El Triunfo Feminista

Jorge Eduardo Aragón Campos       jaragonc@gmail.com

Lo admito, soy fan de la película gladiador; soy de los que conciben al cine como un asunto de buenos guiones y gladiador… es uno de los mejores que conozco. Su profundidad se manifiesta desde el inicio, cuando el protagonista arenga a los jinetes con el grito “Lo que hacemos hoy resonará en la historia”; no dijo sonará; dijo resonará, porque para efectos prácticos lo segundo es una versión mayor y distorsionada de lo primero, por lo cual nos remite a la cosmovisión griega (y los romanos amaban todo lo griego), que ve al caos como una imagen espejo del orden porque, finalmente, todo está constituido por lo mismo.

No andaban tan errados.

¿Quién no vio en la pared del laboratorio de química, el póster con la tabla periódica? ¿Recuerdan su tamaño? ¿La cantidad de texto? Soy insistente en tales nimiedades, porque la tabla periódica no es otra cosa que la lista de ingredientes para construir todo este universo; sí, lo estoy incluyendo a usted, a mí, a la historia, al propio tiempo y a todo el espacio; la idea que estoy tratando de transmitir, es la magnitud de todo lo que se puede hacer con tan pocos ingredientes… pero sabiéndolos ordenar bien… lo cual reclama tiempo. Sí: tiempo. No historia, como lo grito Máximo Décimo, porque el tiempo no se equivoca pero la historia sí, al ser tan falible como su creador.

El tiempo es el orden, la historia es el caos, ambos son fruto de los dos sentidos que puede tomar un mismo proceso que podemos encontrar en todas partes, como por ejemplo usted y yo, que desde que nacimos nos estamos “desordenando” hasta que alcancemos el caos total. Lo mismo ocurre con todo: o está en proceso de construcción, o está en el de destrucción. No es un fenómeno, es una ley natural que podemos encontrar en todas partes, inclusive dentro nuestro, en nuestra compleja individualidad y no digamos en las sociedades que hemos creado. La moraleja a todo esto, es que para ninguna de nuestras preguntas existe una respuesta sencilla, y va tanto para individuos como para la sociedad; estamos parados sobre un entramado de interrelaciones, construido a través de una serie de pruebas error, acuerdos, imposiciones, tiempo, etc. Ese tejido no es otra cosa que el famoso Contrato Social, es tanto o más complejo que el clima mundial y es algo a tomar en cuenta para el abordaje de nuestros problemas y sus posibles soluciones.

Sin duda, el tema de la condición femenina es una de las piedras angulares que sostienen nuestra civilización, su función es tan trascendental, tan necesaria y tan importante, que no debemos pretender lo resuelvan sólo las mujeres, porque además nos ocurre igual con la masculina: ignoramos más de lo que sabemos. Por lo mismo, más vale aceptemos lo evidente y nos enfoquemos en lo urgente; los hombres y las mujeres somos tan distintos en tantas cosas –y están tan a la vista-, que lo primero a resolver es nuestra reticencia para asumir a cabalidad nuestra complementariedad. Es absurdo ese discurso que vuelve la cuestión de género una competencia sobre cuál es el mejor; también es para preocupar como va creciendo el desprecio hacia las voces más cuerdas y prudentes, a la vez que suben de tono las provocaciones y la incitación al linchamiento; me inquieta sobremanera, como muchas mujeres que conozco de cerca y que no hace mucho, de manera seria, trataban de dilucidar asuntos de gran trascendencia sobre su circunstancia individual y genérica, donde la maternidad, el matrimonio, la libertad y la individualidad eran algunos de los principales, abandonaron sus dudas y abrazaron la convicción de que los hombres somos los culpables de todas sus desgracias o, por lo menos, de buena parte de ellas, porque esa y sólo esa tiene que ser la razón para tanto sufrimiento, dado que su superioridad moral sobre nosotros queda fuera de discusión; el pesebre de donde surge esa nueva cosmogonía, es que los géneros masculino y femenino no existen, porque la verdadera división está entre el feminismo y el machismo, y las conceptualizaciones de los dos últimos son distintas según quien de ellas te conteste. Así no se puede.

Dicen los judíos que debemos estar preparados siempre para todo, hasta para el éxito, porque frente a la derrota ya estamos medidos todos. Este lunes 9, aquí en México, el feminismo obtuvo una victoria importante, un éxito rotundo. Felicidades. Se lo han ganado. Lo que sigue es ver que hacen con él.

Las Mentirosas Redes

Jorge Eduardo Aragón Campos             jaragonc@gmail.com

Decía Bukowski que nadie se acuerda de la injusticia hasta que le toca padecerla. Ante la incertidumbre electoral que priva en todos los cuartos de guerra, ya se pusieron el huarache antes de espinarse y emiten a coro que las redes lo distorsionan todo; las redes mienten; las redes son una amenaza; hay que meter orden en las redes; no es posible que cualquiera pueda publicar lo que se le ocurra.

Son las villanas perfectas.

Somos insistentes en abordarlas como si fueran medios de comunicación, cuando nuestra presencia en ellas exhibe –y nos exhibe- que no lo son ¿A poco antes uno podía entrar a pantalla a enmendarle la plana a López Dóriga? Más de una vez he señalado aquí ejemplos que ilustran sobre una facultad que no pueden poseer los medios de comunicación, mientras que en las redes sociales es innata: capacidad para la autocorrección. Los medios de comunicación no son tal cosa, sólo son reproductores de órdenes que son como los llamados a misa, mientras que en las redes sociales sí se da la interacción personal en tiempo real; de hecho lo correcto es decir nos comunicamos, porque la plataforma de una red social permite que el lenguaje fluya de una forma cada vez más próxima a la presencial: una red social es tal, en la medida que es lo que sus usuarios son. Cuando alguien afirma que las redes sociales mienten, es lo mismo a afirmar que el pan no engorda.

El que engorda es uno.

Las redes sociales deben su capacidad de autocorrección a su imposibilidad para el autoengaño (siempre hay un tweet), aquello de que una mentira dicha mil veces… ahora cualquier verdad que busque ser creíble más vale y no tenga un pelo que le pisen, porque al primer compartido le van a sacar hasta las erratas en su acta de nacimiento.

Cuenta la leyenda que cuando la emperatriz Catalina la Grande visitó Crimea, su amante el príncipe Grigori Potemkin, creó aldeas ficticias, de las que solo existían las fachadas, para dar a la emperatriz la impresión de que su nueva posesión era próspera y hermosa. Desde entonces se usa la expresión Aldeas Potemkin como sinónimo de simulación. Lo que en verdad está pasando (y no les gusta ni tantito) es que antes las campañas se hacían a través de los medios de comunicación, luego mediante encuestas se medían sus resultados para obtener, al final del proceso, un escenario totalmente acorde a las expectativas más optimistas del candidato. Ahora en cambio, los efectos de sus mensajes los tienen frente a sus narices de inmediato, sin intermediarios y sin anestesia y muchas veces no son lo que esperaban, entendiendo no son lo que esperaban como chocantes. No hay candidato al que no lo agarren batiendo babas: a uno dando agarrones al atractivo, otro comiéndose los mocos, etc. lo que nos revela esto es que se mantiene el comportamiento de siempre durante las campañas políticas: una interminable sucesión de escenarios y eventos totalmente controlados, donde el candidato desempeña su papel sólo durante el lapso que va del acción al corte, el resto del tiempo es para la zona de confort de la grilla cortesana interna. Para la vieja escuela, pues, un candidato no es otra cosa que un actor representando ese papel frente a cámaras, frente a micrófonos o sobre un templete. La santísima trinidad de la mercadotecnia electoral mexicana, sumó otro integrante cuando siendo presidente Zedillo, Roberto Madrazo lo desafió en la contienda por la dirigencia nacional del PRI (dale un madrazo al dedazo); vender a un candidato es lo mismo que vender un detergente, afirmó el publicista encargado de la campaña. Siendo presidente, José López Portillo puso en evidencia lo que para el estado mexicano es la comunicación: no pago para que me peguen. Cualquier duda que hubiera quedado sobre el significado y sus repercusiones, fue convenientemente aclarado pocos años después, cuando Emilio Azcarraga Milmo se autodefinió a sí mismo (y con ello a TELEVISA) como soldado del PRI. No sé ustedes, pero yo sí veo un poco difícil lograr que Zuckerberg se le cuadre a López Obrador. Lo peor es que aún y lo hiciera no serviría de nada porque Mark Zuckerberg es el dueño de Facebook, pero no tiene en absoluto control sobre sus usuarios y son estos quienes deciden los contenidos. Quienes insisten en mantener la óptica de los medios tradicionales para controlar las redes sociales, dan por sentado que a mayor cobertura mayor control sobre la audiencia, lo cual equivale a que en los tiempos de José López Portillo, mientras más dinero destinaras a obtener la buena voluntad de los fabricantes de antenas domésticas para televisión, lograrías controlar mejor la programación que por esa vía llegaba a los hogares.

ENTENDER NO ES QUERER

DOS A LA SEMANA

Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com

Como es así que se hacen los chismes, de una vez aclaro que el título no hace referencia a alguna canción de José José, no se me confundan, en particular todos los que bien saben cómo me sale de igualito cuando hago mi legendaria imitación de él.

Porque todos sabemos enteendeeeer… pero pocos sabeen quereeer…

Mi título hace alusión a una frase que no tiene much@ tiemp@ de mod@ en el mundill@ de los políticos y las políticas (no entienden que no entienden), retomada recientemente por Julio Serrano Espinosa (MILENIO), para endilgársela a la oposición política mexicana, donde señala que de frente a las actuales campañas están apostando a una amnesia temprana del electorado, mostrando así que todavía no entienden las razones para lo molesta que está la ciudadanía con ellos. Creo que Serrano menosprecia la capacidad previsora de nuestros políticos profesionales, al no concederles que ya cuenten con un estratégico almacenaje disponible para cantidades de ignominia nunca antes vistas. Un año normal, pues. Por eso me extraña que Serrano no lo considere. La oposición entiende perfectamente lo que está pasando y está encantada porque se siente en un día de campo, a ellos sí les cayó como anillo al dedo esto de la pandemia; en lo económico porque al menos hasta el primer trimestre del año pasado, ningún portal meteorológico contaba con modelos de pronóstico para un diluvio, cosa distinta hoy sin duda, como indudable es que los daños también hasta hoy no han sido lo altos que debieran ser, eso obliga a pensar que de no presentarse la pandemia sí pudo haberse dado una buena sorpresa por esos rumbos. Pero Dios da y Dios quita: la narrativa pandémica (que es global) mostraba una tendencia inevitable a favor de la cobertura de vacunación, condenando a la 4T al fracaso frente a la poca que tendrá cumplida para el día de la elección.

Yo que fui tormeentaaa (ya entré en caja).

Ni yo pude imaginar el viraje –y su brusquedad- que tomó el discurso sobre la pandemia justo en el momento en que iniciaba el ansiado final: la vacuna no sirve. La nueva información que está fluyendo desde las fuentes autorizadas, promete que esta es la única normalidad que conoceremos durante un tiempo que nadie puede determinar: con todo y vacuna seguirán los cuidados, los protocolos… el miedo ¡La Vida! así, con mayúsculas y signos de admiración no existe; nuestra ¡Vida! no es ni será otra cosa que este año que acabamos de pasar, igual a este que ya lo terminamos de iniciar y el que viene y luego el otro… Perded toda esperanza. De ser así, se estará abriendo una oportuna ventana para que este gobierno se sacuda los costos que ya tenía en su contra, pues en la medida que más gente vaya aceptando lo inevitable, al menos una parte adoptará la opinión de que la pandemia no es un problema que el gobierno pueda evitar ni resolver, porque ninguno ha podido y ahora sí ni se pudo. Frente a eso, la oposición se queda sin nada porque lo único que nos tiene preparado es pan con lo mismo (sin alusión): hablar mal a ciegas y a locas de cuánto haga el gobierno. Cómo si los mexicanos tuviéramos alguna otra actividad donde hayamos mostrado sí ser autosuficientes ¿Quién los invitó? les deberíamos de preguntar.

Un poooquito mááásss… para llevarte… un volcán bien gaviláááán ¿Así era?

Conocedores de que el México profundo no es otra cosa que nuestra propia naturaleza profunda de mexicanos (traicioneros, hipócritas y ladinos), contaron con nuestra ingratitud para que siendo uno u otro el desenlace fueran ellos los ganones: si la pandemia era derrotada el mérito sería diluido por el mismo reparto global, pero aquí la votación castigaría al gobierno por los errores cometidos en lo local; si no era derrotada con claridad por la vacunación, igual el afectado sería el gobierno. Una cosecha nada despreciable para el sobrehumano esfuerzo de pasarse dos años sin hacer otra cosa que apuñalearse entre ellos (esa es otra parte de la historia que nadie menciona), pero les falló el timing y cayeron en otra de nuestras taras nacionales: festejar antes de tiempo. De quién fue la genial idea de sacar del closet una resma de esqueletos (Fdez de Cevallos, Alazraky, Madrazo) para paseárnoslos por enfrente con el rótulo de ¡Querida… ya volví! a manera de jubiloso anticipo del regreso a una época dorada –según esto-, donde con desprecio le negábamos visa a los gringos. Y qué no agarráramos a uno aquí en el corte del tomate porque… Peor aún, anticipando su rotundo éxito construyeron una narrativa contra el reparto de dinero, seguros de que el votante volvería de rodillas, arrepentido por dejarse llevar por el canto de las sirenas chairas y bien dispuesto a regresar a lo segurito, es decir a la infaltable despensa, una dádiva vergonzosa como todas las dádivas pero que no por ello han abandonado como recurso clientelar: eso sí no es abominable como el dinero en efectivo. Mi duda es de dónde sacaron que para un elector mexicano eso represente una disyuntiva: va a agarrar despensa y billetes (tal y como lo ha venido haciendo) y el día de las votaciones se va a levantar de la cama a las 6 de la tarde.

Nos guste o no, lo que se va a medir en esta elección es cuál de los dos modelos beneficia a más votantes y para de aquí al día de la votación (de mí se acuerdan), la definición de beneficia va a ser dinero contante y sonante pero no per cápita sino per se.