ESTO NO DEJA DE MEJORAR

Jorge Eduardo Aragón Campos     jaragonc@gmail.com

No es poca cosa el hecho de que, este fin de semana, en México, la población la pasó como si se tratara de otro fin común, cuando toda la semana el ruido mediático sobre el coronavirus, ocupó todos los espacios de la agenda pública disponibles. Hablando en plata: no puedo asegurar que intentaron vendernos miedo, pero sí resultó evidente que no quisimos comprarlo.

Fue de llamar la atención, la rapidez con que brotaron testimonios sobre lo que fue la “epidemia del H1N1”, a manera de respuesta contra las voces alarmistas que reclamaban medidas similares; más notoria todavía, la buena recepción pública hacia ellos, favorecida por la empatía que se iba generando conforme la memoria le refrescaba a cada uno, los estragos que en lo personal había padecido aquella vez.

Si bien es cierto aún no está controlada la pandemia, lo cual mantiene vigente la amenaza, también es cierto que no es aconsejable desatendamos nuestras experiencias, más cuando el costo de las medidas aplicadas fue a todas luces excesivo… sin dejar de mencionar que años después, se reveló que el medicamento Tamiflú no cumplía con los atributos que le atribuían… y que entre los principales accionistas de esa farmacéutica, estaba quien fuera secretario de la defensa durante la presidencia de George Bush Jr.

Ah!  El 29 de abril de 2009, la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó el brote de gripe A (H1N1) como de nivel de alerta cinco; es decir, pandemia inminente.

Por supuesto, ha sido fundamental la postura del gobierno federal, al negarse esta vez a llevar la voz tronante para la siembra del miedo, que no la de la precaución; su forma de actuar, contribuyó con mucho para que se impusiera la vía de una respuesta ponderada a la amenaza, que es lo menos que debía hacer… y lo hizo. Bravo!

Por supuesto no faltaron expresiones de pánico, al punto de provocar escases de algunos productos de uso común, pero aun así quedaron como incidentes aislados, de significancia más que nada anecdótica. Lo que en verdad resulta trascendente, al menos para mí, es la rapidez con que los mexicanos dimos respuesta no a un hecho (un virus nuevo), sino a una de las versiones sobre la cual tenemos sobradas razones para sospechar; más me sorprende que el episodio del H1N1 fue hace once años, pero lo recuperamos y lo traemos como si hubiera sido ayer. Yo sigo sosteniendo que la naturaleza profunda de las redes sociales, radica en su función de ser las depositarias de la memoria colectiva. Nos es tan común disponer de nuestros recuerdos, es –dijéramos- un flujo tan sencillo, que apenas comenzamos a apreciar las diferencias en sus efectos cuando su escala pasa, de lo individual, a los números grandes de individuos. El primer resultado tangible, es que ya no se puede afirmar que los pueblos no tienen memoria y eso lo cambia todo.

Y eso es nada más para empezar. La esencia de las redes sociales es que son los auténticos medios de comunicación, su capacidad para rememorar y actualizarse, arroja luz sobre la facultad que han mostrado las redes para la rectificación; se trata de una forma poco considerada de inteligencia artificial, donde el todo acaba siendo mayor a la suma de sus partes; es una idea que apenas algunos pocos autores de ciencia ficción han abordado, de seguro su evidente estrambotismo ha contribuido en algo, pero el enfoque no deja de ser seductor, frente a la búsqueda de formas de aproximación para entender un fenómeno cuya complejidad y efectos, son resultado de fusionar a los usuarios con la tecnología, obteniendo un tercer ente muy superior a ambos.