Adopción y Traición II

El problema de dárselas de demócrata, es que la única manera de demostrarlo es cuando te derrotan, justo lo que les ocurrió a los militantes gay cuando, al no ser favorecidos por la votación en el Congreso, respondieron con inusual sorpresa y coraje.

Resulta evidente no tenían idea de dónde se fueron a meter: se los bailaron. Y a la vieja usanza, por cierto.

Con el cuento de que la fracción morenista es abrumadoramente mayoritaria, les hicieron creer estaba cincho el éxito y la compraron completa, no se tomaron la molestia de ponderar una serie de hechos bien demostrados y a la vista de todos, como por ejemplo las contradicciones internas de MORENA, provocadas por lo variopinto de las corrientes que lo componen, donde en más de un caso encontramos ideologías irreconciliables, además de los conflictos desatados por los apetitos propios de quienes por primera vez detentan algún poder: están todos contra todos. Cualquiera con dos dedos de frente y un mínimo de experiencia sobre nuestras prácticas parlamentarias, hasta donde fuera posible optaría por no someter el asunto a votación, pero si esta fuera inevitable se iría por el recurso de “calladito me veo más bonito”, es decir justo lo contrario a cuanto hicieron. Dicho en otros términos, se asumieron como una mayoría –que no lo son- y elevaron el costo de verse favorecidos. Y les ocurrió lo que supusieron imposible y para lo que nunca se prepararon: perdieron. Su reacción ante la sorpresa reveló su talante autoritario, evidenciaron que no iban por una votación mayoritaria sino unánime, de ahí que sus reclamos se torpedean solos: a las fracciones opositoras por haber votado en bloque, mientras a seis morenistas por no haberlo hecho así; al gobernador porque les dio su sobadita pero no hizo que los diputados priistas votaran a favor, o sea que tampoco están tan inocentitos respecto a las machincuepas polacas, pero como ahora no les favorecieron ya les resultaron intolerables.

Lo que perdieron en el Congreso fue una votación, si la hubieran asumido con espíritu deportivo tendrían hoy una gigantesca victoria moral y cívica, pero prefirieron sacar a relucir el cobre esgrimiendo su arma de los domingos: las acusaciones de homofobia contra todo el que no coincida a plenitud con ellos. El verdadero quebranto lo tuvieron afuera, entre el público que simpatizaba con ellos.

A mi generación todavía le tocó que las prácticas homosexuales fueran motivo de cárcel, de ahí que siempre he respetado el derecho que cada quien tiene para hacer de su cola un papalote, sin que ello implique compartir o simpatizar con la amplia gama de posibilidades disponibles; nunca me ha parecido correcto imponerle a otro mis preferencias, mucho menos con justificaciones plagadas de subjetivismo, como las usadas por la militancia gay en su pretensión de imponernos su visión del mundo (mi postura es de “avanzada”), cuando no han logrado siquiera consensarlas entre ellos mismos; estos grupos, pretenden hacernos creer que la homosexualidad es homogénea y ellos -¡Quién más, pues!- sus representantes, que vendrían a ser los más “avanzados”.

Haberlo dicho antes.

Ser homosexual no te hace tolerante, ni demócrata, ni sabio, ni decente, como ser hetero no implica lo contrario. Ser homosexual significa que…te gustan los de tu mismo sexo y si por eso no te gustan las mujeres, eso no te hace misógino, en todo caso lo sería un homosexual que, por ejemplo, valiéndose de su alta posición en un centro de trabajo, les hace la vida de cuadritos a sus subordinadas, lo cual por cierto no es raro que ocurra aquí y en China; qué curioso, hasta hoy no he sabido de ningún caso donde estos colectivos señalen, o acusen, a alguno de sus contlapaches que incurren en esas actitudes, mucho menos cuando se valen de su poder para acosar a los hombres bajo su mando. Sí debe haber más de un caso donde hayan actuado, pero presiento son pocos y aquí en Sinaloa… se me hace no hay ninguno. Y si nos ponemos a buscarle, vamos a encontrar otras prácticas condenables ante las cuales también se hacen como que la virgen les habla.

Y estos son los “avanzados”.

Libros Contra Computadoras II

LIBROS CONTRA COMPUTADORAS II

Jorge Eduardo Aragón Campos                      jaragonc@gmail.com

Que a mí me conste, desde hace aproximadamente 50 años no hay lugar en el mundo donde no se duelan por no destinar más recursos a la promoción de la lectura: así se ha mantenido de forma casi unánime y sin cambios, lo cual es señal de que lo estamos haciendo mal.

Nunca como hoy, tanta gente había leído y escrito tanto cada día, es un avance impresionante cuando, no hace mucho, se presentaban casos de individuos urbanos ya alfabetizados que por falta de práctica se les olvidaba como escribir –primero-, para acabar nuevamente ciegos frente a la palabra escrita: Ah bueno, es que lo importante es la calidad de lo que se lee, dirá más de uno. Vale. A confesión de parte, retiro de pruebas. Entonces, lo que importa no es la lectura en sí, sino sus efectos, eso que “nos deja o nos queda”, por decirlo en términos llanos o, ya poniéndose fifís y entrándole a la virtualidad, los contenidos.

Esta diferenciación no es un asunto menor, cuando aquí en México el presupuesto para cultura se redujo a una quinta parte de los recursos que gobierno e IP destinarán al beisbol. La tendencia es mundial aunque con variaciones muy importantes, por ejemplo en Brasil no se lo invierten al beisbol sino al soccer. ¿Cómo es posible? La entrega anterior inició mencionando una encuesta global, donde arroja que para la humanidad el invento más trascendente de toda la historia es la imprenta, lo cual subraya la reverencia y el respeto que seguimos sintiendo por el libro ¿Entonces por qué la gente no se levanta en armas? Antes de soltarnos reclamándole al pueblo bueno por su estulticia, consideremos otra posibilidad para esa indiferencia: lo que al público le importa son los resultados más que los procedimientos. La empatía no encuentra asideros frente a lo que sólo es papel y tinta, son sus efectos sobre los individuos lo que reverenciamos.

Si nos atenemos a los descubrimientos más recientes, lo que ocupamos con urgencia es la promoción de la ortografía, por las implicaciones profundas que puede tener en el desarrollo intelectual de los individuos: no puede pensar bien, ni expresarse bien, quien desconoce las reglas de su lengua, pues en ellas está la hoja de ruta para alcanzar niveles de abstracción cada vez más complejos. Los libros, la lectura, las bibliotecas, contienen los referentes para determinar la calidad de la escritura, son las tablas de la ley para quienes desean obtener saber, quedando en la ecuación de escribir/hablar bien el parámetro para la sabiduría: no es solamente la cantidad y calidad de nuestras lecturas, sino el cómo las manejamos, es a esa externalización del bagaje de cada quien a lo que rendimos respeto.

Es menester derrocar ya al libro, pues frente a las posibilidades que nos ofrece hoy la tecnología, lo vuelven inconveniente su menguante efectividad y su obsolescencia como un sistema de distribución y almacenamiento, que a eso quedó reducido su status de medio de comunicación. Es aberrante que ante los pocos recursos que se le destinan a la cultura, la porción destinada al fomento literario se dedica en su mayoría a sostener la industria editorial, es decir a las imprentas, dejando para los autores apenas lo suficiente para ofrecer café y galletas en la presentación del libro… y quién sabe. Peor aún, en qué papel queda ese segmento de la sociedad considerado como el más preparado y pensante, cuando reclama por la reducción de un presupuesto que lo usa en producir alimento para las termitas. Cada vez es más notorio, que a nuestra intelectualidad le faltan ideas nuevas para adaptarse a la modernidad, una consecuencia a la vista es la ampliación de la brecha entre ellos y el grueso de la ciudadanía; por suerte, en otros lugares de Latinoamérica ya nos están haciendo el trabajo –para variar-: en Argentina van aumentando los casos de éxito en torno a nuevas estrategias de fomento, como los clubes virtuales de lectores; en Costa Rica, su universidad está desarrollando un sistema de redes propias para dar a su comunidad internet de alta velocidad a bajo costo. En todo el mundo, están en marcha numerosos proyectos de editoriales virtuales y no son pocos los casos que ya han triunfado. Para decirlo en palabras llanas, aquí en México ya tenemos rato meando fuera del hoyo; a ver cuándo nos cae el veinte.

No Hay Coincidencias


En 1976, Armando Ayala Anguiano publicó la novela “el día que perdió el PRI”, donde anticipaba que la presidencia sería ocupada por un panista; en la parte donde se narra la campaña rumbo a la elección, el candidato opositor “se pierde” y nadie sabe dónde diablos está, de ahí que el secretario de gobernación le consulta al encargado del espionaje político y este le confirma que efectivamente “lo traen perdido”, a lo que el secretario responde “aquí no se pierde nadie si no lo decidimos nosotros”.

La anécdota sirve para ilustrar que ya desde entonces, en México la política era una actividad de estafadores, entendido esto en su sentido más básico y original, donde un estafador es aquel que busca hacer creer a sus víctimas en algo que no tiene existencia real. Durante mucho tiempo funcionó muy bien, tanto que resultó suficiente para convencernos a todos de que nuestra clase política estaba compuesta por una especie de illuminati, capaz de prever y controlar hasta “el batir de alas de una mariposa en Pekín”. De entonces viene una expresión que hasta hoy es de lo más común y nadie discute: en política no hay coincidencias.

¡Ja!

De 1976 a la fecha algo de agua ha corrido por el río, al menos la suficiente para que esa premisa gnóstica sobre nuestros políticos cayera derrumbada por ellos mismos, al despojarse de todo intento por simular su verdadera naturaleza de chambistas, exhibiéndose como incapaces frente a la incertidumbre futura tal como usted, yo y cualquier otro la padece.

El truco es que no hay truco, dijera el clásico.

Cada vez es más difícil engañar a alguien ya no dijéramos a todo un país, de ahí que pregunto (la pregunta no es retórica, es en serio) ¿es creíble el discurso del nuevo gobierno sobre su honestidad a toda prueba y su voluntad para atacar la corrupción, cuando por todos los medios el expresidente Enrique Peña Nieto se pavonea en el extranjero acompañado por descomunales güerotas, departiendo en la mesa con Julio Iglesias y en general dándose la gran vida? Hacer esa pregunta es el motivo de este artículo y ya se cumplió. Sea cual sea su respuesta, vale la pena vaya a Google y busque Son incompatibles empresarios priístas y periodismo independiente: Armando Ayala. Revista Proceso 9 marzo 1985. Eso sí, hágalo bajo su cuenta y riesgo, porque como ya todos sabemos Proceso es ahora periodismo traidor y fifí.