La semana pasada se colapsó una cimbra en el acceso de un Hotel en Humaya resultando la muerte de 5 trabajadores de los cuales se omitió el respeto pleno a la dignidad humana y sus derechos laborales que la ley federal del trabajo estipula, finalmente se desplomó algo que no debió haberlo hecho, la respuesta inmediata de la autoridad, en este caso el presidente municipal de Culiacán declaró que la obra no contaba con su debido permiso, su defensa denuncia su propia falta, que podíamos esperar de un funcionario que ha infringido la ley redundantemente, como lo hizo anteriormente sin licitar el par vial, desacatando consejeros y ciudadanía.
El accidente y la autoridad rebelan en su acto, que la ejecución de la obra privada y la aplicación de leyes y reglamentos de la construcción llevan trayectorias paralelas alejadas una de la otra, ¿Ha construido usted en su propiedad algo sin permiso? ¿Está libre de culpa? Entonces lance la primera piedra pues La realidad es que la cifra de las obras sin permiso podría rondar al 85% de lo construido, la autoconstrucción en Culiacán es una realidad pues el 16.39% de la adquisición de vivienda nueva se realiza de este modo, así resulta un excelente negocio el evadir los trámites, primero evita la contratación de un profesional para planear y supervisar la solidificación del edificio, no todas las obras requieren de un director responsable, pero si todas necesitan permiso de construcción que hay que decirlo, este es muy accesible, pero súmele IMSS, INFONAVIT y otros, obtendrá un resultado costosamente abultado, además de las engorrosas negociaciones que muchas veces concluyen con la negación de dicho permiso, como consecuencia se convierte en la materia prima de la corrupción de los inspectores municipales, así lo opina generalizadamente quienes tienen su desempeño en la construcción en esta ciudad. La unidad de inspección y vigilancia quien es la encargada, es eficiente con sus descuentos clandestinos que al mismo tiempo alejan este ingreso de las arcas municipales, dicha unidad cuenta con muchísimas deficiencias entre ellas, que inspecciona muchas encomiendas del mismo ayuntamiento, aun así cuenta con la especialidad de inspectores del ramo de la construcción, pero dichos inspectores no tienen fincada su responsabilidad por un sector específico, de lo contrario; ¿Quién es el inspector responsable de este sector donde se encuentra la obra siniestrada? La unidad puede convertirse en una ruleta de un ratón loco atiborrando de cobros una misma obra, por fortuna no parece suceder esto, dicho organigrama administrativo ilegal está bien consolidado y ese si tiene palabra, entonces si no existe permiso ¿quién dirige la obra? O más bien; ¿Para qué se ocupa el Director Responsable de la Obra “DRO”? ¿Se ha preguntado usted para qué sirve un director de lo que sea? la respuesta es que se necesita para cualquier coordinación grupal, por lo cual necesita de “la persona más experimentada” en él convergen acuerdos y armonías del proceso, de tal manera, que el trabajo de todos los obreros simultáneamente en la obra se obtiene mayores resultados que la de cada obrero ejecutándose aisladamente en cualquier otro lugar, reitero que entonces se trata de un asunto de pericia, por eso es que lo accidentes no nacen, se hacen, la destreza entonces la evita, y por lo tanto el director la prevé y de ahí su responsabilidad, pero si no hay permiso, por ende menos habrá director, esto hace que los únicos responsables son el propietario y el ayuntamiento, y las consecuencias son las siguientes; al hacer estas obras construidas al margen de la legalidad terminan construyendo ciudad, y ya posteriormente se regularizan dejando una serie de defectos en la urbe, que a su vez termina promoviendo la impunidad y el desaliento para quienes desarrollan esta actividad profesional, tenemos en Culiacán reglamentos de construcción modernos desde la década de los 90, el del 2007 ya se puede hablar de un buen reglamento, alguien hizo bien su trabajo, pero es evidente que estos solo lo elaboran las autoridades, falta la participación social, ahí es donde se encuentran los desperfectos y los reclamos actuales, es solo unilateral, pero este obstáculo no debe dar como resultado una apuesta por la obscenidad y la desprofesionalización de la construcción, sería recurrir a lo peor de nuestro pasado, la anarquía y el capricho de particulares, es dolorosa la disciplina, todo el mundo y no lo digo genéricamente, hace una desgastante inversión en el permitir y supervisar la obra con legalidad, es la única manera hasta ahorita para aspirar a una ciudad , sociedad y convivencia, para ciudadanos de primera.
Agradezco la colaboración para la realización de este artículo a los arquitectos Ricardo Mendoza Anguiano y a Servando Pérez Ulloa.