ALGÚN DÍA DESTOS

La inundación ocurrida el 4 de julio en Texas no es una tragedia, puede ser algo peor: la demostración empírica que dé validez científica a la expresión “una manzana podrida te echa a perder toda la jaba”: Por todo lo que desde acá se alcanza a ver, pareciera que lo estamos manejando nosotros. Me refiero a nosotros, los mexicanos, y a que aquello es un desmadre.

La cobertura mediática ha sido buena, pero la narrativa ha estado mejor –hecha sin sobadas de lomo- y desde que inició, no han dejado suelta ninguna posible línea para investigar por qué tantos muertos. Esa es la verdadera tragedia, eso es lo que no debió suceder. Eso es lo que más nos vale no perder de vista nunca: la diferencia entre desastre natural y pendejada (natural también, si quieren).

Conforme ha fluido la información, se han ido llenando los huecos para cada una de las preguntas que nos hicimos los no familiarizados con el ecosistema tejano, en un proceso que nos lleva a una conclusión contraria a la que inicialmente teníamos la mayoría -la del desastre natural-, porque quién sabe en qué parte del camino se nos olvidó que los desastres naturales no existen, como se acaba de demostrar en Texas: todos los grandes sucesos naturales son necesarios y cumplen una función para que el mundo sea como es, como ha sido y como será. Lo del desastre es un invento nuestro porque siempre y en todas partes nos andamos atravesando, de ahí que cada que la madre naturaleza se tira un pedo nos pone una chinga en infraestructura y en vidas. No es que no nos quiera, es que le valemos madre. A través de toda nuestra historia como especie, sólo hemos logrado encontrar dos respuestas frente a los fenómenos naturales: correr como locos y escondernos bien. Se trata siempre de una estrategia de control de daños, porque con el mundo natural no te sientas a negociar: o te aclimatas o te aclichingas.

El corazón de la prevención es el tiempo, sin él son inútiles los albergues, refugios, escondites, etc. Mientras menos señales anticipadas ofrece un fenómeno, menos tiempo tenemos para correr al lugar donde estaremos a salvo ¡Tan tan! Es todo. No tenemos manera de enfrentar a la naturaleza. Esas narraciones épicas de hombrazos enfrentando mares furiosos, o de sobrevivientes en luchas contra bestias descomunales, son como la del boxeador que tras recibir una golpiza y ya para entrar en agonía, exclama en voz alta ¡Pero ya vieron cómo le dejé las manos!

Lo que falló en Tejas fue la prevención. Dije “lo que falló”, no dije “lo que faltó”. El territorio texano es enorme y muy variado en regiones climáticas, una de ellas forma parte del corredor de los tornados, mientras que en la de este caso las tormentas de rápida formación son comunes, así como los saldos trágicos: el último que se tiene registrado fue en 1987. Esta vez fue una tormenta de muy rápida formación que nadie previó, porque nadie vio nada, porque no había nada que ver, tan intensa que en 45 minutos vertió agua suficiente para que subiera 8 metros el nivel del río Guadalupe; ni modo de no decirlo: suena como a informe de Gertz Manero, pero si le agregamos que esa es precisamente la explicación que ofrecen las autoridades gringas, entonces esto ya es para que nos preocupemos todos… porque sí están diciendo la verdad. Efectivamente así ocurrió: La tormenta. El resto es otra historia.

Las tormentas de rápida formación son tan detectables como las de normal formación, porque son igualitas salvo que la primera cumple su ciclo de vida en mucho menos tiempo; aun así no son tan rápidas ni tan desmadrosas como los tornados. Aquí se reduce a dos sopas: la tormenta debió ser detectada a tiempo, o no fue detectada, porque no se nos olvide que es USA, ni modo que no tengan los fierros para poder hacerlo. Todo apunta a los protocolos porque eso de los 45 minutos que tardó en configurarse la tragedia, puede parecernos un lapso cuya fugacidad desarmaría cualquier intento por salir airosos, pero en verdad se trata de todo el tiempo del mundo ¿Se imagina usted cómo sería la historia si la alarma antisísmica de la CDMX tuviera 45 minutos de margen? Para no pelearnos déjenlo en 5 y de todas formas sigue siendo mucho margen. Recurro a los volcanes como ejemplo, porque en el caso de la tormenta de rápida formación en Texas, hay zonas a la vera del río Guadalupe donde la alerta llegó con tres horas de retraso y otras donde nunca llegó… o para no ser acusado de andar esparciendo afirmaciones temerarias, mejor diré que no lo ha hecho hasta el día de hoy, porque sí existe una razón para que ocurriera así y las autoridades texanas de manera pública lo han declarado y además lo han explicado muy bien: es una región muy grande con muchas comunidades aisladas, a veces sin telefonía celular o análoga, sin señales de televisión, inclusive sin energía eléctrica, etc. Es una buena razón para explicar lo ocurrido, pero ni lo justifica, ni lo disculpa: al listado de carencias debieron agregarle que a la autoridad correspondiente nadie la ha puesto al tanto de que existen las baterías y la radio de onda corta. Para terminar de redondear y concluir, al final anexo un enlace al sistema de alertas rápidas de tornados, vale la pena echarle un ojo, porque el tema de la siguiente entrega es que, con respecto al clima, este año nos está resultando muy afortunado. Pero lo vamos a echar a perder.

https://www.weather.gov/safety/tornado-ww

ALGÚN DÍA DESTOS

Qué feo fin de semana. A la ola violenta se agregó el calor, que pegó un apretón peor que un arancel de Trump. Estuvo de gacho pa´rriba y en el peor momento; fue un acto de ingratitud y de oportunismo.

De plano no se puede confiar en él.

Quién iba a pensar que el paro nos lo haría el Sanlunes, cuando con el pie ya casi en el estribo nos tiró con una lluvia tierna y breve, que seguramente era el círculo más exterior de una tormenta de buen calado, que se desplazó desde la sierra y nos pudo alcanzar con las puntitas de sus dedos. El asunto es que en lugar de vaporizar y empeorar las cosas, la noche pasó de ser objeto de nuestro desprecio a zapatito de oro dónde te pondré, porque pegó una refrescada…

No tenía mucho de pasada la medianoche cuando ¡Bolas! Se deja venir otra vez el agua pero más en serio, aunque manteniendo ese mismo carácter comedido –y raro- con que se han presentado este año. Esta de ahorita nunca alcanzó la categoría de aguacero, pero siempre estuvo por encima de la mojapendejos y duró alrededor de dos horas.

¡Qué sabrosa noche!

Si se fijaron, toda la mañana hubo nublados y se disiparon antes del mediodía porque para esa hora, otra vez ya estaba a todo el repinche sol y así estuvo hasta que oscureció y el calor dejó de caernos de arriba para llegarnos por abajo, por reacción del suelo al desprenderse de la radiación acumulada. Ambos procesos son paulatinos y durante buen rato coinciden y hacen sumatoria, por eso es tan ardua esa parte del día, así que no es poca cosa descansar la noche en la cama y sin estar lidiando con un enemigo más.

Son esas vueltas que da la vida y nos hacen recuperar la fe en el qué dirán.

Volviendo al asunto de que lo raro es pariente de lo feo, lo que va de esta temporada de lluvias más bien parece temporada de equipatas, sin dejar de mencionar lo temprano que se presentaron (casi un mes) y no, no necesariamente significa que la temporada vaya a ser buena; de todo lo que existe en la biósfera pocas cosas superan la complejidad de los fenómenos climáticos, a eso se refiere “el efecto mariposa” y en nuestro caso ya son por lo menos dos rarezas, y en lo referente a nuestra región las lluvias tempranas no suelen ser buena señal: lluvias en abril, manda los bueyes a dormir.

Se solía decir.

Otro elemento discordante es la ausencia de rayos, no los he escuchado y aun aceptando que ya casi califico para tapia, sería un “casi no” y lo mismo ha pasado con los vientos. De todos los componentes del clima, sin duda la lluvia es la gran favorita: gana en todas las encuestas de preferencia, de top of mind y de intención de voto. Dijera el clásico: tiene un no sé qué que qué sé yo. Es el único fenómeno natural ante el cual no podemos ser indiferentes y a la vez es el ingrediente principal para un sueño perfecto. Todos sabemos que a todos nos pega profundo y hay una razón para eso ¡Claro que la hay! El problema está en que la ciencia, la física cuántica para ser más específico, de manera sistemática se niega a abordar el problema partiendo del enunciado del DR J. L. Borges que afirma:

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

A mí no me la pegan: ahí aycompló.

¡Es la Economía!

La sociedad culichi está muy dolida por lo que está ocurriendo. Qué bueno; el dolor no es un problema, es un aviso de que tenemos un problema; de hecho tenemos más de un problema, pero el de ahorita es dinero. El de seguridad sin duda es importante, pero tengo mis dudas sobre la cantidad de gente que lo tenga como el principal de sus problemas, de hecho creo es el grupo de mayor crecimiento en este momento. Existen buenas razones para ello.

El lenguaje bélico opera muy bien en el mundo de las armas, pero el negocio del narcotráfico no es la guerra, su negocio es la droga: Las guerras son muy caras, hasta para los narcos. Eso no obliga a que “la  nuestra” concluya pronto. El fenómeno que tenemos encima no es una guerra, es un proceso sucesorio. Un mal proceso sucesorio, para ser más preciso: suelen ser largos, accidentados, caros y siempre acaban perdiendo todos. Perdón: acabamos. Lo que estamos viviendo es el fin de la pax narca y no es una buena noticia.

La “unidad” del crimen organizado sinaloense se rompió. Si para algo han servido todos estos aciagos días, es para dimensionar el verdadero tamaño de la ruptura: el entretejido de comunidades abarca Sinaloa por todo lo largo y todo lo ancho, para seguir y extenderse hasta los estados vecinos. Quién piense que concluyendo esto vamos a regresar a donde estábamos en agosto se equivoca doble: no habrá regreso y no se va a acabar. Habrá altibajos, pero el empeoramiento promedio va a subir más de una rayita. Nada volverá a ser igual por un hecho muy simple: “Unidad” es sinónimo de “control”. No se necesita una bola de cristal para ver lo que ya Shakespeare nos advirtió en su Rey Lear: no hay manera de legar un poder. Dicho en términos empresariales: los dos principales grupos de tenedores accionarios no fueron excepción, y se sumaron a la inmensa mayoría de empresas que desaparecen por no lograr superar bien su proceso de sucesión generacional.

Ver el problema desde una perspectiva de “negocios”, sirve para entender mejor sus expresiones a nivel banqueta en una ciudad donde más de la mitad de su población económicamente activa se desempeña en la informalidad, ese es un factor determinante que siempre lo hemos pasado por alto, hasta volverlo costumbre, y hoy estamos pagando las consecuencias: este año, después de las vacaciones de Semana Santa la economía local ya no “levantó” tanto como solía hacerlo, es decir que “el piojillo” se nos instaló desde mayo y aquí sigue. Por los motivos que usted quiera, ya son cinco meses de depresión económica con el plus de una inflación desacostumbrada y de una vez súmenle octubre, porque en el mejor de los casos no va a resultar “bueno”. En lo económico es medio año valiendo madre, quien piense que lo que ya estamos viviendo es difícil de empeorar, nada más espérese tantito.

La insistencia de Gobierno del Estado por reiniciar clases presenciales, no es una medida que apunta a lo educativo sino a lo económico; la vida de las ciudades depende mucho del “mercado interno” que surge del círculo virtuoso entre movilidad y consumo: los que viven en el sur tienen su empleo en el norte, los que viven al oriente van a estudiar al poniente… ese ir y venir como ratón loco hace que el dinero circule, además es un signo sobre la naturaleza profunda de una ciudad, como lo estamos viendo aquí en Culiacán: el motor principal de su movilidad está en su masa estudiantil, muy por encima del impulso que le da su masa laboral. El gobierno busca anticiparse a lo inevitable y hace bien, porque lo sabe bien: hay algunos impuestos, pagos de derechos, etc. Que le producen diariamente un flujo de liquidez, el cual no debe ser muy bueno ahorita, se los puedo asegurar.

Una guerra no beneficia a nadie, pero sí perjudica a todos. Seguiremos con el tema en la próxima entrega.