¡Andy panda! Pa´que sepas quien manda: Breves y tristes crónicas del “macho power” guachicoleado.

Víctor J. Pérez Montes

¡Yo no soy la abusadora!

¡Yo no soy!Laura León¡

Vamos a ver, cómo es… el reino del revés!

Chabelo, circa 1148 A.C

…bien canijo con la Carmela.

En plenitud de fastuosa tarde de verano, cuando la mente y el cuerpo buscan el reposo anhelado -que bien me lo tenía merecido- después de una ardua semana de trabajo, tráfico y presiones cotidianas de la rutina laboral,- ¡ah! Porque eso de ser chofer de los camiones de la Coca, ¡está bien canijo!-.

¡Por fin!, unas horas de sagrado descanso para el macho alfa del hogar, sin faltar las habituales cervezoskys bien helodias, con la botanita de camarones y callito de hacha “a la imaginación” –o sea, salchichas con chile, limón y sal, porque no hay para más– la pantallita de 90 pulgadas – sacada fiada  a 98 mil meses con un 559% de interés en la Coppel- y ¡por supuesto!, el clásico del balompié nacional: Guadalajara vs América, -porque no me  alcanza para contratar los canales deportivos del cablevisión-.

En plena degustación de las mieles del triunfo, de mi condición de macho alfa  de mi reino llamado hogar;  y en el máximo momento en el que el partido de la guerra civil futbolera nacional hacía de sus mayores galas, como invocada del más allá, mi voluptuosa, morenaza y redondeada esposa- por no decirle choncha, prieta y fodonga vieja- aparecía a escena y con su melódica vocecita de ultratumba:

¡Casiano! ¿Cuándo vas a ponerte a pintar la cocina?, ¡Eh! ¡Ya llevas como 3 domingos con la misma cantaleta!, ¡Nomas te la llevas haciéndote menso!, así que en este momento ¡Apagas esa televisión y me pintas la cocina, pero de ya! Panzón vaquetón y mentiroso.

Después de tales palabras ofensivas a mi persona, por supuesto que no me iba a quedar sin replicarle algo a mi bien amada bodoquito de azúcar moscabado:

¡Carmela!, ¡Ya te dije que voy a pintar la cocina después del juego de futbol!, así que ¡Deja de fregarme y vete a ver qué haces! ¡Estoy viendo mi partido y te esperas!, ¿Entediste?

¡Ay nanitas! Nunca me imaginé, el resultado de mis imprudentes palabras y lo que me iba a pasar. Les cuento: Sin más, ni más, en fracciones de segundo, la Carmela desconecta la tele de manera violenta, me agarra de las greñas y que me pone en la cocina y como arte de magia, misteriosamente la cubeta de pintura ya estaba lista para empezar con los brochazos colorinos.

De la desgreñada cósmica que me aplicó, quedé todo mariado, que ni supe dónde quedó la botana y menos las chelas, lo único que alcancé a ver, fue la cara de la Carmela, con mirada de tiburón blanco al acecho, nomás se la llevó dando vueltas a la cocina y preguntando que como iba.

Las lagrimitas nomás me salían escuchando al vecino –que por cierto, ése si controlaba a su fiera- gritando y festejando los goles del clásico nacional, como niño regañado y con una recién pela de perro bailarín, pintaba la cocina, imaginándome cómo hubiera sido el disfrute de ese juego de futbol, acompañado de unas refrescantes cervezoskys y esa romántica botanita de callito y camarones a la imaginación. Y me decía asi mismo: ¡Pero nadie me dijo que me casara!, porque  está canijo, bien canijo con la Carmela!

Pánfilo Casiano: ¡Murió por la patria!

Pánfilo Otilio López Rateros, descansa en su máximo nivel morfístico, cuando de manera súbita y tempestuosamente, un zumbido diabólico va sacando poco a poco de su plácido y reconfortante sueño hacia esa realidad tirana –y que se ríe a carcajadas de nuestro ilustre amigo-.

De pronto, un grito desesperado –igualito como el Woltz, cuando gritaba  desesperada y aterradamente por su caballo, decapitado por los secuaces de Don Vitto Corleone-, nuestro buen amigo Pánfilo, empieza a llamar a su esposa Rutilia, entre llanto de terror y sorpresa demoniaca y exclama desde lo más profundo de su pecho: ¡Vieja pútrida, hija de la tiznada!, ¡Engendra  de tu Harry Putter!, ¿Qué me hiciste vieja loca? Preguntaba nuestro buen amigo, víctima de las habilidades estéticas  de su bien amada compañera de vida, que a la vez, veía como estaba inundado el suelo de cabello negro crespo –así como las canciones de la Guzmán-

En eso, la susodicha, aún con las tijeras en la mano y con una mirada entre loca y asesina de Halloween gringo, abre su bella y sensual boquita y dice: ¿Te lo dije o no te lo dije?, pelafustán bueno para nada! ¡Que quede claro que yo te di la opción!, ¡O te ibas a cortar las greñas con la Yuyis o yo te las cortaba!, ¡Sobre aviso no hay engaño!…así que: ¡Ahora te aguantas chiquito!, ¡Y ni modo!, porque ya te la sabes, y sí no te gusta… ¡La puerta está muy ancha, y todavía te cabe muy bien la panzota por ahí! ¡Inútil mantenido! ¡Y ahoritita te me pones a barrer tus cochinas greñas!

Nuestro buen amigo Pánfilo, solo bajó la cabeza, tomó la escoba y con gesto y actitud de perro regañado, infravalorado, apabullado y sobajado, con breves, pero efectivos movimientos “barreatorios”, recogía sus greñitas, al tiempo que las lagrimitas de coraje o de miedo –ve tú a saber cuál fue la razón- caían de su rostro y se mezclaban con sus cabellos mutilados.

Pero, ¿Cuál fue el resultado de ese detallito marital? Nuestro ilustre Pánfilo iba derechito y de manera religiosa, a la estética de la Yuyis, cada 15 días, y por supuesto Doña Rutilia encantada, porque su marido ya no era un inútil greñudo, ahora era un inútil con corte de cabellera formal. ¡Tan tan!

Maximino alias el ex “Barbas”

¿Qué sí que me pasó?, ¡Pos ya me rasuré!, me obligó mi vieja y de manera arbitraria y en contra de mi sacrosanta voluntad accedí, y les cuento como fue… Me dijo: ¡Me cae gorda tu barba fea!, ¡Pareces perro lanudo de la calle!, ¡Estás bien feo! Y con pelos en la cara, ¡Peor!, en estos precisos momentos, te me largas a la tienda de don Toya y te me compras un rastrillo y ¡Te arrancas esos pelos horribles imitación de jipi mariguano!, ¿Entendiste?

Y yo, con el alma enamorada dentro de mi corazón –como diría el buen Chalino Sánchez– y tratando de hacer valer mi masculinidad y hombría del macho alfa pecho peludo máximo jefe del clan familiar, me levanté y con voz firme y poderosa como trueno, como los que salían de la espada del He-Man, le dije: ¡Vieja! Yo me voy a cortar la barba cuando se me dé la rechiflada y regalada y soberana gana, ¿Entendiste mija?

En ese preciso instante, un vacío de silencio penumbral sofocó el ambiente, aquella atmósfera se tornó tétrica, infernal, como sí estuvieras en una de las películas del Exorcista y con presentimiento de que el tiburón te va a comer…

Aproximadamente, a los 18 minutos, 23 segundos para ser exactos, salí con mi dignidad de macho alfa pecho peludo máximo jefe del clan familiar “guachicoleado” ¡Hasta el mismísimo averno!, y por supuesto, ¡Con los cachetes como nalguita de neonato! Y sólo, con una mirada de satisfacción y orgullo –como de cazador de leones-, y por sobre todas las cosas, y lo más sorprendente, es que sin una sola palabra me mandó un mensaje claro y contundente: ¡Andy Panda!, ¡Pa´que sepas quien parte el queso en este clan familiar!”

Ramona y Romino: El dúo dinámico.

Sería algo así como las 7:44 am. El viejo portón del estacionamiento, hacía el acostumbrado ruido de la entrada y salida de automóviles de los vecinos del edificio. A los minutos, la puerta del departamento se abre de una manera estrepitosa, y la bella, escultural y elegante dama que entra por esa puerta, de pronto, y sin esperarlo, fue sorpresivamente interceptada por su abnegado y desvelado esposo. E inicia la épica y acalorada conversación:

-¡Buenas madrugadas Señora de este hogar! ¡Vaya! Hasta que se aparece la reina de esta su humilde morada, ¿Ya se acordó que tiene hijas y marido la Señora?

-¡Romino! ¡No estoy para estos espectáculos tan temprano!

-¡Claro!, pues si nunca estás para nada en este hogar, aquí me dejas solo todo el santo día y la santa noche, con mi alma en un hilo de mortificación, piense que piense que te habrá pasado, o con quien habrás estado en la noche.

-¡Romino! ¡No empieces con tus celos ridículos!

-¡Pero si no son celos! Son un sentido reclamo porque me tienes aquí abandonado, sin preocuparte de mí, nunca me sacas, siempre aquí entre pañales, barriendo, trapiando, de mercado en mercado, para hacerte gastar menos, y ni siquiera soy merecedor de una salidita o un pantalón o camisa nueva.

-¡Ya me hartaste Romino! ¡Siempre con esa cantaleta! Eso pasa por que eres un mantenido, que no hace nada de su vida y que siempre te la llevas encerrado aquí. Esperando recibir el dinero del gasto y pasártela viendo futbol en la televisión.

-¡Claro! Ahora la señora elegante y fina, me va a venir a reclamar que mis únicos momentos de distracción son malos, ¿Tu crees que no me doy cuenta que ya me perdiste el interés como hombre?, ¿En qué te convertiste Ramona?, ¡Tu que me hablabas de amores y buena vida!

Al momento, que Ramona levanta la mano en ademán para dar una bofetada a Romino, pero se detiene y le contesta al sufrido y amnegado marido:

-¡Me convertí en la esposa de un hombre que aumentó como 20 kilos de peso, gordo, panzón, siempre con las manos descuidadas, despeinado y con la ropa con manchas, porque desde que nos casamos, te la pasas queje y queje, además de apestoso a sal y pimienta. ¡Ya estoy harta! ¡Me largo con el otro!

-¡Si ándale vete con el otro!, ¿Crees que no sé qué te entiendes con el secretario de tu despacho?, ¿Crees que no me han contado que los ven saliendo juntos muy felices del cine?, y de otros lugares, que no voy a mencionar para no manchar la santa memoria de nuestras tres niñas, que en las noches preguntan por su madre!

Al tiempo que las niñas –de 5, 3 y 1 años respectivamente- empiezan a llorar por los gritos violentos de sus progenitores.

-¡Me avergüenzo de estar casada contigo Romino!, ¡Me largo para siempre!, ¡Quítate mugroso panzón!

-¡Si vete!, ¡Y nunca vuelvas!, pero eso si te digo, que a mis niñas, no te las llevas, porque ellas no son hijas tuyas, son solo mías, porque yo las hice solo, en 3 deslices que cometí porque tú nunca me has querido. ¡Mala esposa!, que como todas, ¡Eres brillo de la calle, pero, tinieblas de su propio hogar!

Y ahí quedaba tendido sobre el suelo, nuestro buen amigo Romino, llorando a grito abierto, desconsolado, y parafraseando al Divo de Juárez, quedaba solo, triste y abandonado. Y así fue.

Deja un comentario