Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com
Mi suegro (QEPD) fue uno de esos hombres que ya no se dan: polímata vernáculo, es decir sinaloense atrabancado al que nada se le atoraba y a todo le metía mano, supo empaparse de cualquier cantidad de oficios hasta volverse aprendiz de todo y oficial de nada. Su escudo de armas rezaba los pendejos no existen, son güevones disfrazados, pues consideraba que sólo los primeros pagaban por cualquier cosa y del dicho pasaba al hecho: su casa la hizo completita él, literalmente. Hizo los ladrillos y levantó los muros; coló los techos y realizó todas las instalaciones de plomería y de electricidad; dio todos los acabados e hizo las herrerías y todos los muebles. Es una casa de apariencia normal, pero las particularidades que desde el primer día la vuelven excepcional sólo puede percibirlas quien ingresa en ella; al oprimir el botón del timbre no se oye ninguna campanada, pero la acción echa a funcionar la lavadora que está instalada en el patio de a mero atrás, a la vez que apaga el refrigerador ubicado en la cocina, por lo que es menester ir allá a cerrar la llave del agua caliente de la tarja, la misma por donde jamás ha salido una gota de agua salvo en años bisiestos, pero que pone a funcionar al refri con el sólo acto de tocarla; en el trayecto a la cocina, es obligado pasar por un pasillo inexplicable del que nadie sabe cómo es por dentro, por lo oscuro, aunque tiene en su parte central un foco que nunca ha funcionado, es decir no actúa como sus restantes homólogos que además de encender y brindar luz, también controlan los canales que agarra la tele: en el de la cochera está el Canal 3; el 7 lo agarra con el del baño de arriba…y si se hecha andar la licuadora en velocidad baja, entonces ya entra el SKY y el orden de sintonía de los focos cambia para esos canales. No me pidan les explique en detalle, pero si a la licuadora la ponen en velocidad alta aparecen los subtítulos. Sí claro: en español. Entonces… ¿para qué tener puesto foco en el zóquet del pasillo? Fácil: para que el medidor registre la mitad del consumo. A mí no me pregunten, yo no hice la casa. Y sobre qué pasa cuando se le jala la palanca al baño no esperen les cuente y para encender el boyler…
Aunque al final retomaré el tema…
La carraca contra el licenciado Ramón Florencio López Hernández, director de Recursos Humanos de la UAS, a partir de una información medio rara, por decir lo menos, ofrece más de un ángulo con la suficiente importancia como para tomarlos en cuenta; van algunos, a manera de primer apunte.
El nombre Ramón Florencio López Hernández, no tiene el peso noticioso suficiente como para el ruido que produjo al inicio; el exceso de la UIF, al señalarlo como uno de los principales socios de…¡Él! confirmó las sospechas expresadas por no pocos opinadores y analistas locales, que lo vieron como parte del proceso electoral actual o, para ser más precisos, como una mala copia del caso contra Ricardo Anaya para descarrilarlo durante el proceso electoral federal del 2018, y que hasta el momento ninguno de los señalamientos en su contra cuenta con pruebas categóricas y tampoco ha merecido acción penal.
El gobierno actual, nos está diciendo claramente que no piensa renunciar a ninguno de los santo niño* que dejaron como herencia los gobiernos que le antecedieron, siendo todos ellos violatorios de las garantías individuales y de los derechos humanos: auténticas aberraciones propias de las peores dictaduras latinoamericanas, como la prisión preventiva, la presunción de culpabilidad y un diseño para el delito de lavado de dinero aplicable a cualquier ciudadano; no es coincidencia que en aquel caso de alcance federal y este nuestro de hoy, la acusación sea la misma: lavado de dinero.
Entre gitanos no nos vamos a leer la buena ventura; los medios, las instituciones, los nombres, las firmas y su mal hechura le dan a todo una trasparencia en verdad agradecible: la fake new de marras tiene del género policiaco el puro encabezado, porque de información consistente no ofrece nada, salvo la encaminada a demostrar que Ramón Florencio López Hernández trabaja de funcionario en la UAS y es simpatizante del PAS, una vertiente abordada con tal acuciosidad que sólo hace resaltar su ausencia en las restantes. Está tan mal concebida y ejecutada la maniobra, que como centro de atención su mala leche se desdibujó frente a su propia cuachalotez: acusarlos de guerra sucia es hacerles el favor, cuando ni a lucha de cochis llegan. Todo mundo entiende cuál era el objetivo; Todo mundo sabe quién lo hizo y todo mundo sabe quién lo pagó y cuáles son sus pretensiones… y él fue quien me remitió a la anécdota de mi suegro, que con todo y todo dejó un patrimonio a la numerosa familia que le sobrevive, con la garantía de que de aburrimiento no se van a morir; a mí en cambio, me quedó a deber su definición sobre los que además de pagar por todo, piensan que el verdadero éxito es comprarlo barato.
*Santo niño Herramienta hechiza de albañilería hecha con varilla de una a una y media pulgada, con forma similar a una b minúscula caída de espaldas, con longitud total desde sesenta hasta noventa centímetros, cuyo uso principal es doblar varillas más delgadas. Hasta aquí la definición oficial.
Ahora la verdadera: el nombre es creación de los ladrones domiciliarios, pues no hay candados, protecciones de herrería o cortinas metálicas que se le puedan oponer; donde quiera que sea llamado a cumplir, cae como cuchillo en mantequilla blanda, por eso lo nombran como el Santo niño: porque se chinga en lo que sea.