va ramificando en muchas más pequeñas y estrechas, en algún punto el coágulo resultará más grande que la arteria y se atorará en ella, impidiendo que la sangre fluya a partir de ahí, condenando a muerte a toda esa parte del órgano. Se trata de un infarto, algo que muchos piensan sólo ocurre en el corazón, cuando existen infarto cerebral, pulmonar, renal… mientras más grande el coágulo, más ancha la arteria que tapa y más daños causa al órgano. Para mi gusto lo peor es la apoplejía, antes embolia, que es cuando el drama ocurre en el cerebro y te puede dejar, desde como reggaetonero, hasta como albahaca en la maceta de la entrada. A los numerosos testimonios sobre cualquier variedad de estragos que sufren muchos de los sobrevivientes a la enfermedad, se les emparejan historias sobre la conmovedora solidaridad de la comunidad médica privada y no tan privada, les cuento un caso que estuvo blandito: Una amiga que a lo mucho andará en sus 50, cursó un COVID “fuertecito” en cuanto a malestares, pero le produjo una cirrosis pulmonar no grave pero a la que convenía atenuar con un medicamento de 9 mil pesos. El puro medicamento y una secuela nada más. Súmenle consultas, los gastos durante la enfermedad, etc. Quedamos de lleno en una situación de perder-perder, porque ya no se trata de quién está vacunado y quién no: se trata de quién tiene dinero y quién no. Y los afortunados que gozan de la buena fortuna monetaria, no recibirán ninguna seguridad a cambio de su lana, pues el riesgo de enfermar de nuevo es para los que se han vacunado y para los que no, para los ricos y para los pobres, para los hombres y para las mujeres…
De ninguna manera estoy diciendo que estamos igual que el año pasado, estoy afirmando que estamos peor en función de lo que hemos obtenido a cambio de sacrificar un año completo en el trabajo, en el estudio, en la producción, en la vida personal, etc. De los trastornos mentales, las crisis familiares, los suicidios, etc. mejor ni hablemos porque nadie acepta padecerlos, señal inequívoca de que nadie hizo la tarea de aprovechar todo el año transcurrido como experiencia y como lección. Hay un elemento que a muchos no les preocupa: el económico. Para efectos prácticos, el país tiene un año enfermo, postrado en cama; un año sin trabajar en forma; un año consumiendo una cantidad importante de recursos y hasta hoy nadie nos ha presentado la cuenta de medicinas, hospital, médicos, etc. sin dejar de mencionar el abono a la Coppel, a las tarjetas, a la hipoteca… No tengo la menor duda de que el gobierno federal está desesperado, sus márgenes de maniobra financiera son cercanos a cero y estoy convencido de que tiene a septiembre como punto de no retorno: reabrir las escuelas el próximo ciclo escolar no es una decisión que será sometida a votaciones a mano alzada o referéndum. Con el perdón de la expresión y para que me entiendan: más tardar en septiembre se reabren escuelas, oficinas, negocios, cines, restaurantes, todo, todo, todo y va a ser a huevo, porque la enfermedad ya nos dejó con una mano atrás y otra adelante.
En tres meses vemos si tuve razón o no.